Los siete pecados capitales del cine español

Que el cine de este país está en crisis desde que nació es un lugar común ineludible, pero ¿por qué lo vemos todo tan negro? A continuación, unas cuantas respuestas. Por JAVIER OCAÑA

09 de marzo de 2011

[NOTA: Cuando CINEMANÍA publicó este reportaje, en su número 162 (marzo 2009), el cine español estaba en crisis. A fecha de hoy, dos años más tarde, sigue estándolo, por lo que este monumental repaso a sus vicios permanece vigente. Por eso lo rescatamos de nuestros archivos, confiando en que os interesen estas propuestas que, como indicó entonces su autor, no agradarán a nadie… Salvo al público.]

Cierto que hemos dejado atrás muchos tabúes, y que ahora se prosucen películas de todo tipo. Cierto que hay no menos de una veintena de directores de los que siempre apetece ver su próximo trabajo. Cierto que en la última década se han incorporado, año a año, un número suficiente de realizadores como para confiar en el relevo. Cierto que el nivel técnico ha subido de forma harto visible. Y sin embargo… hay años en los que casi todo falla. Como este 2008, en el que, a falta de pan, buenas son tortas.  

Camino, una película desequilibrada, con ciertos momentos deslumbrantes y otros casi sonrojantes (¡esa dualidad equívoca entre la obra de teatro y la Obra del Opus!), innecesariamente sádica, pero desde luego valiente y muy original respecto de las temáticas habituales de nuestro cine, ha sido la gran triunfadora de los Goya. Visto lo visto, casi se lo merecía. De modo que, pongámonos firmes, que hasta aquí han llegado los elogios. Sí, es apenas un párrafo de un puñado de líneas y lo que viene detrás más de 2.000 palabras, pero es que estamos ante un reportaje sobre el lado oscuro del cine español. Las luces estaban en las páginas de atrás. Por cierto, 2.000 palabras dedicadas a los sufridos espectadores, pero también a los no menos sufridos profesionales del cine español.

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1 .- AUSENCIA DE AUTOCRÍTICA

Llevamos años echando balones fuera: que si el cine americano barre con el monopolio de las salas, que si la piratería, que si las televisiones no aportan, o no compran, o no emiten, que si hay una campaña mediática en contra del cine español… Probablemente todo ello tenga algo de cierto, aunque sólo en parte. Por eso habría que empezar a mirar algo más hacia el producto en sí y hacia su estilo de comercialización, y analizarlo a fondo. Echarle la culpa a la piratería, sin más, es hacer un análisis restrictivo. No nos engañemos, la mayoría de las películas que se baja la gente en internet no son españolas. Y, si lo son, hablamos precisamente de las pocas que han tenido éxito a lo largo del año. Si alguien puede quejarse de piratería son los responsables de El orfanato, Los crímenes de Oxford o Mortadelo, Almodóvar, Amenábar… Precisamente los que ya de por sí ganan dinero. Las cifras de bajadas de las demás películas (las que están en el ránking de taquilla entre el puesto siete y el 170) son insignificantes en comparación con su venta de entradas, o directamente nulas. En los últimos días parece haber cambiado la estrategia de la industria y de la Academia en contra de la piratería.

Visto que de momento parece imposible cortar el goteo de bajadas con normas legales o con restricciones técnicas (no sólo aquí, en todo el mundo), se empieza a reclamar a las operadoras de telefonía una especie de canon: “Es injusto que nosotros pongamos el producto, y ellos recojan el dinero”, vino a decir la [entonces] presidenta de la Academia, Ángeles González-Sinde, en la ceremonia de los Goya. Pero, ¿quién y de qué modo hará el recuento de las bajadas de las películas y, sobre todo, quién y cómo efectuará el reparto posterior del dinero aportado por las compañías? Nadie discute que todos los años habrá un puñado de películas que serán un éxito en los cines (entre cinco y ocho, no más). El problema es qué ocurre con las 160 restantes.

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En la imagen, Penélope Cruz, Woody Allen y Rebecca Hall en la presentación en Venecia de Vicky Cristina Barcelona.

2 .- SE PRODUCEN DEMASIADAS PELÍCULAS

Esta afirmación viene resonando desde hace años entre las (pocas) voces autocríticas del sector, ya sea desde organismos oficiales o desde la propia industria. Y, sin embargo, se siguen haciendo demasiadas películas para que el espectador pueda, no ya verlas, sino incluso asimilarlas. Santiago A. Zannou, premio al mejor director novel de este año [2010] gracias a El truco del manco, dejó caer en su discurso de agradecimiento una perla: “Yo he visto 66 películas españolas este año”, y recalcó, “en las salas de cine”. Con ello venía a denunciar que pocos profesionales de la industria pueden presumir este año de haber pagado tanto por ver su propio cine. Dejaba entrever algo así como: “Menos quejarnos de que los demás no ven nuestro cine y apliquémonos el cuento nosotros”. Ante todo esto sólo cabe una reflexión: si a pesar de que es obvio que se producen más cintas de las debidas, éstas acaban produciéndose, es que hay dinero para hacerlas. Luego la crisis del cine español es sólo de venta del producto, y no de liquidez para fabricarlo.

