‘Mulán’ llega a China cargada de polémica por su relación con las autoridades de Xinjiang

Propaganda supremacista y colaboración con autoridades represivas acusadas de violación de derechos humanos: estas son las polémicas que envuelven a 'Mulán'.

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10 de septiembre de 2020

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  • Mulán llega a las salas de cine una semana después de su estreno en Disney+. Es decir, a las salas de China, uno de los pocos mercados cinematográficos donde la película de Niki Caro, una reinterpretación en acción real del clásico de animación de Disney basado en la leyenda china de Hua Mulan, podrá verse en pantalla grande.

    Más allá de la controversia que ha generado la estrategia de lanzamiento de la película por parte de Disney –priorizando el acceso premium a través de su plataforma de streaming en vez de en los cines como reacción al cierre de salas y limitada afluencia de público por la pandemia– Mulán llega a los cines de China envuelta en otras polémicas de importante calado político.

    El verano pasado comenzaron a escucharse llamadas al boicot de Mulán después de que su protagonista, la actriz de origen chino Liu Yifei, se posicionara a favor de la actuación policial de las fuerzas de seguridad de Hong Kong durante su brutal represión de las protestas que surgieron ante la promulgación de una ley para juzgar a los presos locales en China.

    Los hongkoneses consideraban que la ley suponía una pérdida flagrante de autonomía dentro de la estrategia imperialista de China, por lo que se lanzaron a la calle sufriendo una dura represión policial amparada por la severa ley de seguridad expedida por el gobierno chino.

    Ante las imágenes de manifestantes golpeados, Liu Yifei escribió: “Apoyo a la policía de Hong Kong, podéis venir a por mí”. Meses después hubo tiempo de que los consejeros de relaciones públicas la llevaran a matizar sus palabras, pero la asociación de ideas ya quedó hecha.

    No obstante, a Disney tampoco le preocupara demasiado el asunto. Al fin y al cabo, se trataba del posicionamiento personal de la actriz y, hay que ver qué cosas, era de clara adhesión gubernamental. Los intereses económicos de la compañía pasan por mantener contentas a las autoridades chinas, así que en este caso no había excesivo problema.

    Sin embargo, la tormenta internacional a la que enfrenta ahora Mulán es diferente y afecta de lleno a la imagen de la compañía.

     

    Qué bien lo pasamos en Xinjiang

    Quienes ya han visto Mulán a través de Disney+ han detectado en sus créditos finales un mensaje perturbador. Disney expresa su agradecimiento a las autoridades gubernamentales de la región de Xianjing (tradicionalmente conocida en español como Sinkiang), donde se rodó parte de la película.

    En esa región al noroeste del país también es donde vive la minoría musulmana uigur que se encuentra duramente reprimida por el gobierno de Beijing en campos de reeducación desde hace años. Una situación de violación de los derechos humanos que ya era ampliamente conocida cuando se rodó Mulán.

    Entre las autoridades agradecidas específicamente en la película están el Departamento de Propaganda de Xianjing y las fuerzas de seguridad de la ciudad de Turpan.

    Precisamente, la localidad donde existe una mayor población uigur y cuyos agentes, al parecer, controlarían el funcionamiento de los campos de reeducación. Los indicios fueron suficientes para que el Departamento de Comercio de EE UU prohibiera a empresas estadounidenses comerciar con esa y otras agencias de seguridad chinas, recogió The New York Times.

    En 2018, el Departamento de Defensa de EE UU expresó su alerta ante la situación con unos informes que estimaban que afectaba a cerca de tres millones de ciudadanos de diversas etnias, principalmente uigures, pero también kazajos y kirguises.

    Disney estuvo operando en la región ese mismo año, según publica The Guardian. Fue un año de especial endurecimiento de las condiciones de vigilancia a las que somete Beijinga la población uigur, recrudecidas tras la llegada como autoridad local de Chen Quanguo, secretario del ala más dura del Partido Comunista Chino.

    Según los presenta Beijing, estos campamentos son centros de formación profesional destinados a combatir el fanatismo religioso y el terrorismo islamista, cuya actividad ha dejado atentados con decenas de muertos en la región. Sin embargo, varios testimonios hablan de detenciones aleatorias, abusos, adoctrinamiento y torturas.

    Si bien las autoridades chinas siguen defendiendo la legalidad de dichas instalaciones y su funcionamiento, las imágenes y testimonios que llegan desde ellos indican lo contrario.

    El trato del gobierno chino hacia los musulmanes uigur de Xianjing ha sido comparado con prácticas de genocidio y esterilización forzosa de la población. El senador estadounidense Josh Hawley ha acusado públicamente a Disney de blanquear un genocidio con su aquiescencia.

     

    ‘Mulán’ y la propaganda supremacista

    Otro de los cuestionamientos de Mulán precisamente tiene que ver con su adhesión a la propaganda de supremacismo de la etnia han que mantiene el Partido Comunista Chino. Este grupo étnico es el mayoritario en el país y su gobierno autocrático, que instaura el control han en regiones donde hay fuerte presencia de minorías como los uigures o los kazajos.

    Según algunas voces, la apariencia del villano mongol de Mulán, Bori Khan (que toma el relevo de Shan Yu respecto a la película animada), remite a estereotipos de caracterización aplicados a los musulmanes (piel oscura, turbantes), lo que engarzaría con la línea de propaganda de Beijing.

    Una vez más, ese detalle delataría la predisposición de Disney a mantenerse en sintonía con todo lo que reclame el gobierno chino para aceptar la presencia de la película en sus salas de cine. Las modificaciones en el contenido de grandes superproducciones de Hollywood con aspiraciones en el ultraprotegido (pero enorme y suculento) mercado del país asiático se han convertido en la norma.

    Parece que Mulán, una inversión de 200 millones de dólares que mira más que nunca a ese mercado, ha seguido todas las líneas marcadas para no importunar al gobierno chino, pero dejando por el camino un reguero de hipocresía y decisiones cuestionables que el público internacional no ha tardado en criticar.

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