Míralas fijamente: 11 películas que te hipnotizan

Aprovechamos el estreno de 'Regresión' para sumirnos en un trance con estos filmes muy, muy sugestivos.

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02 de octubre de 2015

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  • Relájate… Déjate llevar… No dejes de mirarnos, y recuerda: hoy se estrena Regresiónla nueva película de Alejandro Amenábar en la que Emma Watson (que ya es fascinante de por sí) se ve envuelta en una turbia trama de abusos sexuales, recuerdos reprimidos… e hipnosis, llevada a cabo nada menos que por David Thewlis, el profesor Lupin de Harry Potter. Ahora, escúchanos atentamente: mientras dure la lectura de este reportaje, olvidarás que en la vida real la hipnosis es un fenómeno bien conocido (aunque nunca explicado del todo) cuyos síntomas son la relajación y la sensibilidad a las sugestiones. A partir de ahora, para ti sólo existirá la hipnosis de cine, ese fenómeno que sólo obedece a una ley: la del dramatismo, la risa o el horror, según le convenga a la historia. ¿Has entendido? Muy bien: vamos a empezar. Descubrirás estas 11 películas en tres, dos, uno…

    El gabinete del Doctor Caligari (R. Wiene, 1920)

    El hipnotizador: El doctor de marras (Werner Krauss), un mago de feria con siniestras intenciones. Según dicen, el guionista Carl Mayer se inspiró para su creación en cierto joven político, cuya popularidad ascendía entonces como la espuma. Su nombre era Adolf Hitler.

    El hipnotizado: Cesare, un medium encarnado por el gran Conrad Veidt. Los góticos de todo el mundo (y los personajes de Tim Burton) llevan copiándole el look desde hace no se sabe cuándo.

    La sesión: El gabinete… no es la primera película sobre hipnosis de la historia (ese mérito le correspondería a Chez le magnétiseur, de la pionera directora Alice Guy), pero sí uno de los mejores filmes de terror de todos los tiempos. Su premisa, con un villano que se vale del mesmerismo para obligar a un inocente a cometer crímenes, tocaba la fibra del público de entonces tanto como del de ahora, y su estética expresionista puede poner de los nervios a cualquiera.

    Recuerda (A. Hitchcock, 1945)

    La hipnotizadora: Ingrid Bergman, una psiquiatra harta de probar métodos para que su paciente recupere la memoria. Seguramente, el esfuerzo invertido por la terapeuta se debe a que el paciente de marras es…

    El hipnotizado: Gregory Peck, amnésico acusado (¿injustamente?) de asesinato. Menos mal que su doctora le quiere bien…

    La sesión: El guionista Ben Hecht no tenía ni maldita idea de psiquiatría, de hipnosis o de cualquier otra cosa relacionada con el subconsciente. Por eso, su guion resulta a veces bastante atropellado: si la película se hubiese estrenado hoy, diríamos que se documentó a golpe de Wikipedia. Ahora bien: el hecho de contar con una de las mejores parejas protagonistas jamás captadas por una cámara, con un tal Salvador Dalí para diseñar sus secuencias oníricas y con una BSO inolvidable de Miklos Rosza, Recuerda se sobrepone a ese detalle para resultar (¿lo decimos?) hipnótica.

    Las tres caras de Eva (Nunnally Johnson, 1957)

    El hipnotizador: Curtis Luther (Lee J. Cobb), psiquiatra con una importante papeleta entre manos. O más bien tres.

    La hipnotizada: Eve White (Joanne Woodward), un ama de casa con trastorno de personalidad múltiple. En concreto, triple: una tímida, otra descocada y otra relativamente estable. La actriz se llevó el Oscar.

    La sesión: Basada en el caso real de Christine Costner Sizemore, cuyos psiquiatras ayudaron a escribir el guion, Las tres caras de Eva es una de las pocas películas que tratan correctamente (según los conocimientos de su época, eso sí) una hipótesis tan cuestionada como la de las personalidades múltiples. El filme no sólo esquiva el sensacionalismo, sino que aborda la hipnosis como una herramienta terapéutica cuyo difícil manejo debe ser tomado con pinzas.

