Los hoteles, el epicentro del acoso sexual en Hollywood

Trabajar en un 'cinco estrellas' de Beverly Hills no es ninguna bicoca: un testimonio en 'The Hollywood Reporter' habla de los comportamientos intolerables de magnates y estrellas

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02 de noviembre de 2017

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  • ¿Cuál es la palabra clave en los casos de acoso sexual que han sacudido a la industria del cine? Pues, si nos atenemos a los testimonios publicados, resulta que es “impunidad”. Durante mucho tiempo (desde que Hollywood es Hollywood, de hecho), los magnates de la producción y las estrellas masculinas han podido abusar de mujeres, y humillarlas, sin miedo a que nadie les echase en cara sus actos. Y uno de los ejemplos más sangrantes de ese estado de cosas ha salido a la luz en un reportaje de The Hollywood Reporter (THR) sobre su cara menos notoria: la del personal de los hoteles de Los Ángeles.

    El hecho de que estos establecimientos han sido el escenario de abusos durante décadas no es desconocido. Buena parte de los testimonios contra Harvey Weinstein señalan que el productor solía abordar a sus víctimas durante encuentros en habitaciones de hotel. Pero esta columna, escrita por la exdirectora de relaciones públicas del Peninsula Beverly Hills (un alojamiento de superlujo situado en el cruce de los bulevares Wiltshire y Santa Mónica), hace públicas las actitudes permisivas de sus altos cargos, que optaban por hacer la vista gorda aun cuando el comportamiento de sus huéspedes VIP iba más allá de lo permisible.

    Como la actualidad es la que es, Weinstein se lleva la parte del león en el artículo. “Sabíamos que era un matón”, señala la autora, describiendo al ex jefe de The Weinstein Company como un sujeto grosero y de hábitos muy cuestionables, capaz de hacer llorar a una empleada al abroncarla por no satisfacer sus caprichos. Un testimonio procedente de otro hotel, el Montague, entra en detalles: “El servicio le tenía miedo”, señala. “Y las doncellas le odiaban: sabían que era un guarro, y temían el momento de limpiar una habitación en la que se hubiese hospedado”. 

    En cuanto al motivo por el que a Weinstein se le toleraba este comportamiento, inadmisible en un huésped ‘normal’, era obvio: el dinero. “Si Weinstein venía de Nueva York y se gastaba 980 dólares por noche durante ocho noches, más la comida, la bebida y el servicio de habitaciones, eso era un buen negocio”. Y, si mantener en pie ese negocio (en el caso de Weinstein, y en el de otros nombres importantes) implicaba mantener el silencio ante situaciones sospechosas, pues se consideraba como algo propio del oficio. Según el testimonio: “Una mujer podía llegar preguntando por el señor Weinstein, y, tras confirmar que él la estaba esperando, la enviábamos a su habitación. Hasta donde yo sé, ninguna se mostraba sorprendida, pero probablemente esperaban que el encuentro tuviese lugar en el recibidor de una suite o en la oficina de un chalet de alquiler”.

    El artículo de THR asume que un hotel de lujo es un lugar donde pueden tener lugar adulterios, o cuyos clientes pueden recurrir a los servicios de prostitutas. El autor señala que muchos huéspedes podían compartir alojamiento con mujeres que no eran sus esposas durante una semana, para después darles la bienvenida a su legítima, su niñera y sus hijos. “La esposa podía tener 45 años, y la otra huésped tal vez 20. Lo que ocurría en el hotel se quedaba en el hotel, y hay una razón por la cual los botones se llevan siempre las mejores propinas”, comenta. Pero, a veces, dichos huéspedes podían requerir favores sexuales por parte de las empleadas más jóvenes. “He visto cómo ocurría, y me ha pasado a mí”, admite. “La dirección lo sabe, pero no se esfuerza mucho por protegernos. Si se lo haces saber, la respuesta es: ‘Oh, no vuelvas a tratar con él, enviaremos a otra”.

    Según la autora, la experiencia de trabajar en un hotel de Hollywood hace que la imagen de muchos actores aparentemente simpáticos e intachables se caiga a pedazos: “Te descubres a ti misma pensando: ‘¿También él?’. Y eso te hace perder algo de fe en la humanidad”. Por otra parte, en los casos más graves, los gerentes siempre se lo pensarán dos veces antes de avisar a la ley: “Si un empleado había presenciado cómo le hacían daño a alguien, o una situación de acoso, avisarían a su superior antes que a nadie. Y la primera llamada telefónica no tenía por qué ser a la policía”. 

    En general, el texto de THR describe estos hoteles como lugares en los que las estrellas (siempre masculinas, claro) pueden darse a la autoindulgencia y comportarse como reyes sin miedo a que les reconvengan. “El acoso ocurre sobre todo en los establecimientos de gran lujo porque [los huéspedes] pagan miles de dólares por habitación, y nosotros [los empleados] estamos básicamente en sus casas”, señala la autora. Y prosigue: “Se creen que pueden salirse con la suya en todo. Esto es su campo de juegos, y pueden portarse de forma asquerosa e irse de rositas”. Asimismo, reconoce sentirse culpable ante casos (como el de Weinstein y Gwyneth Paltrow) que pudieron darse mientras ella trabajaba en el Peninsula Beverly Hills. Y, por supuesto, se alegra de que Harvey Weinstein esté recibiendo su merecido: “Atenderle era como atender a un ogro. Y, además, nunca dejaba propinas”. 

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