Más allá de la crisis: rescatando el cine griego

Comedias desquiciadas, terror 'underground' con 'moussakas' gigantes, películas históricas... En el cine de la Hélade hay mucho más que Angelopoulos y 'Canino'. Por YAGO GARCÍA

26 de noviembre de 2011

Parece una perogrullada, pero a veces hay que recordarlo: en todo el mundo se hace cine. Y ese “todo” abarca, muy especialmente, a los países de la Unión Europea. Aunque aquí nos lleguen con cuentagotas, con la salvedad de Francia, el Reino Unido o Italia, son legión las películas rodadas cada año en Bélgica, Portugal, la República Checa… O Grecia. Y, ya que los medios nos atiborran diariamente a noticias sobre la crisis económica y las turbulencias sociales en el país heleno, ¿por qué no acercarnos a su cine?

Para empezar, algo que no nos cogerá por sorpresa: en Grecia se han rodado muchísimas películas. Los primeros cortometrajes, firmados por los hermanos Maniakis, datan de 1905, y el comediante Dimitrios Dimitrokopoulos obtuvo los primeros éxitos de la filmografía a este lado del Peloponeso con su personaje Spyridion, una suerte de Charlot. En 1914 llega el primer largometraje, Golfo. Con los años, el amor de los griegos por el cine sobrevive a la dictadura del general Metaxas y a la invasión de fascistas y nazis, hasta llegar a los años 50 y 60, calificados por nuestro contacto Julia Livaditi como “una época dorada, con muchas películas muy comerciales -musicales, dramas y comedias-, y también muy buenas”. Además de Irene Papas, Melina Mercouri y el músico Mikis Theodorakis, triunfó Aliki Vougiouklaki, una rubia comediante que, según nos informan nuestras fuentes, podría ser una suerte de Marisol helénica. Y que, al igual que la chica de Un rayo de luz, movía multitudes en la Grecia sixties. Puedes verla en el vídeo.

Ni siquiera la tiranía de la Dictadura de los Coroneles (1967-1974) pudo acabar con el cine de la Hélade.  Tras su final, y con festivales de cine como el de Tesalónica en plena ebullición comienza el denominado Nuevo Cine Griego, encabezado por una figura que puede sonarte de algo: Theo Angelopoulos. El cineasta dirige filmes tan largos, tan densos y tan valorados por la crítica como Alejandro el Grande, La eternidad y un día (ganadora de la Palma de Oro en Cannes) y El viaje de los comediantes, de maratoniana duración y profunda reflexión sociopolítica. Pero claro: cuando las cosas se ponen crudas, la gente quiere juerga. Y la juerga, al igual que en España, llegó al cine griego en los años 80.

El megahit de la mili

“Las películas griegas de los 80, las ves ahora y son de chiste”, nos cuenta Yannis Mavroidis. A sus 30 años, este oficinista residente en Madrid (“Estudié español en la universidad, después vine de Erasmus y nunca perdí el contacto con España”, nos cuenta) reconoce que muchos filmes de esa época no aguantan el paso del tiempo: “Tenían éxito porque animaban a la gente joven, pero han envejecido muy mal”. Sin embargo, nos llega información sobre títulos estimables como Proini Peripolos – Morning Patrol (un thriller de ciencia-ficción apocalíptica, al estilo de Blade Runner o Terminator), la musical e histórica Rembetiko, o el megahit definitivo del cine griego: Loufa kai parallagi, un filme de 1984 cuyo título español sería, en traducción muy libre, “Con el camuflaje puesto”.

“La actitud de los griegos hacia su cine se parece mucho a la de los españoles: lo critican mucho, y piensan que todo lo de fuera es mejor”, dice Yannis. Así pues, siguiendo con el juego de parecidos, no extraña que en la Hélade triunfara un filme sobre la puta mili. Y es que el servicio militar sigue siendo obligatorio en Grecia, con lo cual esta comedia sobre las desventuras de los reclutas en el cuartel durante los años de la dictadura se convirtió en blockbuster. Y lo que le queda: Loufa kai paralagi tuvo un remake en 2006 que ha generado dos secuelas (la última, de este mismo año) y sigue siendo un fenómeno social: “La original es buenísima, pero no sé si los chistes serán fáciles de pillar en España”, nos informa nuestro contacto diplomático.