    El mensajero del miedo (J. Frankenheimer, 1962)

    El hipnotizador: El comunismo internacional, nada menos: según esta película (y la novela de Richard Condon en la que se basa), esos demonios rojos se hincharon a lavar cerebros de soldados yanquis durante la Guerra de Corea.

    El hipnotizado: Raymond Shaw (Laurence Harvey), militar estadounidense marcadamente asocial, cuyo condicionamiento le convierte en un ‘topo’ encargado de asesinar al presidente de EE UU. Ya se sabe: Pyongyang lava más blanco. Los cerebros, queremos decir.

    La sesión: ¿Alguien dijo “Guerra Fría”? El mensajero del miedo es uno de los filmes emblemáticos de ese período, tanto por alentar el ‘terror rojo’ como por sugerir que la extrema derecha estadounidense le estaba allanando el camino al enemigo, voluntaria o involuntariamente, a golpe de paranoia irracional. Aquí, en concreto, la agente soviética responsable de guiar a Shaw en su misión es Angela Lansbury, apacible esposa de un senador… y madre del héroe interpretado por Frank Sinatra. Anda que ya le vale, señora Fletcher.

    Elemental, doctor Freud (Herbert Ross, 1976)

    El hipnotizador: Un joven y prometedor psiquiatra llamado Sigmund Freud (Alan Arkin), con ideas un tanto curiosas sobre las llaves, las cerraduras y todas esas cosas.

    El hipnotizado: Nada menos que Sherlock Holmes (Nicol Williamson, tan excesivo como siempre). Cuando el fiel Watson (Robert Duvall) se harta de ver a su jefe pinchándose cocaína, se lo lleva a Viena, a ver si el padre del psicoanálisis puede quitarle el vicio. Por supuesto, la pareja acabará enredada en una investigación… y el galeno con ellos.

    La sesión: Con un reparto de ensueño (a los nombres del párrafo anterior, suma los de Vanessa Redgrave y un Laurence Olivier que se luce como como Moriarty, y entenderás por qué lo decimos), Elemental, doctor Freud es una de las películas más descabelladas sobre Holmes. Y también es una de las más divertidas: ver al mayor detective de todos los tiempos quedarse embobado frente al reloj que su doctor usa como péndulo sigue siendo una experiencia deliciosa.

    Corazón de cristal (W. Herzog, 1978)

    El hipnotizador: Pues nada menos que Werner Herzog: asesorado por un especialista, nuestro director alemán chiflado favorito se dedicó a inducir trances en los actores de su película, a fin de que éstos vagasen por el plató como sonámbulos.

    Los hipnotizados: Como ya hemos dicho, casi todo el reparto. “Casi”, decimos, porque sólo se libró el protagonista Josef Bierblicher… quien, precisamente, interpreta a un pastor iluminado, profético y medio lelo. Ay, este Werner, cómo le gusta llevar la contraria.

    La sesión: Aun dentro de los filmes del Herzog de los 70, que suelen ser raros con ganas, Corazón de cristal resulta inclasificable, inquietante y (dependiendo de cómo tenga uno el día) incomprensible, algo a lo que contribuyen esas miradas perdidas y esos balbuceos de sus intérpretes. Dejémoslo en que es un drama de época con ribetes de terror y vampirismo, porque, si no, no acabamos de aquí a mañana.

    Angustia (Bigas Luna, 1987)

    La hipnotizadora: Zelda Rubinstein, la bondadosa médium de Poltergeist, convertida aquí en mamá dominante que convierte a su hijo en asesino.

    El hipnotizado: John Lerner, un oculista cuyos trances, inducidos por su santa madre, le empujan a dedicarse a los ojos humanos de una forma, digamos, más personal.

