“Soy el capitán de mi alma”: 8 discursos de Morgan Freeman para guiarte en la vida

Palabra de Morgan Freeman. Nadie como el actor estadounidense para transmitir sabiduría con su voz profunda. He aquí una selección de sus mejores discursos.

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01 de junio de 2020

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  • Todo en boca de Morgan Freeman suena mejor. Así dice una de las máximas de Hollywood, y con toda la razón. El actor de Memphis, ganador de un Oscar y nominado cuatro veces más, posee una de las voces más profundas, hipnóticas y reconfortantes del cine reciente. No es de extrañar que se la categorice como voz celestial dejando a un lado su figura divina en la comedia Como Dios.

    Cuando tienes en tu película a un intérprete de la talla de Morgan Freeman, lo habitual es darle un parlamento para lucirse. A continuación hemos seleccionado 8 interpretaciones en las que el actor de Memphis consigue ponernos los pelos de punto al pronunciar cada palabra de sus discursos, siempre cargados de reflexión, entereza y fragilidad; es decir, todo lo que nos hace humanos.

    Por supuesto, antes de empezar el repaso no podemos pasar por alto recordar a Pepe Mediavilla, el añorado actor de doblaje de Morgan Freeman en España, que con su trabajo contribuyó a que algunos de estos diálogos llegaran a más personas.

    Escuela de rebeldes (1989)

    Como profesor inspirador enfrentado a alumnos desmotivados, Morgan Freeman no tiene parangón. La película de John G. Avildsen, sorteando algunos de los tópicos más pegajosos del subgénero, toca temas que, por desgracia, siguen de candente actualidad más de tres décadas después inspirándose en la historia real de un profesor de Nueva Jersey.

    El discurso: “Dentro de una hora, vais a hacer un examen diseñado por el Estado para probar vuestros conocimientos básicos… junto a la calidad de la educación de Eastside High. Antes de eso, quiero deciros lo que mucha gente piensa de vosotros y vuestras posibilidades. Dicen que sois inferiores. Que no sois nada más que un puñado de negros, latinos y basura blanca pobre. Que la educación se desperdicia con vosotros. Que no aprendéis. Que sois una causa perdida, todos vosotros. Así que quiero que se levanten todos mis alumnos blancos. Venga, no seáis tímidos. Estos son mis alumnos blancos. Como podéis ver, son iguales al resto. No tienen ningún otro sitio al que ir, sino nos habrían dejado hace tiempo. Así que aquí están con nosotros en Eastside High. Podéis sentaros. ¿Entendéis lo que os digo? Nos hundamos o salgamos a flote, triunfemos o caigamos, afrontaremos nuestro destino juntos. (…) Tengo un mensaje para todos aquellos que os han abandonado y hecho de menos. NO SOIS INFERIORES. Puede que lo sean vuestras notas. Puede que lo sea vuestro colegio. Pero podéis darle la vuelta a eso, hacer que exactamente dentro de una hora todos esos bastardos sean unos mentirosos si aprobáis el examen”.

     

    Tiempos de gloria (1989)

    Este filme bélico de Edward Zwick sobre la figura del coronel Robert Gould Shaw, que estuvo al frente del Regimiento de Infantería de Voluntarios de Massachusetts formado por soldados afroamericanos en la Guerra de Secesión, cuenta con la colisión de un tridente actoral de altura: Denzel Washington, Morgan Freeman Andre Braugher. El enfrentamiento entre los dos primeros estalla en esta escena.

    El discurso: “¿Y qué eres tú? Estás tan lleno de odio que solo te dedicas a pelear con todo el mundo. Porque te han dado latigazos y has sido perseguido por perros. Bueno, puede que eso no sea forma de vivir, pero tampoco es morir. Y morir es lo que han estado haciendo estos chicos blancos durante tres años. ¡Muriendo a miles! Muriendo por ti, estúpido. Lo sé porque yo he cavado las tumbas. Y todo este tiempo no he parado de preguntarme: ‘Oh Dios, ¿cuándo será nuestro momento?’. Porque llegará el momento en el que nos toque. Que nos toque pelear como hombres. COMO HOMBRES. Así que vigilia a quién llamas negrata. Si hay algún negrata por aquí, ese eres tú. Un negrata bocazas, estúpido y pordiosero. Y si no tienes cuidado, es todo lo que vas a ser”.

     

    Cadena perpetua (1994)

    Aunque la gran frase (“Empeñarse en vivir o empeñarse en morir”) de la adaptación que dirigió Frank Darabont del libro de Stephen King le pertenece al protagonista interpretado por Tim Robbins, es el Red Redding de Morgan Freeman quien ha sido nuestro narrador y a quien acompañamos en un emocionante final.  Incluimos también su última conversación antes de salir de la prisión porque no tiene desperdicio.

    El discurso #1: “¿Qué quiere saber, si lamento lo que hice? No hay día que pase sin que me arrepienta. No porque esté preso ni porque usted crea que tendría que hacerlo. Pienso en cómo era yo entonces: un chico joven y estúpido que cometió un terrible crimen. Y quisiera hablar con él. Me gustaría que entrase en razón. Decirle cómo son las cosas. Pero no puedo; el chico se fue hace años y este viejo es lo único que queda. He de vivir con eso. ¿Rehabilitado? Es solo una palabra de mierda. Así que rellene sus formularios y no me haga perder más el tiempo, porque si le digo la verdad me trae sin cuidado”.

