Los blockbusters ya no son para el verano

La cartelera veraniega de 2016 presenta menos aspirantes a taquillazo de lo habitual. ¿Ha cambiado el mundo, o ha cambiado el cine?

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26 de mayo de 2016

Hay que aceptarlo: los estrenos de cine ya no son lo que eran. Ni tampoco llegan cuando, se supone, deberían ir llegando. Mientras el streaming causa un terremoto que deja chico al provocado por el vídeo VHS a comienzos de los 80, tanto los gustos del público como las prácticas de productoras y distribuidoras hacen que muchas cosas que dábamos por sentadas se reconfiguren a velocidad de vértigo. O tal vez lo hayan hecho más lentamente de lo que pensamos, y sus resultados comiencen a aflorar ahora. En cualquier caso, tanta transformación y tanta deriva va a notarse durante estos meses de una manera que, para los cinéfilos de edad tirando a mediana, resulta casi impensable: una temporada de verano sin apenas blockbusters en cartelera.

Aquí sabemos que esta afirmación es relativa. Y también sabemos que la definición de “blockbuster” puede variar de espectador en espectador. Así pues, nosotros usaremos esta: dícese de aquella película producida por un gran estudio, arropada por una campaña promocional demoledora y saturante y que se perfila desde el minuto cero como un gran éxito de taquilla mediante factores como las espectacularidad que atrae a la chavalada, la presencia de grandes estrellas y/o la pertenencia a una franquicia muy popular. La clase de filme que toda la familia va a ver en bloque al multicine del centro comercial, vaya. ¿Estamos de acuerdo? Pues sigamos adelante, y veamos el panorama que nos espera a partir de junio.

Nada más comenzar el mes, el 3 de junio, nos llega Warcraft: El origenUn filme que, si bien promete espectacularidad visual a raudales, podría quedar como uno de los patinazos del año. El prestigio de su director, Duncan Jones, tiene pocos visos de influir en el público, los nombresde su reparto no son excesivamente populares y, para colmo, lleva el estigma asociado al cine basado en videojuegos. Si nos equivocamos, nos alegraremos mucho, pero no parece, ni de lejos, una apuesta segura. Tras Warcraft, el 17 de junio, veremos Ninja Turtles: Fuera de las sombrassecuela de un filme que, si bien fue muy rentable (en EE UU, quedó en el puesto 15 del ranking anual de taquilla en 2014) no quedó en los anales como un bombazo. Y, finalmente, la única película de esta terna que tiene asegurados los millones, por la magia de Pixar: Buscando a Dory (24 de junio).

Avancemos hasta julio: conforme vaya subiendo el calorcito, la cosa también se animará. De hecho, el mes comenzará con las explosiones de Independence Day: Contraataque (1 de julio), el filme con el que Roland Emmerich se lo apostará todo a la nostalgia de los 90. Una apuesta arriesgada, qué duda cabe: aunque la capacidad de Emmerich para convertir la Tierra en un pandemonio de explosiones sigue fuera de discusión, su cine no parece llevar demasiado bien la transición a los efectos digitales (véase 2012) y, además, su efecto sobre el público tal vez no sea el mismo que el de la primera parte sobre los espectadores de 1996. Los jóvenes de hoy ven estallar el Capitolio y se quedan como si tal cosa, ya se sabe.

En cuanto a Mi amigo el gigante (8 de junio), debería inspirarnos el respeto asociado al padre del formato, el mismísimo Steven Spielberg, respaldado además por el poderío de Disney, la ama y señora de las taquillas durante los últimos ejercicios. Más que El puente de los espías va a recaudar, eso seguro, pero no cabe olvidar que el hombre de la gorra no está en su mejor momento taquillero hoy en día. Por otra parte, no hay que ser muy malpensado para asumir que Ice Age: El gran cataclismo (15 de julio) arrastra consigo su condición de quinta entrega de una saga, si bien cumplirá una función social como inevitable estreno veraniego para niños. Finalmente, Jason Bourne (29 de julio) cerrará el mes con el regreso de Matt Damon al papel del superespía amnésico: de nuevo estamos ante un caballo ganador, siempre que el mal recuerdo de El legado de Bourne (lo sentimos, Jeremy Renner) y los 14 años (sí, catorce) transcurridos desde el estreno de El mito de Bourne en 2002 no disuadan al público de pasar por taquilla.