    La sesión: Tras marcarse brutalidades sórdidas como Bilbao Caniche, Bigas Luna emigró temporalmente a Hollywood para marcarse este slasher posmoderno y referencial en el cual la hipnosis, si bien da mucho yuyu, es lo menos mareante: la película, cuya trama principal transcurre dentro de un cine, acumula niveles narrativos de una manera tal que el espectador no sabe exactamente dónde está en cada momento. Y eso, precisamente, eso es lo que más miedo da. Normal que, tras estrenar Angustia, Bigas recibiese la oferta para dirigir una entrega de Viernes 13.

    Zoolander (Ben Stiller, 2001)

    El hipnotizador: El pérfido Mugatu (Will Ferrell), titán del fashionismo con la misión de liquidar al primer ministro de Malasia. A Lagerfeld y compañía, la abolición del trabajo infantil les parece de pésimo gusto.

    El hipnotizado: Derek Zoolander (Ben Stiller), el mejor modelo del mundo que no sabe girar a la derecha. Los manejos de Mugatu le convertirán en asesino, algo que nos recuerda bastante a El mensajero del miedo. ¿No habíamos quedado que, en la moda, la originalidad es una virtud?

    La sesión: Presentada por una Milla Jovovich fabulosa con su uniforme de enfermera, la escena hipnótica de Zoolander es una maravilla cómica llena de grafismo dosmilero y con el Relax de los Frankie Goes To Hollywood sonando a todo trapo. Sus consecuencias, con Hansel (Owen Wilson, lo más) tratando de serenar a Derek mediante el Rockit de Herbie Hancock, también despierta carcajadas mil. A ver si esa secuela que veremos el año que viene nos altera la conciencia…

    Donnie Darko (Richard Kelly, 2001)

    La hipnotizadora: Lilian Thurman (Katharine Ross), otra de esas psiquiatras de cine que se ganan sobradamente la minuta.

    El hipnotizado: Jake Gyllenhaal, en el papel titular de un chaval esquizofrénico que ve señores disfrazados de conejo muerto. ¿Es sólo su trastorno, o hay algo más?

    La sesión: Donnie Darko es una de esas películas tan poco convencionales que arrojan tantas interpretaciones de su argumento como espectadores. Y cuando el director se animó a ofrecer la suya, mediante un montaje del director con veinte minutos extra… pues no satisfizo a casi nadie. Ahora bien: en lo que concuerda la mayoría es en que la escena de la hipnosis es tan inquietante como humorística, algo que se agradece en un filme de tono muy desesperado.

    Ahora me ves… (Louis Leterrier, 2013)

    El hipnotizador: Merritt McKinney (Woody Harrelson), un mentalista amigo de lo ajeno, miembro de la banda de los Cuatro Jinetes.

    La hipnotizada: Una señora casada con un sinvergüenza. Ningún buen profesional puede resistirse a un timo rápido, menos aún con lo que se aburre uno en el aeropuerto.

    La sesión: Aunque parezca cosa de magia (mira tú), la hipnosis ejecutada por Woody en esta escena responde a un método real: se trata de la inducción por shock, también conocida como ‘tirón de brazo’. Consiste en provocar un pequeño instante de confusión en la víctima… perdón, queríamos decir “en el paciente”, a continuación del cual se lleva a cabo la sugestión. La tarifa de 250 dólares para evitar el divorcio es opcional.

    Trance (Danny Boyle, 2013)

    La hipnotizadora: Elizabeth (Rosario Dawson), terapeuta sin escrúpulos a sueldo del gangster Vincent Cassel.

    El hipnotizado: Simon (James McAvoy), subastador de arte un poco ludópata en cuya memoria se oculta el paradero del Vuelo de brujas de Goya. ¿Hemos dicho que también es amnésico?

    La sesión: Como thriller, Trance puede funcionar más o menos, pero su visión sobre la hipnosis es abiertamente sensacionalista. Tanto, que una verdadera hipnoterapeuta escribió un artículo para The Guardian quejándose por dicho enfoque: “La película nos presenta como personajes siniestros”, afirmaba el galeno. Y, juicios de valor aparte, nosotros podemos preguntarnos para qué tanto lío, si el Vuelo de brujas está expuesto en el Prado…

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