    El discurso #2: “Empeñarse en vivir o empeñarse en morir. Es la pura verdad. Por segunda vez en mi vida, soy culpable de cometer un delito: violar la condicional. Aunque dudo mucho que vayan a vigilar las carreteras para encontrarme. ¿Quién va a echar de menos a un viejo salido de la cárcel? Me doy cuenta de que estoy tan emocionado que apenas puedo quedarme quieto ni pensar claramente. Creo que es la clase de emoción que solo puede sentir un hombre libre. Un hombre libre que comienza un largo viaje de final incierto. Espero cruzar la frontera; espero ver a mi amigo y darle un abrazo. Y que el Pacífico sea tan azul como siempre he soñado. Y espero nunca más perder la esperanza”.

     

    Seven (1995)

    Si Seven es una obra maestra del misántropo David Fincher es porque no deja ni una rendija de luz a la esperanza. Sirva como ejemplo esta dura escena de derrota entre el detective Somerset y un todavía idealista Mills que aún no ha recibido cierta caja.

    El discurso: “No creo que pueda continuar viviendo en un lugar que nutre la apatía como si fuera una virtud. (…) Estoy de acuerdo, estoy totalmente de acuerdo. La apatía es la solución. Resulta más fácil abandonarte a las drogas que enfrentarte a la vida, es más fácil robar lo que uno quiere que ganárselo, pegar a un niño que enseñarle. Por otro lado, el amor requiere esfuerzo, trabajo (…) Estamos hablando de la vida diaria. No puedes darte el lujo de ser tan ingenuo”.

     

    Deep Impact (1998)

    Puede que el drama de Mimi Leder acerca de la caída de un meteorito sobre la Tierra no fuera una gran aportación al subgénero de catástrofes, pero nos brindó a uno de los mejores presidentes que, con diferencia, ha tenido EE UU en la ficción: el presidente Beck de Morgan Freeman.

    El discurso: “Deseo… No, desear no es lo que quiero decir. Lo que quiero decir es creo en Dios. Sé que muchos de ustedes no lo hacen, pero aún así quiero rezar por la supervivencia de todos, incluida la mía. Porque creo que Dios, o quienquiera que ustedes crean, escucha todas las plegarias. Aunque, muchas veces, la respuesta sea no. Así que Dios les bendiga a todos, los proteja, se apiade de ustedes y les dé paz”.

     

    Million Dollar Baby (2004)

    Uno de los motivos más repetidos en el manual de discursos morganfreemescos es la idea de vivir una vida que valga la pena. Siempre dando lo mejor de sí mismo cuando colabora con Clint Eastwood, en esta ocasión le brindó un flamante premio Oscar.

    El discurso: “Maggie entró por esa puerta con nada más que agallas. No tenía ninguna posibilidad de ser lo que necesitaba ser. Un año y medio después, está peleando por el campeonato mundial. Tú hiciste eso. Todos los días muere gente, Frankie. Fregando suelos, lavando platos. ¿Y sabes cuál es su último pensamiento? ‘Nunca tuve mi oportunidad’. Gracias a ti, Maggie tuvo su oportunidad. Si ella muere hoy, ¿sabes cuál será su último pensamiento? ‘Creo que me fue bien’. Sé que yo podría descansar con eso”.

     

    La guerra de los mundos (2005)

    Steven Spielberg tuvo un acierto total al encomendar a Morgan Freeman la narración de su adaptación del libro de H.G. Wells. En voz del actor, la derrota microbiológica de los extraterrestres que llegaron para someter a la Tierra adquiere un tono trascendental que pone los pelos (todavía más) de punta.

    El discurso: “Desde el momento en que los invasores aparecieron, respiraron nuestro aire, comieron y bebieron, estuvieron condenados. Fueron reducidos, destruidos, tras fracasar las armas y los recursos del ser humano, por las criaturas más diminutas que Dios, en su sabiduría, puso sobre la Tierra. Mil millones de muertos hicieron al hombre acreedor de su inmunidad, del derecho a sobrevivir entre los infinitos organismos de este planeta. Y ese derecho es nuestro ante todo adversario, pues el hombre no vive ni muere en vano”.

     

    Invictus (2009)

    No es un discurso de Nelson Mandela, pero sí una lectura en su voz del poema de William Ernest Henley que le sirvió de consuelo, inspiración y guía durante su encarcelamiento durante 27 años en la prisión de la isla Robben.

    El discurso: “En la noche que me envuelve, / negra, como un pozo insondable, / doy gracias al Dios que fuere / por mi alma inconquistable. / En las garras de las circunstancias / no he gemido, ni llorado. / Bajo los golpes del destino / mi cabeza ensangrentada jamás se ha postrado. / Más allá de este lugar de ira y llantos / acecha la oscuridad con su horror. / Y sin embargo la amenaza de los años me halla, / y me hallará sin temor. / Ya no importa cuan estrecho haya sido el camino / ni cuantos castigos lleve a mi espalda: / soy el amo de mi destino, / soy el capitán de mi alma”.

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