Maribel Verdú: “A los 50 años quiero poder hacer de una tía de 50, y a los 70 de una de 70”

Charlamos sobre el paso del tiempo, preservativos, pastillas Juanola y premios Goya con la actriz madrileña, que estrena 'El doble más quince' en cines.

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28 de febrero de 2020

Maribel Verdú (Madrid, 1970) siempre tuvo complejo con sus dientes y solía taparse la boca cuando reía. Pero un día, un antiguo representante habló con ella y le quitó aquel complejo. Desde ese momento, la actriz no oculta a nadie su contagiosa sonrisa.

Motivos para sonreír, desde luego, no le faltan. Con más de 80 películas y un buen puñado de galardones a sus espaldas –el Premio Nacional de Cine incluido–, Verdú sigue mostrándose con la prensa tan natural y cercana como cuando empezó a currar con 13 años anunciando preservativos y algunos se referían ya a ella como la Lolita del cine español.

Estos días, la del barrio de Prosperidad ha comenzado a trabajar en Ana, la nueva serie de RTVE, y estrena El doble más quince, una película dirigida por el cineasta bilbaíno Mikel Rueda y en la que Verdú da vida a una mujer casada, con dos hijos y al borde de los 50 años –la propia actriz los cumplirá en el mes de octubre– que no sabe muy bien qué hacer con el resto de su vida y que un día comienza a chatear con un adolescente (Germán Alcarazu).

CINEMANÍA ha charlado con la actriz madrileña sobre esta película y su dilatada trayectoria.

Tu personaje en El doble más quince es una mujer que se replantea sus sueños, deseos y anhelos. ¿Te identificas en eso con ella?
No, porque afortunadamente no estoy tan perdida, ni tengo la vida que tiene ella. ¡Pero entiendo tanto lo que le pasa a Ana! Y cómo un día decide hacer un paréntesis y arriesgarse…

Dices que fuiste muy feliz rodando el filme en Bilbao. ¿Cómo se sobrevive a un rodaje infernal?
Mira, son tantas mis pelis y he vivido tantos tipos de rodaje que cuando un rodaje es malo, es tan malo que te come la energía. Te desanima tanto y es tan duro, además, que cuando hay un rodaje feliz no hay para mí nada que se le parezca. Es como el campamento del verano, o el patio del recreo del colegio. Es felicidad, ¡pero felicidad al cubo!

¿Qué haría tú si te enchocharas por un adolescente?
Ostras, ¡sería un problema! A ver, que también puedes tener cincuenta años y tener una mentalidad de mierda e inmadura, y que un chaval de diecisiete te dé mil vueltas. Pero al final, por cosas lógicas de la vida, llega un momento en que eso se separa, porque uno tiene que vivir eso que no ha vivido y tú ya has vivido. Sería muy complicado, y mejor que no me pase. Yo tengo mi vida solucionada en ese sentido [Verdú lleva casada dos décadas con el productor Pedro Larrañaga] y estoy muy tranquila, así que ni me lo planteo.

Tienes una gran escena de cama con Germán Alcarazu. ¿Ya pasó a la historia entonces lo de darse el lote con Resines, Coronado y compañía?
Sí, sí. Yo, ahora, solo con gente joven [ríe]. No, me encantaría volver a trabajar con Resi y con José. Pero a mí lo que me gusta es poder estar un poco en los dos lugares, trabajar con clásicos y con gente nueva. E igual con los directores.

Hacía tiempo que no te desnudabas en una película. ¿Te sigue dando pudor?
Muchísimo. Pero confiaba tanto en Mikel que sabía que no iba a haber ningún problema. Él me mandó la escena cuando la montó, para que yo la viera, y le dije ‘Jo, se me ha hecho corta de lo cuidada que está’.

Esta es una película con un presupuesto pequeño. ¿Cómo ves el futuro del cine de autor en nuestro país?
Lo veo muy mal. Me parece que los productores que hacen pelis como Lo que arde, que saben que la va a ver poca gente, son unos verdaderos héroes. Pero creo que esto está abocado a terminar, aunque ojalá siga habiendo valientes que nos regalen cine que nos haga pensar y reflexionar.

Bigas Luna, con quien rodaste Huevos de oro, dijo que eres la actriz que mejor llora del cine español. ¿Algo que se te dé de pena?
¡Correr! Tú no sabes cómo corro yo… ¡Lo hago ridículo! Me tienen que hacer primeros planos, porque no sabes lo que soy… En Fin, la peli que hice con [Jorge] Torregrossa, teníamos que correr todo el rato porque nos perseguían todo tipo de animales, y no sabes cómo me costó. Ricardo Franco, en El sueño de Tánger, la primera peli que hice con él, me imitaba y yo me partía de la risa. Él fue el primero que me dijo ‘¡Amor, es que no sabes correr!’.

Dos premios Goya a la mejor actriz, ¿son muchos o pocos, teniendo en cuenta los años que llevas en esto?
Yo estoy muy contenta y satisfecha. He tenido nominaciones, que ya es la bomba, y dos Goya, ¡cada cinco años, además! Me dieron el primero [por Siete mesas de billar francés, de Gracia Querejeta] y, a los cinco años, el siguiente [por Blancanieves, de Pablo Berger].

Empezaste anunciando preservativos y acabas de convertirte en chica Juanola. ¿Da esto de la publicidad para vivir bien?
Es un complemento, simplemente. Un complemento que nos ayuda a los que nos dedicamos a esta profesión y hemos decidido trabajar aquí, o en el cine iberoamericano que es mi vida. Pero vamos, que trabajas en Hollywood y también tienes que tener ayudas complementarias.

“Con la edad ganas conocimiento, y ganas miedos e inseguridades”. ¿Te acojona el paso del tiempo?
Hubo una época, recién cumplidos los 47, en la que tuve una crisis. Ya se me pasó. He trabajado mucho la cabeza para eso.

Alguna vez comentaste que te daban terror las agujas y te mostrabas reacia al bisturí. ¿Lo sigues siendo?
Creo que uno tiene que intentar luchar contra sus inseguridades y miedo. Y si pasando por lo que tengas que pasar te sientes más segura, pues fenomenal. Yo quiero intentar aguantar. Y creo que lo voy a hacer, porque tengo mucha gente a mi alrededor con la cabeza bien puesta. Es que somos actrices. Es decir, yo quiero poder hacer a los 50 de una tía de 50, y a los 70 de una de 70. No puedes hacer de una de cincuenta y que parezca que tiene veintisiete. Es absurdo y va contra natura. En eso, las mujeres estamos expuestas y sometidas a mucha presión. Mira Coronado, que está estupendo. Sin embargo, cuando se trata de una mujer enseguida se dice ‘uy, mira qué vieja está y cuántas arrugas tiene’. Es muy duro y hay que estar en nuestra piel para verlo.

También te escuché decir que no te considerabas inteligente, sino lista. ¿Lo sigues pensando?
Ya no. Yo tengo una inteligencia, que es la emocional, que me parece la más importante.

¿Y qué te ves haciendo con el doble menos quince años?
Haciendo qué no lo sé. Pero sí sé dónde, en mi casa de la playa. Y ya lo he hecho, además. Cuando volví de rodar El faro de las orcas dije ‘ya no quiero vivir aquí’. Y yo solo vengo a Madrid, prácticamente, cuando tengo que trabajar. Quiero priorizar en mi vida.

¿Eres de esas que esperan morir sobre un escenario?
No. Yo, si puedo permitírmelo, no lo haré.

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