Los mejores papeles de John Candy

Durante una carrera breve, pero intensa, el actor canadiense nos hizo reír a carcajadas con su talento y bonhomía.

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04 de marzo de 2020

Tenía fama de ser uno de los tipos más amables de Hollywood, algo que tal vez se debiera a que nació en Canadá. Y, durante una carrera breve pero intensa, John Candy demostró que podía convertir al mayor deshecho humano en un personaje entrañable gracias a su talento y su bonhomía. El 4 de marzo de 1994, cuando murió con solo 43 años, el actor dejó una filmografía considerable (68 títulos entre series, programas televisivos y películas), muchos amigos que le lloraron amargamente (entre ellos, John Hughes Rick Moranis) y unas cuantas muestras de rara integridad, como cuando rechazó las ofertas para entrar en el Saturday Night Live para no traicionar a sus compañeros del programa Second City Television. 

Pero no nos pongamos fúnebres: si por algo recordamos hoy en día a John Candy es por el rastro de carcajadas que dejó en la pantalla. Así pues, ya que vamos a homenajearle, mejor dejar constancia de seis roles en los que nos hizo reír (y uno en el que, bueno, quizás no tanto).

El pelotón chiflado (1981)

Tras haberse curtido en su Canadá natal, y tras sus papeles secundarios en Granujas a todo ritmo 1941, entre otras, Candy ya no era un desconocido para el público estadounidense. Y, en este equivalente yanqui de Historias de la puta mili, revalidó su naciente popularidad codeándose con Bill Murray y Harold Ramis (entre otros) como el soldado Oxberger (es decir, “ox burger”, “hamburguesa de buey”). Su personaje era, seguramente, el miembro menos sociópata del pelotón que da título al filme, cimentando su imagen de gordito entrañable.

Un, dos, tres… Splash (1984)

Una de las grandes virtudes de Candy como actor era interpretar a personajes despreciables de todo punto, pero que acababan ganándose el cariño del espectador. Por eso uno de sus proyectos soñados fue protagonizar una adaptación al cine de La conjura de los necios, y por eso su rol de Freddie, el hermano salidorro de aquel Tom Hanks tan lechuguino y remojado, está entre lo mejor de esta comedia. Mientras Hanks se deja sumergir por la sirena Daryl Hannah (cómo culparle), John triunfa con escenas como aquella en la que demuestra lo bien que vienen las pelis porno para aprender idiomas (concretamente, el sueco).

El gran despilfarro (1985)

¿Walter Hill dirigiendo una comedia ochentera? ¿El mismo Walter Hill de Driver Límite: 48 horas? Pues sí, y sus protagonistas fueron un Richard Pryor a punto de despeñarse desde lo alto de una piedra de crack y un Candy en plenitud de facultades. El primero interpreta a un jugador de béisbol obligado a gastar 30 millones de dólares en un mes (en las pelis de los 80, las herencias eran así), y el segundo como un compañero de equipo capaz de convertir cualquier situación en un festival del bochorno con camisas hawaianas.

La tienda de los horrores (1986)

Mientras que Roger Corman dirigió la versión original de esta historia en dos días y una noche, para aprovechar los decorados de su película Un cubo de sangre, el muppetero Frank Oz echó el resto con su versión musical, llena de animatronics y de canciones de Alan Menken Howard Ashman (sí, los de Disney). Junto a su buen amigo Rick Moranis, Candy sacó partido en ella de sus enormes capacidades como actor de voz interpretando a Wink Wilkinson, un locutor radiofónico y robaescenas que nos ensordece con su sorpresa ante “¡Esa planta tan rara!”. Y tan caníbal, además. A ver quién toma su testigo en el inminente remake.

Spaceballs: La loca historia de las galaxias (1987)

Para crear a Chewbacca, George Lucas se inspiró en su perro (llamado, para más señas, Indiana). Y, para parodiar Star Wars, Mel Brooks cerró el círculo convirtiendo a John Candy en Barf, un híbrido de San Bernardo y camionero fan de Bon Jovi cuyo nombre suena igualito que la palabra en inglés para aquello que los españoles llamaríamos “pota”. Junto a Estrella Solitaria (Bill Pullman), Barf cruza la galaxia huyendo de Pizza el Hutt y enfrentándose a las huestes de Casco Oscuro, un Moranis darthvaderizado. 

Mejor solo que mal acompañado (1987)

Durante su carrera, John Candy trabajó varias veces con John Hughes, director al que le unía una amistad entrañable. Después de Las vacaciones de una chiflada familia americana y antes de Solos con nuestro tío (la película en la que Candy se encontró con Macaulay Culkin), esta película fue el cénit de su colaboración, aprovechando al máximo la vis cómica del canadiense y la capacidad de Steve Martin para interpretar a un tío borde atrapado en una situación que le supera. Una situación que le obligará a recorrer la distancia entre Nueva York y Chicago, en pleno puente de Acción de Gracias y junto a un sujeto insoportable. Unos años después, el pesar ante la muerte de Candy sería una de las razones por las que Hughes se retiró del cine (y de la vida pública en general).

JFK: Caso abierto (1991)

Como ocurre con muchos comediantes (que se lo pregunten a Adam Sandler, por ejemplo), John Candy lo dio todo en sus escasos papeles dramáticos. Y, aunque esta faceta de su carrera tenga títulos que valdría la pena revindicar (como Yo, tú y mamá, una tragicomedia escrita y dirigida por Chris Columbus), su papel más aclamado estando él en vida fue el de Dean Andrews, un abogado sureño, sudoroso y de poco fiar que obstaculiza la investigación de Kevin Costner sobre el asesinato de Kennedy. A nosotros nos resulta más interesante que ese fiscal tan envarado, la verdad.

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