‘El mago de Oz’ y el colectivo LGTBIQ+: una historia de amor y simbolismo

La fantasía musical de 'El mago de Oz' ha tenido una gran influencia dentro del colectivo LGTBIQ+ por muchos motivos. Recordamos los detalles más evidentes.

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28 de junio de 2020

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  • El 25 de agosto de 1939 (1 de marzo de 1945 en España) se estrenaba en los cines y teatros estadounidenses una película que, aún sin saberlo ni esperarlo, cambiaría las vidas y valores no ya solo de un colectivo (por entonces desorganizado), sino de una sociedad.

    El mago de Oz, originariamente una novela infantil escrita por L. Frank Baum en 1900 con el título de El maravilloso mago de Oz, fue producida por la Metro-Goldwyn-Mayer en Technicolor a modo de musical fantástico.

    Contó con un reparto joven y prometedor que llevaría a la fama mundial a la gran Judy Garland en, podemos decir con libertad, el papel más importante de toda su carrera. La consagró no solo como actriz, sino como un verdadero icono en más de un aspecto, interpretando a la joven, influenciable y adorada Dorothy Gale.

     

    La inocencia interpretada

    A simple vista, tanto la novela como la película tienen un argumento sencillo, repetido en innumerables cuentos anteriores que concierne gestas y búsquedas de autoconocimiento.

    De esta manera, el filme nos presenta a una adolescente de un triste y tedioso pueblo de Kansas que es arrastrada por los aires junto a su perro Toto en un torbellino que los transportará al mundo de Oz, donde encontrará al Espantapájaros (Ray Bolger), al Hombre de Hojalata (Jack Haley) y al León Cobarde (Bert Lahr).

    Trabará amistad con ellos y la ayudarán a llegar a la ciudad Esmeralda, donde reside el gran Mago de Oz (Frank Morgan), quien aparentemente tiene el conocimiento y el poder de ayudar a nuestra joven protagonista a regresar a su hogar.

    En esta odisea encontrará a la antagonista de su cuento de hadas, la malvada bruja del Oeste (Margaret Hamilton), quien se interpondrá constantemente entre Dorothy, sus amigos y la ciudad Esmeralda, con el objetivo de acabar con nuestra protagonista. Aunque también al hada buena del Norte, Glinda (Billie Burke), que la ayudará y guiará con sabiduría.

    ¿Qué fue lo que ocurrió, lo que influyó, lo que miles de espectadores vieron en esta película para que se convirtiera en el icono cinematográfico LGTBIQ+ más grande del cine occidental?

    Pues bien, 1939 no era, digamos, la mejor época en EE UU para salir abiertamente del canon heterosexual normativo establecido. Tampoco en la España de 1945. Tristemente, el colectivo LGTBIQ+ ha tenido que buscar a lo largo de la historia la manera de reconocerse entre sí sin levantar demasiadas sospechas, sin ser fácilmente identificados o etiquetados de las maneras más brutales posibles.

    Esta película, su contenido, sus metáforas y analogías, sus dobles sentidos de frases, canciones y acciones supusieron un código secreto en un principio, y expuesto al mundo entero con el pasar de los años, que a día de hoy, es digno de estudio.

    Hay quien dirá que todo lo que viene a continuación son meras casualidades, que se lleva todo al extremo o que simplemente el argumento es más inocente y menos rebuscado de lo que plantearemos ahora. Pero un dato más: los autores del guión fueron Florence Ryerson, Noel Langley y Edgar Allan Woolf. Este último, descrito en su momento por Samuel Mars, escritor y productor de la Metro-Goldwyn-Mayer, como “un salvaje y pelirrojo homosexual”. Que cada uno interprete esta información como más le plazca.