La actualidad: “O muy buenas, o muy malas”

El ritmo de producción de cine en la Grecia de los 80 fue frenético, pero en los 90 llegó una deceleración importante. Mientras Angelopoulos y sus colegas del Nuevo Cine Griego seguían ganando premios internacionales, en el país se veían títulos tales que I epithesi tou gigantiaiou mousaka (El ataque de la ‘mousaka’ gigante), que parodiaba los clásicos de terror de Hollywood cambiando al monstruo de rigor por ese plato de carne y berenjenas que tan rico sabe. O la comedia erótica Safe Sex, también de 1999, en la que conocidos actores de series de TV aparecían en escenas subidas de tono. Basándose en este atractivo, Safe Sex batió récords de taquilla en su país. ¿Te suena de algo?

Ahora, nos comenta Yannis Mavroidis, “hay películas muy diversas en Grecia, pero muy pocas que hablen de política”. De hecho, la lista de las más taquilleras suele estar llena cada año de remakes de filmes antiguos, dramas históricos (El Greco, de 2007, un filme que Yannis reconoce no haber visto) y comedias o dramas más o menos amables. Pero siempre hay excepciones: la comedia de 2003 Un toque de canela, coproducida con Turquía, se convirtió en otro gran éxito, y (por una vez) tuvo distribución comercial en España. Yannis afirma haberla disfrutado, al igual que Nyfis (Las novias), un filme sobre la emigración a EE UU que triunfó en la taquilla y en la opinión de los críticos. según se nos comenta en la Embajada, “el triunfo de estas películas volvió a despertar el interés por los de gran presupuesto”.

Llegaron los años… Y llegó la crisis. Según Yannis, esto se nota en que “se hacen muy pocas películas: o muy buenas, o muy malas”. Entre las primeras estaría, claro, Canino, la enfermiza película de Giorgos Lanthimos que inquietó hasta al curtido público del Festival de Sitges. Aquí, las opiniones se dividen. Mientras que Julia Livaditi afirma que “hay una brecha entre filmes como Canino, que gustan a los críticos, y las comedias con actores conocidos, que llenan cines pero son mediocres”, Yannis nos cuenta que el filme de Lanthimos sí fue un pequeño éxito en Grecia: “es rara y modesta, pero atrajo la atención del público”. Ahora bien, si lo que buscamos es probar el hardcore, Yannis nos recomienda Spirtokouto (“La caja de cerillas”, en español): “No habla directamente de la crisis, porque es anterior a todo esto, pero sí de los problemas económicos de una familia. Muy poca gente la ha visto, porque es muy dura y los personajes gritan muchísimo”, advierte.

En Grecia no se dobla

A todo esto, ¿cómo es la experiencia de ir al cine en Grecia? Yannis Mavroidis nos comenta que básicamente igual, incluyendo el auge de las multisalas en centros comerciales y los precios astronómicos (8 euros de media por una entrada). Pero con dos matices importantes: para empezar, en el país heleno, al igual que en la mayoría de Europa, no se emplea el doblaje, y todas las pelis extranjeras se proyectan en versión original. “Aquí, en Madrid, siempre voy a cines en VO, porque de lo contrario se me hace raro”, explica antes de añadir otro pequeña ventaja de nuestras salas: “En Grecia no hay día del espectador”. Pues vaya.

Por otra parte, Yannis nos ha comentado antes que directores españoles como Almodóvar o Amenábar son muy populares en Grecia, aunque este último se llevó un buen chasco abordando el mundo helenístico en Ágora: “Esa película no gustó nada en Grecia, la consideraron demasiado comercial y superficial”, afirma tras comentarnos que su filme favorito de aquí es El orfanato. Por otra parte, nuestro contacto cree que, de tener una buena distribución aquí, las películas griegas podrían gustar. Y mucho. “Mis amigos españoles conocen el cine de Grecia, y les interesa mucho. Pero aquí en España sólo llegan las películas más aclamadas, y algunas veces se organizan festivales. Poco más”.