“¡Me han cambiado el cuento!”: 5 guionistas que reniegan de sus películas

Tras escribir el libreto de 'Cincuenta sombras de Grey', Kelly Marcel no piensa ver el filme. A estos colegas suyos les ocurrió lo mismo.

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11 de junio de 2015

Son los últimos monos de Hollywood: hasta el más ínfimo meritorio o el best boy más aperreado del plató parecen tener más derechos que ellos. Sus salarios son minúsculos comparados con los del director o la estrella de turno, las horas que echan frente al teclado suelen ser ingentes y, cuando llega el momento de colgar las medallas, la mayor parte del público apenas se fijará en sus nombres. Pero lo peor de todo es que, en pleno rodaje y sin explicación, todo lo que se han currado puede verse reducido a añicos por la decisión de un actor principal, de un cineasta o de (¡uf!) un ejecutivo. Está claro que, en la industria del cine, pocos lo tienen peor que los guionistas.

Si quieres un ejemplo, pregúntale a Kelly Marcel: la autora del libreto de Cincuenta sombras de Grey ha admitido que ni ha visto la película, ni la piensa ver. En el podcast del escritor Brett Easton Ellis (vía Variety), Marcel reconoce que pasó las de Caín durante la producción del gran taquillazo erótico: “Esa película me rompió el corazón”, explica, incidiendo en que (al igual que la directora Sam Taylor-Johnson, que no repetirá en la secuela Cincuenta sombras más oscurasla raíz de sus problemas estuvo en el contacto con la escritora E. L. James. 

Viendo la papeleta que le había caído encima, Marcel se tomó bastantes libertades con la novela original (entre ellas, la de reescribir buena parte de los diálogos), algo que molestó bastante a E. L. James. Al final, la guionista y la novelista acabaron conviviendo en la misma casa durante una semana, tratando de obtener un guion que las dejara satisfechas a ambas. Pero Kelly Marcel afirma “sin odio y sin rencor” que James acabó llevándose el gato al agua, imponiendo su visión de la historia de Anastasia Steele Christian Grey, con los (parodiables) resultados que todos conocemos.

Dado que Cincuenta sombras de Grey estaba basada en un original de la propia E. L. James, cabe admitir que ésta tenía derecho a opinar sobre su paso a la pantalla grande. Pero reconozcamos también que Kelly Marcel se enfrentaba a la tarea de adaptar con dignidad un texto de calidad bastante discutible, y que los autores literarios no siempre son buenos jueces para las películas basadas en sus obras (¿o hace falta recordar lo que piensa Stephen King de El resplandor?). En todo caso, los ejemplos que vamos a poner ahora no tienen trampa ni cartón: todos estos guionistas lo pusieron todo de su parte… y acabaron renegando de las películas presuntamente escritas por ellos.

Quentin Tarantino y Asesinos natos

¿Que ocurre cuando el ego de Oliver Stone choca contra el del genio de la gran mandíbula? Pues que ocurre un cataclismo como el que provocó este filme, la única (y última) colaboración entre ambos. Tarantino, que había escrito el guion de Asesinos natos antes de hacerse famoso a lo bestia con Reservoir Dogs, observó durante la preproducción cómo Stone lo modificaba hasta tal punto que, del original, sólo quedaban los nombres de los protagonistas Mickey y Mallory Knox, la premisa general de la historia y algunos diálogos. Tantas y tan importantes fueron las alteraciones que, al final, Quentin no tuvo derecho a un lugar importante en los créditos: obedeciendo a las normas del Sindicato de Guionistas de EE UU, su nombre apareció sólo como autor de la historia original, lo cual le impidió cobrar royalties de taquilla. Así las cosas, y aunque se mostró caballeroso en las entrevistas (“Esta ya no es mi película, sino la de Oliver Stone: que dios le bendiga”), Tarantino acabó marchándose del estreno a los pocos minutos de la proyección, acompañado por su amiga Juliette Lewis, que coprotagonizaba el filme junto a Woody Harrelson Robert Downey Jr. A día de hoy, Quentin admite que nunca ha podido pasar de la primera escena.

