Muere el actor Michel Piccoli a los 94 años

Trabajó con Buñuel ('Belle de jour'), Godard ('El desprecio'), Rivette ('La bella mentirosa'), Berlanga ('Tamaño natural') y en más obras capitales del cine francés.

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18 de mayo de 2020

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  • Ha muerto Michel Piccoli, uno de los rostros más legendarios del cine francés reciente, según confirma el diario Le Figaro. El actor, de 94 años, mantuvo una prolífica carrera en la gran pantalla desde finales de los años 40.

    Protagonizó Belle de jour (1967) junto a Catherine Deneuve, El desprecio (1963) con Brigitte Bardot y una gran cantidad de obras maestras de cineastas como Luis Buñuel, Jean-Luc Godard Jacques Rivette.

    La filmografía de Michel Piccoli discurre en paralelo a la historia del cine francés de las últimas siete décadas. French Cancan, de Jean Renoir (1955), fue una de sus primeras películas importantes; desde entonces, a lo largo de más de 230 títulos, ha estado presente como figura de referencia en todas las transformaciones de la cinematografía gala. Igual que Catherine Deneuve, su compañera en Belle de jour, Michel Piccoli ha llegado a encarnar la historia del cine francés en su propia figura.

    La muerte en este jardín (1956) marcó el inicio de una prolífica relación de colaboraciones con Luis Buñuel. Durante las dos décadas siguientes trabajaría en seis películas más del cineasta aragonés: Diario de una doncella (1964), Belle de jour (1967), La vía láctea (1969), El discreto encanto de la burguesía (1972), El fantasma de la libertad (1974) y Ese oscuro objeto del deseo (1977). En 2006, Manoel de Oliveira lo convocó para retomar su papel buñueliano de Henri Husson en la secuela Belle toujours (2006), pero en esa ocasión frente a Bulle Ogier en vez de Deneuve (con quien sí había protagonizado la oliveiriana Vuelvo a casa, 2001).

    Los años 60 fueron la década de mayor apogeo para Piccoli. Ahí trabajó con Jean-Pierre Melville (El confidente, 1962), con René Clément (El día y la hora, 1963; ¿Arde París?, 1966), con Jean-Luc Godard (El desprecio, 1963), con Anna Karina en De l’amour (Jean Aurel, 1964), con Costa-Gavras (Los raíles del crimen, 1965; Sobra un hombre, 1967), con Alain Resnais (La guerra ha terminado, 1966), con Roger Vadim (El engaño, 1966), con Angès Varda (Las criaturas, 1966), con Jacques Demy (Las señoritas de Rochefort, 1967), con Henri-Georges Clouzot (La prisionera, 1968)…

    Básicamente, todo director importante del momento dejó huella en la filmografía de Michel Piccoli. Ya fuera Mario Bava (Diabolik, 1968) o Alfred Hitchcock (Topaz, 1969). Eso sí, para disfrutar de un Piccoli gourmet de esa época recomendamos una delicatessen: Dillinger ha muerto, de Marco Ferreri (1969).

    Con Ferreri volvería a colaborar en varias ocasiones: La audiencia (1972), Liza (1972), No tocar a la mujer blanca (1974), La última mujer (1976) y Los negros también comen (1988); ninguna tan memorable como la inenarrable orgía gástrica de La gran comilona (1973), con guion de Rafael Azcona. Como también lo tenía su primera película con Luis García Berlanga, siendo el protagonista de Tamaño natural (1974); bastantes años después volverían a coincidir en la testamental París Tombuctú (1999).

    En las décadas siguientes, Michel Piccoli formó numerosas nuevas alianzas creativas. Volvió a trabajar con Godard (Pasión, 1982), con Demy (Una habitación en la ciudad, 1982) y con Varda (Las cien y una noches, 1995), fue a Hollywood con Louis Malle en Atlantic City (1980) e hizo un díptico con Claude Lelouch: Viva la vida (1984) y Partir, revenir (1985).

    Con Salto en el vacío (1980), de Marco Bellocchio, ganó el premio de mejor interpretación en el Festival de Cannes; unos pocos años después, con Une étrange affaire (Pierre Granier-Deferre, 1981), obtendría el Oso de Plata del Festival de Berlín. Sin embargo, el César de mejor actor se le resistió: estuvo nominado en cuatro ocasiones pero ninguna se concretó en estatuilla.

    En los últimos años, quizás desde que Leos Carax lo reclutó en Mala sangre (1986), Piccoli abrazó su condición de icono histórico andante permitiéndose papeles llamativos y formidables. Por ejemplo, para Raúl Ruiz en Genealogías de un crimen (1997) o para Bertrand Bonello en De la guerre (2008).

    Por mucho que volviera a Carax (Holy Motors, 2012) o Resnais (Vous n’avez encore rien vu, 2012), o que Nanni Moretti le endosara un báculo en Habemus Papam (2011), sus últimas grandes actuaciones permanecerán en la memoria como dos trabajos con Jacques Rivette: La duquesa de Langeais (2007) y, sobre todo, La bella mentirosa (1991), donde su duelo interpretativo con el cuerpo desnudo de Emmanuelle Béart remitía tanto a papeles del pasado con Deneuve y Bardot como al implacable efecto cosificador del paso del tiempo y la mirada artística.

    Michel Piccoli, un genio cínico y atormentado en el mejor cine de los últimos 60 años

    Fue uno de los más inmensos e irrepetibles actores de la historia, que brilló con los más grandes: de Buñuel a Godard, pasando por Berlanga, Ferreri, Sautet y Hitchcock.