[Muestra de Cine de Lanzarote 2019] ‘Present. Perfect.’: Mamá quiero ser youtuber

La cineasta Shengze Zhu ganó el Tiger Award a la mejor película en la última edición del festival de Rotterdam con este documental construido a partir de emisiones en streaming.

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28 de noviembre de 2019

Antes que nada, conviene aclarar la intencionada, equívoca y hasta si quieren artera utilización del término youtuber. Un youtuber es alguien que graba y edita videos que, posteriormente, sube al popular canal de internet y que pueden ser vistos no importa cuando. Las personas que aparecen en Present.Perfect. (Shengze Zhu, 2019) no forman parte de este colectivo -al que hemos convocado en el titular con el único objetivo de aproximar al lector a un fenómeno que quizá le es menos familiar- sino de otro de características similares surgido al calor de la aparición del streaming. Nos referimos a los anfitriones, aquellas personas que emiten contenidos en riguroso directo -contenidos, por lo tanto, no editados- y cuya vida se extingue en el momento en el que finaliza la transmisión.

La realizadora china nos entrega aquí una película no tanto de metraje encontrado como de metraje buscado, puesto que todas las imágenes que componen su tercer largometraje han sido registradas por ella misma mientras se emitían y luego ordenadas en la mesa de montaje. Así pues, nos hallamos ante un artefacto que reivindica la figura del editor como cineasta, como el demiurgo que organiza el caudal de clips que atesta la red de redes.

A Zhu hay que reconocerle, por un lado, su intuición. Su propuesta, vistos los resultados, se convierte en un mapeo de la contemporaneidad que muestra la relación que el ser humano establece con las imágenes tras la irrupción no ya de internet sino de la banda ancha que permite el intercambio de archivos de vídeo y de los social media. Por otro lado, no hay que restarle méritos a su perseverancia: la labor de seguimiento y registro de todos los anfitriones seleccionados -y de los que habrá descartado y han quedado fuera del final cut: tenía 800 horas de material– requiere una paciencia infinita. Y, por último, pero no por ello menos importante, hay que valorar en su justa medida el carácter metódico de este largometraje que hace de su estructura su razón de ser.

Present.Perfect. está dividido en cuatro capítulos que, libremente, hemos decidido bautizar como a) trabajos: en el que se observa el desarrollo de distintas tareas o se ven diferentes centros laborales; b) personas: en el que se nos introduce en el universo de los anfitriones y vemos su proceder; c) profundidad: en el que del catálogo anterior de sujetos se selecciona a unos cuantos y se ahonda en sus emisiones; d) relaciones: en el que se nos muestra como interactúan entre ellos (sin traicionar jamás la emisión en streaming).

 

De este modo, Zhu derrama sobre la pantalla una serie de reflexiones que conviene no pasar por alto. La primera pasaría por desterrar el desprecio analítico que este tipo de prácticas -y de imágenes- suele generar. De hecho, un examen formal y temático de las mismas nos permite identificar una serie de constantes que quizá nos ayuden a comprender mejor la actualidad. La presencia de los bustos en el primer plano de la imagen no es sino el reflejo de un bizarro narcicismo que surge de una urgente necesidad de aprobación por parte de ‘los otros’.

Algunos de los anfitriones elegidos por la cineasta radicada en Chicago tienen defectos físicos -quemaduras, malformaciones, alteraciones genéticas- otros son, simplemente, peculiares, pero su manera de conducirse no dista mucho de la que se puede observar en casi cualquier cuenta de Instagram: la búsqueda del like como símbolo de aceptación. Si la esfera virtual se emplea como herramienta para incrementar un bajo nivel de autoestima a partir de la creación de una red de relaciones líquidas -en las que no hay conocimiento físico del otro y la interacción se reduce a unos cuantos tópicos – aquí también se nos revela como el instrumento que utilizan seres apartados por la sociedad para encontrar compañía, para estar menos solos, un valor que no convendría menospreciar.

Si uno atiende al segundo plano de profundidad de todo este río de imágenes o presta atención al primer bloque (trabajo), también descubrirá que la ganadora del premio Tiger a la mejor película del Festival de Rotterdam de 2019 describe el contexto laboral y económico del gigante chino, invadido por un capitalismo atroz que cristaliza tanto en la imperiosa necesidad que sienten buena parte de los anfitriones por monetizar sus apariciones y hacerse ricos a partir de su propia exposición pública, como en la precariedad laboral que se sobreentiende observando los trabajos a los que se dedican o los entornos en los que los desarrollan (todo eso por no hablar de la combinación de espacios en estado de ruina y el levantamiento de grandes construcciones, reflejo de un sistema en el que la opulencia de unos pocos es sustentada por la miseria de otros muchos: no es casual que la penúltima secuencia de la película este dedicada al comportamiento de las cucarachas).

Aunque en alguna de sus fases puede parecer repetitiva -¿acaso no es igualmente monótona y solitaria la vida de los seres que muestra?- la película de Shengze Zhu vista en la Muestra de Cine de Lanzarote se nos aparece como un certero diagnóstico del presente.

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