Joss Whedon y Alien Resurrección

El caso del director de Vengadores: La era de Ultrón y la cuarta entrega xenomorfa es especial: lo que Whedon le reprocha al director Jean-Pierre Jeunet no es que alterasen su texto original, sino que se lo tomaran demasiado al pie de la letra. Tras haber reescrito el guion cinco veces (entre otras cosas, para meter con calzador a Ripley -Sigourney Weaver- en la historia), el autor de Firefly Buffy, cazavampiros vio cómo la tarea de llevarlo a la pantalla recaía en Jean-Pierre Jeunet (Amélie), un director conocido tanto por su estética surreal y colorista como por tener la sutileza narrativa de un hipopótamo. “No es que cambiasen mucho, aunque sí cambiaron el final: es que lo hicieron todo mal. El reparto estaba mal, el diseño de producción estaba mal, la banda sonora estaba mal…”, declaraba Whedon en 2006. Y, en 2013, ofrecía un ejemplo: “Había dos personajes en la película cuyo arco argumental exigía que el público no supiese qué iban a hacer. Uno de ellos acababa resultando un científico loco. Y, ¿qué hacen esos tíos? Pues fichan a Brad Dourif para el papel. Y entonces ya no hay giro de guión que valga, porque Brad es un gran actor, pero ha acabado encasillándose en papeles de tío majara”. Tras tanto baqueteo, el guionista acabó confesando que Alien vs. Predator no le parecía tan mala.

Andrew K. Walker y Asesinato en 8MM

En 1999, Andrew Kevin Walker era uno de los guionistas más punteros de Hollywood: su trabajo en Se7en había redefinido las normas del cine noir para buena parte del público, y muchos se preguntaban cuál sería su siguiente trabajo. Para su desgracia, el “siguiente trabajo” de marras demostró que, cuando uno cambia a David Fincher por Joel Schumacher, y a Brad Pitt por Nicolas Cage, su guion está en aprietos muy serios. Fiel a la tradición, Schumacher modificó el libreto a mansalva, escribiendo diálogos que le pusieron a Walker la piel de gallina (por lo malos, se entiende) y añadiendo escenas que, a juicio del guionista, alteraban seriamente el significado de la obra: “Joel quería decirle al público ‘tranquilos, que todo va a salir bien”, explicó Walker. “Pero, si lees el original, ves que la intención es justo la opuesta: hay un poquito de esperanza, pero aquí nada va a salir bien”. Pese a seguir respetando al director, y pese a haberse embolsado unos módicos 6,5 millones de euros (ajustados) por su trabajo, Walker acabó describiendo su trabajo en Asesinato en 8MM como “una experiencia tan esencialmente deprimente, que sólo me deja la opción de renunciar a la deprimente experiencia de ver la película”. Desde entonces, ha trabajado muy esporádicamente como guionista, y se dedica sobre todo a tareas como script doctor. Es decir, a alterar guiones ajenos: ¿paradoja?

Robert Towne y Los dos Jakes

Por sí solo, el título de Los dos Jakes puede que no te diga mucho. Pero, si añadimos que es la secuela de Chinatown, entonces la cosa cambia… Allá por 1985, con Roman Polanski fuera de la circulación por razones obvias, Robert Towne, el productor Robert Evans (otro punto de cuidado) y Jack Nicholson decidieron seguir adelante con su plan de una trilogía protagonizada por el detective Jake Gittes, rodando el segundo capítulo con el guionista haciendo doblete como director y con Evans en un papel secundario. Lo que siguió fue una guerra de egos entre los tres compañeros que se prolongó durante cinco años, y en la que no faltaron los motivos para el bochorno: si Towne echó a Evans del rodaje, reemplazándole por Harvey Keitel, Nicholson lo echó a él, figurando la película como su cuarto y último trabajo detrás de la cámara. En fin, un sindiós del que el guionista no salió nada contento, y que dio al traste con cualquier posibilidad de ver Gittes vs. Gittes, el anunciado final de la saga: “Como no quiero enemistarme con Jack Nicholson y Robert Evans, prefiero no dar detalles, pero baste decir que Los dos Jakes fue una experiencia desagradable para todos nosotros”, concluye Towne.

Joe Eszterhas y Jade

Cuatro millones y medio de euros (ajustados). Esa fue la cantidad que, alrededor de 1995, cobró el guionista de Showgirls, Instinto básico Flashdance (atención al carrerón) por escribir este thriller erótico por encargo de Sherry Lansing, la entonces presidenta de Paramount. ¿Dónde estaba el truco? Pues en que el marido de Lansing es William Friedkin, otro aficionado a provocar incrementos en el precio del pan cada vez que abre la boca: nada más hacerse cargo de la película, el autor de El exorcista se dedicó a reescribir el libreto a troche y moche, mientras que estrellas como Warren Beatty, Julia Roberts Sharon Stone iban rechazando las ofertas para protagonizar el filme (finalmente, los papeles principales se los llevaron David Caruso y la entonces en alza Linda Fiorentino). Con un cabreo mayúsculo, Eszterhas amenazó con retirar su nombre de los créditos, con lo que Lansing tuvo que darle aún más dinero para que mantuviese la boca cerrada. Y, para rematar la faena, Jade acabó resultando uno de los mayores fracasos de taquilla de los 90, recaudando menos de una quinta parte de su presupuesto. Eszterhas acabó siendo nominado al ‘Razzie’ como peor guionista para esta película, pero perdió el ‘anti-premio’… en favor de su propio trabajo para Showgirls.

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