     

    Salir del sepia al color

    La película comienza mostrándonos, en un triste y neutro tono sepia, el reducido mundo de nuestra protagonista Dorothy. Parece no encajar en su realidad, rodeada de campo y grandes extensiones, en el seno de una familia tradicional granjera liderada por su tío Henry y su tía Em. Ella busca algo más, un lugar más apacible, “bajo el arcoíris (Somewhere over the rainbow)”, que le proporcione todos los sueños y el bienestar deseado.

    Entonces, un viento huracanado la arrastra junto a su perro Toto por los aires y acaban aterrizando en un mundo de colores al más puro estilo kitsch. Desde que la puerta de la casa es abierta, queda clara una cosa por encima de todo: ya no están en Kansas.

    A Dorothy, aún sin salir de su asombro, se le presenta Glinda, el hada buena del Norte, quien anima a los habitantes de Munchkinland (Pequeñilandia en la versión española), a salir (“come out, come out”, otra manera de decir “salir del armario” en inglés) de sus escondites y agradecer a nuestra protagonista que les haya liberado, con su llegada, de la malvada bruja del Este.

    Igualmente, Glinda aconseja a Dorothy que para proseguir su camino de regreso a casa debe seguir el camino de baldosas amarillas y obsequiará a nuestra protagonista con los chapines de rubíes que pertenecieron a la recientemente fallecida bruja del Este, hermana de la villana de este cuento. Estos zapatos protegerán a Dorothy en su camino y le ayudarán en su búsqueda.

     

    Amigos en quienes apoyarse

    Como decíamos, el Espantapájaros será el primer acompañante de Dorothy y Toto. Frente a la indecisión de Dorothy por proseguir, este le indica: “Unos siguen este camino (señalando a la izquierda), otros siguen el otro (señalando a la derecha) y hay gente que unas veces va por un camino y otras veces por el otro (señalando ambas opciones)”.

    Es más que evidente las suposiciones que pudo generar en el colectivo esta frase del guión, sugiriendo que tal vez todo fuera más ambiguo y relativo de lo que se creía.

    Ambos continuarán su marcha hasta encontrarse con el segundo integrante de este peculiar y pintoresco grupo, el Hombre de Hojalata, el cual, debido a una tormenta ha quedado atrapado en su propio cuerpo al no poder moverse por falta de lubricación.

    Tras ayudarlo, este reciente amigo agradece la ayuda prestada y les confiesa que dentro de su coraza, su interior está vacío, ya que no posee corazón alguno, y por ende, sentimientos. Es entonces cuando el Espantapájaros, que en principio acompaña a Dorothy a la ciudad Esmeralda para pedirle al Mago que le de un cerebro, sugiere al Hombre de Hojalata que este mismo podría pedirle al gran Mago de Oz un corazón con el que llenar su vacío.

    ¿Cómo no relacionar al hombre sin corazón con la negación de los sentimientos que han tenido que hacer a lo largo de los siglos aquellos que han amado a personas de su mismo sexo o se han sentido disconformes con su género?

    El tercer acompañante será el León Cobarde, quien fallando estrepitosamente en asustar a los tres amigos, confesará su falta de valor y su miedo a todo lo que lo rodea, cualidad algo distorsionada en la naturaleza del animal por excelencia. ¿A caso no se debe apelar al valor para ser uno mismo sin tener miedo al rechazo o al fracaso? Y más aún, ¿puede una persona sin coraje aceptarse?

    Los cuatro marcharán felices por haberse encontrado y cantando alegremente seguirán el camino de baldosas amarillas, teniendo como objetivo la adquisición de la razón, los sentimientos, el coraje y el regreso al hogar. Cuatro personajes de una peculiaridad atípica, saliéndose de lo establecido como “normal”, quienes se apoyarán mutuamente y se aceptarán los unos a los otros con empatía y cariño.

    “Es imposible ser gay, ver la película, el momento en el que los personajes se encuentran y caminan juntos y no pensar en el momento en el que uno empezó a tener una pandilla de amigos homosexuales o fue por primera vez a un bar gay”, relataba en una entrevista para El Mundo Alejandro Melero, coautor del libro El mago de Oz. 80 años más allá del arcoíris (Editorial Notorious, 2019).

