Muere Christopher Lee, príncipe de las tinieblas

El hombre que fue Saruman, Dracula y el Conde Dooku falleció el domingo en Londres a los 93 años.

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11 de junio de 2015

Parecía inmortal, pero al final resultó ser eterno: Sir Christopher Lee, el actor que fue Saruman, el Conde Dooku, la Criatura de Frankenstein y, sobre todo, Drácula, falleció el domingo 7 de junio a los 93 años de edad en un hospital de Chelsea (Londres) a consecuencia de un fallo cardiorespiratorio. Según informa The Guardiansu viuda no ha querido hacer público el fallecimiento hasta hoy para mantener en privado el duelo de su familia.

Nacido en 1922, en la muy exclusiva zona londinense de Belgravia, Christopher Lee era hijo de un militar de alto rango y una condesa italiana entre cuyos ancestros se contaba el emperador Carlomagno. Tras el divorcio de sus padres, vivió su infancia y su adolescencia en escuelas de alto copete (incluyendo Eton, el centro educativo por antonomasia para la aristocracia británica) y alternando con la alta sociedad: eso le permitió cultivar amistades como la de Ian Fleming, el futuro creador de James Bond, de quien era pariente político. En 1939, el futuro astro del terror combatió como voluntario en la Guerra de Invierno entre Finlandia y la URSS, alistándose después en el ejército del Reino Unido durante la II Guerra Mundial. Como oficial de Inteligencia, Lee vivió el conflicto en primera línea como miembro del SAS, la unidad de élite de la inteligencia británica: con cierta picardía, siempre explicó que tenía prohibido hablar de sus hechos de armas durante la contienda, aunque se sabe que participó en batallas tan cruentas como el asedio de Montecasino.

Llegada ya la paz, y habiendo decidido no proseguir con su carrera militar, Lee se hizo un hueco en el cine y el teatro desde abajo: tras haber hecho de extra en el Hamlet de Laurence Olivier (1948), tuvo papeles secundarios en filmes como El hidalgo de los mares (junto a Gregory Peck), Quo Vadis, El temible burlón (con Burt Lancaster) y el Moulin Rouge de John Huston. No fue hasta 1957 cuando pasó a trabajar con la productora Hammer Film, de la que sería el rostro más reconocible: en La maldición de Frankenstein (1957) formó un trío demoledor junto al director Terence Fisher y su amigo Peter Cushing, con quienes rodaría al año siguiente Drácula, la película que le convertiría para los restos en uno de los intérpretes más memorables del conde transilvano, sólo superado (tal vez) por el mismísimo Bela Lugosi.

Lee pasó las siguientes décadas vistiendo con alarmante regularidad la capa de Drácula, al que encarnó en más de 20 filmes (entre ellos, El conde Drácula, de nuestro añorado Jess Franco), pero también participando en otra multitud de películas, muchas de ellas de fantasía, terror o acción. En 1965, por ejemplo, interpretó por primera vez a otro de sus personajes icónicos en El regreso de Fu-Manchú, mientras que en 1973 ejerció como villano en El hombre de mimbre, un inclasificable filme que siempre consideró como su mejor trabajo. Entre sus papeles destacables de esta época también figura el conde de Rochefort, eterno enemigo de D’Artagnan, al que dio vida en Los tres mosqueteros Los cuatro mosqueteros, el díptico de Richard Lester sobre las novelas de Alejandro Dumas. Sin olvidar, por supuesto, su intervención como Francisco Scaramanga, el villano bondiano que se enfrentaba a Roger Moore en El hombre de la pistola de oro.

Durante los 80 y los 90, Lee experimentó el mismo declive profesional de muchos de sus compañeros: las producciones de tronío le dieron la espalda, y se vio trabajando a destajo en múltiples películas de serie B. Aun así, esta época también le dio satisfacciones: gran aficionado a la literatura fantástica, prestó su cavernosa voz de bajo-barítono a la Muerte del Mundodisco creado por Terry Pratchett en varias producciones de imagen real y animación. También hubo de gozar de un merecido rescate en las precuelas de Star Wars, interpretando a un villano con el muy referencial nombre de Conde Dooku. Pero su auténtica resurrección para las jóvenes generaciones llegó en 2001, con El Señor de los anillos: Lee, que había conocido en la vida real a J. R. R. Tolkien y era un voraz lector de sus novelas sobre la Tierra Media, disfrutó como un enano interpretando al maquiavélico mago Saruman.

Durante su larga vida, Christopher Lee tuvo tiempo para casi todo: charlar con personajes históricos, vivir un longevísimo matrimonio de 55 años, escribir libros, conocer los horrores de la guerra de primera mano, grabar discos de heavy metal y, de paso, dejar una huella perdurable en el cine. En 2001, él mismo resumía su carrera diciendo que había sido “divertidísima”. Tanta paz lleve como sustos memorables nos ha dado. Es decir, toda la del mundo.

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