Este año [2009] optaban a las candidaturas de los Goya un total de 164 películas. Desde 1999, hemos ido creciendo paulatinamente hasta las 172 de 2007, y las ya citadas 164 de 2008. De las del curso recién finalizado, sólo cinco han pasado del millón de espectadores: Los crímenes de Oxford, Mortadelo Filemón: Misión salvar la Tierra, Vicky Cristina Barcelona, Che, El Argentino, y Astérix en los Juegos Olímpicos. Es estupendo que hayamos traído a Woody Allen o a Steven Soderbergh para intentar ganar dinero nosotros, pero la mayoritaria presencia de coproducciones entre las favoritas del público de este año parece un dato indicativo. En el puesto 20º aparece Todos estamos invitados, de Manuel Gutiérrez Aragón, con 153.00 espectadores y una recaudación de 844.000 euros. Y por debajo de ésta aún habría nada menos que 140 películas. El coste medio de una producción en España es de entre 2,5 y 3 millones de euros.

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Fernando Fernán Gómez, una de las voces autorizadas del cine español y fallecido en noviembre de 2007.

3 .- FALTA DE REFERENTES ÉTICOS E INTELECTUALES

Las muertes de Fernando Fernán-Gómez y Rafael Azcona han sumido al cine español en un páramo de referentes culturales y éticos. Entre los cineastas en activo (y tras el paso a un lado de Elías Querejeta, que ya no produce tanto como antes), quizá sólo Jaime Rosales parezca dispuesto a ejercer de bandera de un determinado cine, de un determinado arte. Es evidente que su estilo ya tiene seguidores, pero entre ellos domina más la impostura y la imitación que el verdadero recorrido ideológico. ¿Quiénes son los grandes tótems del cine español de hoy? Indudablemente, Pedro Almodóvar y Alejandro Amenábar. Sin embargo, y a pesar de que el primero produce de vez en cuando a otros directores, y el segundo va a apadrinar el debut en el largo del cortometrajista Óskar Santos, ninguno de los dos parece querer acarrear con la bandera de la capitanía de un equipo determinado de artistas.

De hecho, en las entrevistas a fondo con la mayoría de grandes directores del cine español, cuando surge la oportunidad de alabar o engrandecer la obra de alguno de sus compañeros de tareas, son pocos los casos donde alguien verdaderamente se moje, con nombres y apellidos, y argumentos creíbles más allá del lugar común, en defensa del talento de una determinada persona o de la creatividad de tal o cual película. No se les exige, pero de vez en cuando no estaría mal oír hablar a alguien grande del saber hacer de alguien, de momento, pequeño.

La industria española se ha permitido el lujo en la última década de prescindir del trabajo de gente como Víctor Erice o Basilio Martín Patino, verdaderos intelectuales, grandes polemistas sobre la realidad cinematográfica, social y política que les circunda. Además, las productoras no parecen estar dispuestas a (quizá, ni siquiera interesadas en) incorporar a la industria del cine a grandes nombres de otros ámbitos cercanos (la novela, el teatro). Mientras en el Reino Unido o Francia gente como Peter Morgan (El desafío: Frost contra Nixon), Sam Mendes (Revolutionary Road), Tom Stoppard (Rosencratz y Guildestern han muerto), Nick Hornby (Alta fidelidad), Hanif Kureishi (Mi hermosa lavandería), Michel Houllebecq (Plataforma) o David Hare (El lector) han acabado comprometidos de una u otra forma con el cine, en España parecemos incapaces de implicar a nadie de las características de éstos, e indudablemente cinéfilos, en la realización de un guión y en su defensa durante la tarea de promoción. Y no parece sólo cuestión de dinero.

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 Javier Bardem en una escena de la película de Fernando León de Aranoa Los lunes al sol.

4 .- EL ‘BUENISMO’ DE CIERTO CINE SOCIAL

Solas, El Bola, Los lunes al sol, Te doy mis ojos y algunas otras han demostrado en la última década que el cine español puede retratar la realidad social que le circunda con convicción, garra, verosimilitud y conciencia crítica. Sin embargo, a pesar de fabulosas excepciones, como La soledad, la inmensa mayoría del último cine social español se ha cubierto de una capa de buenismo melifluo y acrítico. Guionistas y directores se adentran en una determinada lacra social con el heroísmo de sus criaturas como única bandera.