     

    La simbología de ‘El mago de Oz’

    Habiendo llamado la atención de todos los públicos, El mago de Oz comenzó a destacar años después de su estreno en círculos más cerrados y secretos. El clima político y social en EE UU a lo largo de los años 60, la muerte de Judy Garland el 22 de junio de 1969 y días más tarde, los disturbios que la policía generó en el famoso club del Greenwich Village, Stonewall Inn (el 28 de junio), junto con las protestas que le siguieron los días posteriores, provocaron que la relación entre la película y el colectivo LGTBIQ+ fuera aún más próxima.

    Somewhere over the Rainbow fue cantada en el funeral de Judy Garland en Nueva York y se dice que fue la letra de la canción lo que inspiró la creación de la bandera arcoíris, diseñada años después por Gilbert Baker (en 1978) con la idea de que en algún lugar existiera un futuro mejor, bajo el arcoíris, siendo uno mismo.

    Por entonces también se habían generado una serie de claves secretas para identificarse entre el colectivo con el objetivo de evitar ser discriminados o agredidos. La expresión “¿eres amigo de Dorothy? se convirtió en una de las más populares como signo de identificación.

    También se dice que esta estaba relacionada con la escritora Dorothy Parker, la cual era, entre otras muchas cosas, conocida por sus famosas fiestas y atmósferas rebosantes de amigos de todas las inclinaciones sexuales.

    Asimismo, en 1973 salió al mercado el séptimo y más vendido album de Elton John, Goodbye Yellow Brick Road, en honor a la película y a la diva Garland, fallecida cuatro años atrás. Este trabajo daría nombre al single del álbum, convirtiéndose en una de las canciones más famosas y solicitadas del artista británico.

     

    Regresando a Oz

    Volviendo a la película, cuando sus protagonistas llegan a la ciudad Esmeralda y descubren la farsa que envuelve al Mago de Oz, el hombre tras la cortina, aquello también se relacionó con el secretismo de ocultar la propia sexualidad. La mentira que se debía mantener para salvaguardar la imagen y opinión pública o coloquialmente expresado, el hecho de “permanecer dentro del armario”.

    Igualmente, la ciudad entera es una urbe de color verde, como la piedra preciosa que le da nombre, aunque también el color de los ropajes de sus ciudadanos fue relacionado con el código secreto de vestimenta entre homosexuales desarrollado a lo largo del siglo XIX como forma de identificarse los unos con los otros.

    Finalmente, Dorothy descubre que el poder de los chapines de rubíes que ha calzado durante toda su travesía no podía ser utilizado hasta que ella comprendiera y asimilara que solo ella misma podía resolver la situación. Su poder, su magia había permanecido durante todo el tiempo dentro de ella y solo tenía que percatarse de esto para poder volver a casa. ¿No es acaso un mensaje de fidelidad hacia una misma sea en los términos que quiera ser comprendido?

    En definitiva, El mago de Oz es una película repleta de simbología que puede interpretarse de mil y un maneras diferentes. El colectivo LGTBIQ+ vio multitud de similitudes y se sintieron identificados con ellas, pero su influencia se extiende por muchos otros aspectos de la cultura del siglo XX.

    Es por ello que ha sido catalogada como ‘La película más influyente de la historia’ por un estudio realizado en 2018 en la Universidad de Turín. Según se afirma en él, El mago de Oz contiene las referencias más citadas, las canciones más famosas, la simbología más utilizada y las metáforas más recurrentes de la historia del cine, la televisión o la literatura.

    No es casualidad por tanto que nos venga a la mente constantemente. Solo podemos agradecer que fuera tan maravillosa como la crearon y que a día de hoy podamos seguir identificando estas referencias y dobles sentidos tomándonos la libertad de interpretarlas a nuestro gusto. Es y será siempre una película que trascenderá en el tiempo y que jamás dejará de ser un icono para todos los públicos.

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