Muere el compositor Ennio Morricone a los 91 años

El italiano se convirtió en uno de los compositores más importantes del cine gracias a sus BSO para 'El bueno, el feo y el malo', 'La misión' y 'Los odiosos ocho', entre otras.

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06 de julio de 2020

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  • El célebre compositor italiano Ennio Morricone ha fallecido esta noche a los 91 años en Roma, la ciudad que le vio nacer en 1928. Según informa el Corriere della Sera, su muerte se ha debido a las secuelas de una caída que sufrió hace varios días y en la que se rompió el fémur.  Con más de 500 trabajos para cine y televisión, Ennio Morricone era un inseparable del spaghetti western. Legendarias son sus colaboraciones en dicho terreno con Sergio Leone, en películas como El bueno, el feo y el malo Hasta que llegó su hora. 

    Hijo del músico Mario Morricone, el futuro compositor ingresó a los 12 años en la Academia Nacional de Santa Cecilia, institución musical italiana donde aprendió a tocar la trompeta, además de armonía y composición. Tras diplomarse en 1946, pasada la II Guerra Mundial, Morricone alternó la composición de piezas académicas con sus primeros trabajos para teatro y cine, además de con trabajos como músico de jazz y como arreglista para canciones pop. En 1961, tras varios trabajos sin acreditar o firmados con seudónimo, Morricone debutó formalmente como compositor de cine en El federal, de Luciano Salce. 

    Para Morricone, la década de los 60 fue triunfal. Sus partituras de la época podían ser tan intrincadas como las que lanzó al frente del Gruppo di Compositori Nuova Consonanza, taller de músicos vanguardistas en el que ingresó en 1964, o tan accesibles como Se telefonando, el megahit que escribió para la cantante Mina en 1966 y que se convirtió en uno de los temas insignia del pop italiano.

    Para colmo, también en el 64, aceptó la oferta para escribir la BSO de Por un puñado de dólares, western de bajo presupuesto rodado en Almería por un tal Sergio Leone con Clint Eastwood de protagonista. La escasa confianza de Morricone en este trabajo le llevó a firmarlo como ‘Dan Savio’, uno de sus viejos seudónimos, pero, a la postre, no solo marcaría el resto de su carrera, sino la historia de la música de cine en general.

    Elaboradas en estrecha colaboración con el cineasta, las bandas sonoras de Morricone para Leone fueron haciéndose cada vez más atrevidas y lujosas, llegando a su posible culmen con El bueno, el feo y el malo (1966), Hasta que llegó su hora (1968) y la postrera Érase una vez en América, ya en 1984. Durante toda esta época, el número de películas que contaban con Morricone como compositor aumentó de forma exponencial. Durante esta época, además, comenzó su colaboración con intérpretes como la soprando Edda Dell’Orso y el guitarrista Alessandro Alessandroni, su amigo de infancia, cuyas aportaciones se volverían inseparables de su estilo.

    Así, además de para otros clásicos del spaghetti western firmados por Sergio Corbucci (El gran silencio, Los compañeros), su nombre se vio también en los créditos de películas firmadas por Pier Paolo Pasolini (Pajaritos y pajarracos, El decamerón, Saló o los 120 días de Sodoma), Dario Argento (El pájaro de las plumas de cristal, El gato de 9 colas, 4 moscas sobre terciopelo gris), Lucio Fulci (Una lagartija con piel de mujer), Elio Petri (La clase obrera va al paraíso), Gillo Pontecorvo (La batalla de Argel, Queimada) y muchos otros, sin distinguir entre el giallo o el poliziottesco de serie B y las obras de cineastas prestigiosos como Bernardo Bertolucci. En 1978, la BSO de Días del cielo (Terrence Malick) le granjeó la primera de sus cinco nominaciones al Oscar.

    Durante los 60, además, un Ennio Morricone ya intocable en el cine europeo comenzó a trabajar en Hollywood. Su primer trabajo para la industria de EE UU, aunque sin acreditar, fue en  La Biblia… en su principio, de John Huston, al que siguió Dos mulas y una mujer, película de Don Siegel protagonizada por Shirley MacLaine y su viejo conocido Clint Eastwood. Sin embargo, su faceta hollywoodiense no llegaría a cuajar hasta los 80, década en la que ganó aclamación internacional por las partituras de La misión (1986) y Los intocables de Elliott Ness (1987), ambas candidatas a los Premios de la Academia.

    Sin embargo, Morricone nunca llegó a ser adoptado del todo por el cine estadounidense, algo que él achacó a veces a su negativa a mudarse de Roma a Los Ángeles. El compositor solo se vería con una estatuilla en las manos llegado 2016, por su trabajo para Quentin Tarantino en Los odiosos ocho, después de haber recibido la estatuilla honorífica de la Academia en 2007 tras haber sido nominado en cinco ocasiones sin conseguir premio. Poca falta le hacía, eso sí, si trabajos como Cinema Paradiso (1988) seguían produciendo melodías inolvidables.

    Incansable autor de partituras para cine y TV, Morricone también trabajó para directores españoles como Pedro Almodóvar, para quien firmó la BSO de ¡Átame! en 1989.

    El pasado mes, Morricone recibía el premio Princesa de Asturias de las Artes 2020 junto al compositor John Williams.

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