Y llegamos a la última etapa del recorrido: agosto. Un mes que comenzará por todo lo alto con Escuadrón Suicida (5 de agosto) y su equipo de supervillanos, incluyendo a la Harley Quinn de Margot Robbie y ese esperadísimo Joker de Jared Leto. Si DC Warner resuelven con este filme los titubeos (críticos y económicos) despertados por Batman v Superman: El amanecer de la justiciabien estará, salvo que esas escenas vueltas a rodar (dicen las malas lenguas) a fin de darle más chistes al filme, siguiendo el ejemplo de Deadpool, no acaben aguando la broma.

Acto seguido, la que probablemente sea la película más odiada del año aun antes de su estreno: hablamos de esa Cazafantasmas de Paul Feig Melissa McCarthy. Mejor dejamos de lado nuestra opinión sobre los tráilers (y sobre las reacciones trogloditas que estos han despertado) para declarar que el filme tiene serios riesgos de padecer el ‘síndrome John Carter’: por digna que acabe resultando, tanta mala prensa tiene muchos visos de hacerse notar. Y, por último, Star Trek: Más allá (19 de agosto), con Justin Lin aplicando la experiencia adquirida en la saga Fast & Furious en sustitución de ese J. J. Abrams traidor que se ha pasado al bando warsie. Este es otro de los filmes que menos dudas nos despiertan.

Así pues, tenemos unos pocos filmes cuyo taquillazo está asegurado (no sólo por su calidad, sino también porque, cuando lleguen a los cines, la cartelera de estrenos estará prácticamente desierta). Y unos cuantos más que, pese a su condición de productos de gran presupuesto, parecen jugársela más de lo habitual en los grandes lanzamientos de verano. ¿Cómo explicar esto? Pues, para empezar, señalando que no es un fenómeno novedoso: el año pasado, sin ir más lejos, el único estreno mastodóntico de junio fue aquella Jurassic World contra la que no pudo competir (en lo económico) apenas ningún otro filme.

Julio de 2015 se mostró más agradecido, presentando los éxitos de Los Minions, Del revés y la inesperadamente graciosa Ant-Manpero también el patinazo de Terminator GénesisY, si de patinazos hablamos, recordemos el panorama con el que nos tocó lidiar en agosto: dos de los estrenos más calamitosos del año (Cuatro fantásticos Operación U.N.C.L.Eacompañados por Misión: Imposible – Nación secretaun filme que muy malo tendría que haber sido para no meterse a los rankings en el bolsillo. Y que, además, era muy bueno.

A todos los efectos, parece que datos como estos apuntan a un cambio de mentalidad y costumbres. Al encarecimiento de las entradas de cine, la abundancia de ofertas para ver películas en casa (algo dado, no ya sólo por la transición de las cintas al digital, sino también por la oferta amplia y económica que ofrece el cine online) se suman actitudes diferentes a la hora de planear los estrenos. ¿Verdad que, hace unos años -o décadas- tanto Batman v Superman como Capitán América: Civil War hubieran sido estrenos veraniegos con todas las letras? Pues ahí las tenemos en el calendario, una aparecida en marzo y otra en mayo. De hecho, la costumbre de Marvel de plantear sus lanzamientos gordos en primavera (con excepciones: ahí está el caso de Ant-Man y el de Guardianes de la galaxiaque se estrenó en agosto de 2014) podría haber influido en esto.

Así pues, los blockbusters están más lejos de extinguirse que nunca… pero sus hábitos, por lo que se ve, han cambiado. En lugar de concentrarse en dos temporadas al año (verano y navidad), ahora se expanden durante la práctica totalidad del año, haciendo que la temporada estival (que siempre había dependido de ellos para dar sensación de actividad a una época de estrenos escasos) parezca vacía en comparación. Aquellos que ven su cuarenta cumpleaños precipitarse hacia ellos como un pedrusco gigante pueden echar de menos la época en la que los helados, el bañador y el cine-espectáculo parecían formar parte del mismo pack, y en el que las superproducciones se atenían a un espacio determinado del calendario, dejando respirar durante el resto del año a otros estrenos más modestos. Esto es nostalgia, sí, pero para qué nos vamos a engañar: el cine es un arte nostálgico por naturaleza.

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