Los personajes suelen ser blancos o negros, sin esa gama de grises que domina la existencia. En lugar de investigar un tema para encontrar respuestas desde una perspectiva lo más limpia posible, las conclusiones sobre la culpabilidad siempre parecen previas, y la historia en sí, un juicio paralelo. Las películas recientes sobre la Guerra Civil son cada vez más maniqueas y la condescendencia domina en perjuicio de lo turbio, de lo discutible. Si se piensa en algunas de las mejores películas socio-políticas europeas recientes (4 meses, 3 semanas, 2 días; La clase, La vida de los otros, El hundimiento, Gomorra…), en ninguna de ellas los personajes más positivos son simples almas cándidas ajenas a cualquier cuota de culpabilidad en el desastre.

5 .- PELÍCULAS QUE VAN DE UNA COSA Y LUEGO OFRECEN OTRA

Abundando en el pecado anterior, parece obvio dónde reside el secreto del éxito de películas (y novelas) como El niño con el pijama de rayas: en aspirar a seducir a todo tipo de público gracias a un cuento que lo mismo puede agradar a un niño de diez años que a un señor de 80. Hacer una película para el llamado gran público es tan legítimo como hacerla para un puñado de trascendentes. Lo malo es ir de una cosa, por ejemplo de autor comprometido, y luego ofrecer un rosario de lugares comunes sobre la prostitución, la inmigración, la drogadicción, el paro o la soledad. Porque entonces acudirán al cine sólo quienes busquen un cine comprometido, para encontrar en él el más absoluto vacío.

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Fotograma de la película El orfanato, ejemplo de cine español con éxito en la taquilla extranjera y española.

6 .- PELÍCULAS QUE SE PARECEN A OTRAS PELÍCULAS

Desde luego que éste es un mal no exclusivo del cine español, pero cada vez se impone más entre las productoras el concepto “hagamos un orfanato” (que, por cierto, ya se parecía a otras películas), en lugar de luchar por una verdadera creación. Si hay un sector en España que parezca en decadencia éste es el de los guionistas. ¿Por qué? Entre otras cosas porque, teniendo en cuenta el trabajo que hacen, son los peor pagados.

¿Hay pocos grandes guionistas porque están mal pagados y huyen hacia otros territorios (la tele), menos glamurosos pero más eficientes de cara al pago? Es evidente que, mientras técnicamente el cine español ha mejorado muchísimo con la incorporación de nuevos valores de la realización o la fotografía, en el aspecto más básico de la tarea, el de construir la historia, no hemos mejorado tanto (o nada). Entre otras cosas por la cabezonería de las productoras que intentan imitar éxitos inimitables. La fórmula del éxito no la conoce nadie (ni siquiera los bancos, que entonces harían cine en lugar de prestar pasta), pero, como decía Joseph L. Mankiewicz (ya saben, Eva al desnudo, La huella, un grande entre los grandes): “Si te pones a hacer una película buena y no te queda bien, al menos tu intención era que fuese buena. Pero si pretendes hacer una mierda para ganar dinero, y luego no lo ganas, sólo te queda la mierda”.

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Un momento de El laberinto del Fauno, producción de Guillermo del Toro con participación española.

 

7 .- AUSENCIA DE ESTRATEGIAS DE VENTA MÁS ALLÁ DE LO OBVIO

Buena parte de las películas que mejor han funcionado en taquilla en los últimos años (El laberinto del fauno, Alatriste, El orfanato, Los crímenes de Oxford) venían apoyadas comercialmente por las teles, obligadas por ley a invertir en nuestro cine. Pero, cuando no existe esa maquinaria publicitaria detrás, ¿cuáles son los métodos para picar el gusanillo del consumidor? Las de siempre (en el mejor de los casos): rueda de prensa, entrevistas y sesión de fotos con los autores y protagonistas, y a esperar que periódicos y televisiones se dignen a ofrecer un espacio respetable en su secciones de Cultura (que, con la crisis y el ahorro de papel, son cada vez menos amplias); unos cuantos anuncios en la prensa con el cartel de la película (normalmente poco cuidado en cuanto a diseño), y, quizá, el apoyo de un par de frases más o menos rimbombantes de algún especialista (lo mismo vale el crítico más prestigioso que cualquier juntaletras que haya escrito algo elogioso en el medio más infumable). Y esto, en el mejor de los casos.

Demasiadas veces se estrenan cintas sin promoción simplemente porque los productores no reservaron una partida para ese gasto. El objetivo de demasiadas del largo centenar de cintas estrenadas cada año parece ése, estrenarse. Cada semana, el programa de cine de La 2 Versión
española,
con la emisión de una película (normalmente) de la temporada anterior, consigue audiencias medias de entre el 4% y el 10%, quizá una nimiedad si lo comparamos con los registros de las series más exitosas. Sin embargo, si lo traducimos a televidentes, hablamos de entre 400.000 y 800.000 espectadores, lo que sería un gran éxito de público en las salas. El reto es levantar del sillón a ese televidente fiel de cine de español y llevarlo a los cines.

 

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