‘Marianne & Leonard: Words of Love’: ¿Quién fue la musa de Leonard Cohen?

El documental de Nick Broomfield inmortaliza a la mujer que inspiró ‘So Long, Marianne’ y otras canciones del músico

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14 de mayo de 2020

Aunque ahora parezca muy lejano hubo un tiempo en el que las musas estuvieron de moda. Una generación leía Rayuela y quería ser la Maga, escuchaba Nirvana y quería ser la novia de Kurt Cobain, etc. Afortunadamente, ese tiempo pasó (aunque Darren Aronofsky no se haya enterado) y las mujeres ya no queremos inspirar a nadie más que a nosotras mismas. Quizás por eso resulta tan contradictorio el visionado de un documental como Marianne & Leonard: Words of Love, en el que el director Nick Broomfield intenta hacer justicia a la musa de Leonard Cohen, la mujer que inspiró So Long, Marianne, Hey, That´s No Way to Say Goodbye o Bird on the Wire.  

El documental aborda con preciosísimas imágenes de archivo la historia de amor de Cohen y Marianne Ihlen desde que se conocieron en Hydra, en los 60, cuando ella huía de un marido agresivo y él quería hacer carrera como escritor. Allí, en la isla griega donde artistas de todas las disciplinas practicaban el amor libre y el consumo desenfadado de drogas psicotrópicas, la pareja inició un idilio que duraría ocho años con idas, venidas, rupturas, larguísimas separaciones y otros amantes. 

“Era su musa griega, ahí sentada a sus pies. Y él era el artista dice la voz en off de Marianne sobre aquellos primeros años en Grecia–. El primer año en Hydra fue fantástico. Él no paraba de escribir y yo hacía los recados y la compra”. Sin embargo, más adelante, refleja cierto complejo por no ser artista en una comunidad donde todos lo eran. “En una ocasión en la que me preguntaron que a qué me dedicaba dije que mi arte era mi vida”, recuerda avergonzada. 

Marianne & Leonard: Words of Love es también el retrato de una época perdida. Los años 60, años de libertad y playas paradisiacas, LSD, artistas bohemios y amantes que se solapaban. Es también la historia de los estragos de esa generación, de los hijos que crecieron en la libertad más absoluta y acabaron muriendo de sobredosis, suicidándose o internados en un psiquiátrico, como el hijo de Marianne. 

¿Acaso esto es una canción?
Cohen escribió en Hydra la novela Hermosos perdedores, pero las críticas negativas lo disuadieron de continuar con su carrera como escritor. De vuelta a América se presentó ante Judy Collins. Estaba inseguro con una canción que acababa de componer, no sabía si aquello podía considerarse una canción. Era Suzanne. Fue Collins quien le convenció para seguir componiendo y, sobre todo, para cantar delante de un público. 

Y lo que fue el comienzo de una estrella supuso el fin de una historia de amor. Marianne, que había esperado paciente el regreso de su amante, recibió un telegrama: “Tengo una casa. Ahora necesito a mi mujer y a su hijo”. Todavía en los 60, la noruega y su retoño se trasladaron a Nueva York y se instalaron en un piso que Cohen compaginaba con el hotel Chelsea, donde compuso la famosa canción que, supuestamente, habla de Janis Joplin. No era la única de las amantes del cantante que, como el documental insiste en señalar, era un mujeriego, un seductor. 

El documental incorpora muchas reflexiones de Marianne Ihlen sobre su relación con Cohen. “Sufrí tanto que pensé en el suicidio. Quería meterlo en una caja con llave y tragármela”, explica de los momentos que precedieron a su rupturaEs fácil preguntarse por qué la película no incorpora reflexiones semejantes de Leonard Cohen, más allá de sus preguntas retóricas ante el público de sus conciertos: “¿Está aquí Marianne?”Algunas personas cercanas manifiestan en sus entrevistas lo importante que fue su primer amor en la vida del canadiense, pero ahí el documental toma una decisión cuestionable para justificar que los dos nombres de la pareja estén en el título.  

Marianne y Leonard
Por un lado, nos cuenta cómo fue la vida Cohen, su perpetua huida hacia delante, su obsesiva relación con el afecto de las mujeres, su abuso de las drogas en los conciertos, su época en un monasterio budista, sus problemas con la fama, el atraco de su manager y su resurgir en los últimos años de su vida a través de múltiples y exitosas giras. Sin embargo, como retrato del artista resulta algo vago. Se pasa por encima de cuestiones como su madre – “estaba como una cabra”, dice una amiga del músico sin entrar en más detalles– o su eterna depresión –“vivía en la oscuridad”, dice un compañero de su banda– que quizás un documental en exclusiva sobre él hubiese podido explorar en profundidad.  

Por supuesto, están sus canciones, su música, sus conciertos, su poesía, todo por lo que adoramos a Leonard Cohen. Mientras tanto, lo que sabemos de Marianne Ihlen es que sufrió mucho tras la ruptura con el cantante y que volvió a Olso donde se casó con un noruego, ejerció de madrastra de sus hijos y trabajó de secretaria. “Fue al volver a casa cuando se encontró a sí misma –dice su biógrafa–. Hasta entonces no había sabido quién era porque siempre se había visto a través de los ojos de los demás”. 

Marianne & Leonard: Words of Love termina con el último concierto de Cohen en Oslo al que Marianne acudió invitada por el artista. Un zoom la muestra cantando las canciones de memoria y sonriente. Pero ni eso ni la emotiva carta de despedida de Cohen impiden que pensemos lo evidente. Que, como en el amor libre, entre los dos, Marianne y Leonard, hubo uno que ganó y otro que perdió.

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