[Muestra de cine de Lanzarote]: ‘★’ , historia celestial del cine

Así es esta película de películas compuesta por la sucesión cronológica de (casi) todas las imágenes que el cine ha dedicado al cielo estrellado

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28 de noviembre de 2018

La ópera prima de Johann Lurf se me revela como una adenda a Imágenes del silencio, el insoslayable volumen que Jordi Balló dedicó a los motivos visuales que, conjugados de mil formas diferentes, se repiten a lo largo de la historia del cine. Después de untitánico trabajo de compilación que le ha llevado más de ocho años, el director austríaco ha armado una película de películas compuesta por la sucesión cronológica de (casi) todas las imágenes que el cine ha dedicado al cielo estrellado.

La operación de Lurf parte de un riguroso tratamiento de las imágenes ajenas y de un respeto al concepto de partida que roza lo reverencial: solo vemos la bóveda celeste (no habrá naves espaciales, ni árboles ni horizontes que la contaminen) y no hay manipulación alguna de esos fragmentos; esto es, no se interviene sobre el formato, ni sobre el sonido, ni sobre la duración, ni se integran subtítulos que traduzcan los 17 idiomas que se escuchan a lo largo de los 99 minutos de este filme inacabado. Así pues, Lurf no altera el orden cronológico ni juega con la banda de sonido, tampoco busca crear un ritmo con el montaje puesto el tiempo de cada imagen en la pantalla es idéntico al tiempo que ocupaban en el largometraje original. Me explico: hay secuencias de dos minutos pertenecientes a una misma película y una suerte de scratchings en los que imagen y sonido se entrecortan provocando curiosos efectos; esto es así porque el cineasta ha borrado los fotogramas en los que otros objetos se interponían entre el ojo del espectador y la contemplación límpida de los astros (es lo que sucede con los créditos de Star Wars, por ejemplo).

Estamos ante un ensayo fílmico que asume el riesgo de lidiar con audiencias dispuestas a entregar las armas del pensamiento y organizarse la agenda semanal a los cinco minutos de proyección. Esa es la salida fácil. La otra pasa por meditar con y sobre la obra. Y ahí, a poco que uno quiera buscar, se encuentra oro. En primer lugar, nos topamos con una concepción occidental y eurocéntrica de la historia el cine. Apenas hay imágenes procedentes de países africanos, o del oriente medio, y predominan las producciones norteamericanas, europeas y, en tercer lugar, asiáticas. De sus títulos de crédito puede extraerse no poca información. Por ejemplo: el limitado acceso al cine de los países emergentes/tercer mundo/en vías de desarrollo o los problemas de conservación -y por tanto de difusión- de materiales antiguos: Lurf solo ha incluido imágenes originales o restauradas en HD, en 2K o 4K, que respetaran lo máximo posible las condiciones de calidad en que esas películas se proyectaron para no generar choques retinales entre, por ejemplo, los fotogramas de Rève à la lune (Gaston Vellé y Ferdinand Zecca, 1905) y de Valerian y la ciudad de los mil planetas (Luc Besson, 2017).

Además de las múltiples lecturas de carácter historiográfico que la película plantea, también nos invita abrir la vía del análisis semiótico puesto, en síntesis, siempre estamos viendo la misma imagen (puntos blancos sobre un fondo negro). Esta yuxtaposición de retazos nos permite descomponer los elementos que conforman el arte cinematográfico y estudiar cómo funciona la representación. Los saltos, a veces bruscos, a veces orgánicos, de una imagen a otra ponen en marcha los engranajes del pensamiento para desentrañar como el tratamiento de la banda de sonido, la irrupción de diálogos, el uso del color, el movimiento, el desenfoque o el género, modifican un motivo que es, esencialmente, el mismo. Nombrada con un símbolo que define su carácter de multipropiedad, la universalidad de esta obra que seguirá completándose mientras el cine siga mirando al cielo, la convierte en un ejercicio reflexivo de primer orden en el que algunos no tomarán parte pretextando aburrimiento o señalando que, para ver estrellas, solo tienen que levantar los ojos (un secreto: solo el uno por ciento de los astros que se ven en la película son reales. Piensen, también, en eso).

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