Miracleman: el ‘¡Shazam!’ oscuro del creador de ‘Watchmen’

Miracleman, el reverso tenebroso e indie de Shazam escrito por Alan Moore, es una obra maestra del cómic que ha inspirado a directores como Zack Snyder.

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05 de abril de 2019

Aclamada por la crítica, e incluso descrita como la película que podría renovar la carrera en el cine de DC, ¡Shazam! es una película luminosa y optimista: toda ella un manantial de buen rollito. Así pues, nos sentimos un poco aguafiestas recordando que el cachas con uniforme rojo interpretado por Zachary Levi tiene un hermano mucho más oscuro y brutal. E inglés, para colmo. Una enmarañada historia de plagios, follones legales y cambios de nombre ha detenido su carrera, pero no ha conseguido hacernos olvidar que una obra maestra del cómic lleva su nombre, así como las firmas de genios como Alan Moore (WatchmenNeil Gaiman (Good Omens, American Gods). Aferraos como podáis a vuestra cordura, porque vamos a hablar de… Miracleman.

Y, para hablar de Miracleman, hace falta recordar un par de hechos básicos: que Shazam (el superhéroe) nació en 1940 y que su nombre original fue Capitán Marvel. El personaje resultó muy popular en el Reino Unido de la posguerra mundial y en 1953, cuando sus aventuras dejaron de publicarse, el dibujante inglés Mick Anglo recibió un encargo de sus jefes de la compañía Fawcett: crear un plagio puro y duro del Gran Queso Rojo. Anglo se tomó a pecho el encargo, dotando a su fotocopia (llamada Marvelman) con rasgos calcados a los del original estadounidense. De esta manera, Marvelman tenía un álter ego humano (Micky Moran en vez de Billy Batson) que se convertía en superhumano cachas pronunciando una palabra mágica, la cual, en vez de “¡Shazam!”, era “¡Kimota!” (“atomik” escrito al revés). En cuanto a su némesis, el doctor Sivana (Mark Strong en la película), pasó a llamarse doctor Gargunza. El pastiche resultante no era nada del otro jueves, pero tenía el encanto suficiente como para enamorar a una generación de niños al otro lado del canal de la Mancha.

Alan Moore era uno de esos niños. Y en 1982, ya crecidito, recibió el encargo de resucitar al personaje en Warrior, la misma publicación para la que escribía V de Vendetta. Así, rebautizado como “Miracleman” para facilitar su publicación en EE UU, el pobre superhéroe recibió uno de esos tratamientos de choque que tan bien se le dan al escritor inglés: en vez de un joven e ingenuo reportero, Micky Moran pasó a ser un periodista madurito y harto de su oficio. Para meter aún más el dedo en la llaga, Moore hizo que las aventuras primigenias de Miracleman fueran una mentira (en realidad, explicó, el superhéroe era un peón del gobierno británico durante la Guerra Fría, controlado mediante un sistema de realidad virtual) y convirtió a su archienemigo Gargunza en su auténtico creador. Rasgos todos ellos en los que se adivina el ajuste de cuentas con el género de superhéroes que llevaría a cabo en Watchmen, pocos años más tarde.

Pero, si bien todas sus historias son inventivas y transgresoras, lo que aún sigue chocando del Miracleman de Alan Moore son sus últimas entregas. Tras haber matado a su ‘padre’ Gargunza de forma especialmente brutal, alternado con alienígenas muy grimosos y renunciado a su identidad humana (¿quién quiere ser un pringao mortal si puede ser un dios a tiempo completo?), Miracleman se enfrenta con su antiguo aliado Kid Miracleman, ahora un yuppie asesino al estilo American Psycho que ha tomado Londres por asalto. Un asalto, narrado en páginas del dibujante John Totleben, cuyo nivel de gore pone a prueba la tolerancia del lector más bregado (por no hablar de los límites asociados entonces al cómic de superhéroes) y cuyo final… digamos que recuerda lo suficiente al clímax de El hombre de acero para hacer pensar que Zack Snyder lo ha leído a fondo.

En el colofón de esta etapa, Moore siguió adelante con sus transgresiones: mientras su compañera Miraclewoman se ha convertido en una mezcla de líder religiosa y estrella del porno, Miracleman ha tenido una hija llamada Winter (aún más poderosa que él mismo, y que mira a la humanidad como nosotros a las cucarachas) y se ha convertido en el dictador de la Tierra, salvando al planeta del peligro nuclear y controlándolo de forma implacable, pero benévola. Si estás pensando que esta situación no puede desembocar en nada bueno, tienes razón… pero el encargado de narrar el Apocalipsis sería otro. Porque, agobiado por sus compromisos con DC, Moore decidió entregarle la serie a un periodista amigo  suyo que, aunque muy aficionado a los cómics, no había escrito un guion en su vida. Si sospechas que el nombre de ese periodista era “Neil Gaiman”, estás en lo cierto.

Recién instalado al frente de la serie, Neil Gaiman planeó contar su historia en tres arcos: La edad de oro, La edad de plata La edad oscura. De los cuales, por imponderables del negocio editorial (y porque él también acabó fichando por DC), solo se publicaron el primero y la mitad del segundo. En honor de Gaiman, digamos que siempre se ha esforzado por salvar a Miracleman del olvido, lo cual le obligó a enfrentarse al dibujante y editor Todd McFarlane (Spawn) en una acerba batalla legal. Gracias a los buenos oficios del autor de Sandman, las aventuras de Miracleman pasaron a ser editadas por, ejem, Marvel, en tomos en los que no aparece el nombre de Alan Moore: enemigo de las majors del cómic, como siempre, el de Northampton exigió aparecer como “El guionista original” en los créditos.

Aunque Neil Gaiman promete a veces que concluirá la historia de Miracleman algún día, sus lectores le conocen bien y saben que la probabilidad de que eso ocurra tiende a cero. Aun así, gracias a sus esfuerzos podemos disfrutar de una de las historias de superhéroes más transgresoras jamás creadas. Y, ahora que ¡Shazam! ha devuelto a la pantalla el lado más luminoso, optimista e ingenuo del género, quizás no estaría mal echarles un vistazo para recordar que tras toda fantasía de poder laten anhelos muy peligrosos. No en vano Alan Moore decidió presentar al personaje con una cita muy oportuna de Friedrich Nietzsche: “Mirad, os muestro al Superhombre: él es el relámpago, él es la locura”. 

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