Los 9 personajes más pornoadictos del cine

Si estos 9 sujetos hubieran vivido en los 80 diríamos que serían los típicos asiduos a la trastienda del videoclub.

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29 de junio de 2016

Primero fueron las salas de cine, después llegó la mítica trastienda del videoclub y, en nuestros días, la pauta la marcan las descargas por internet. Aun así, como diría Julio Iglesias, la vida sigue igual: el contenido audiovisual que más ingresos genera y que se produce a un ritmo más estajanovista, pero que nadie confiesa consumir, sigue siendo el porno

Como nosotros sabemos que el visionado de material X es algo solitario… Bueno, rectificamos: que no es algo que se mencione a menudo en la vida social, hemos buscado a otros personajes de cine aficionados a ver filmes (y revistas) con damas y caballeros haciendo lo de los pajaritos y las abejas. Eso sí, la ausencia de figuras femeninas en nuestra lista nos parece de juzgado de guardia, dado que, como nosotros sabemos muy bien, ellas también ven porno.

Don Jon (Joseph Gordon-Levitt, 2013)

Pornofobias: : A Don Jon solo le importan unas pocas cosas en su vida, su apartamento, su coche, su familia, su iglesia, su gimnasio y las mujeres. Pero lo que realmente le hace perder el control sobre si mismo es el porno en Internet, incluso llega al extremo de poner en peligro un romance con Scarlett JohanssonA veces, esa adicción, le impide incluso tener relaciones sexuales normales con una chica a todas luces espectacular como el personaje de Johansson. Joseph Gordon-Levitt debutó con esta maravilla de comedia que no es más que un retrato de lo que somos.

Travis Bickle (Robert De Niro en Taxi Driver, 1976)

Sus pornofilias: Comenzamos con un ejemplo, digamos, vintage: cuando Scorsese y Paul Schrader se sacaron del magín a su taxista ultraviolento, el vídeo doméstico aún no estaba en auge, de modo que este veterano de vietnam insomne y de gatillo fácil acude a sórdidos cines para aliviar sus picores audiovisuales cuando raya el amanecer. Algo que acabará propiciando uno de los mayores momentos de vergüenza ajena de la historia del cine, cuando nuestro héroe decida que su sala X de cabecera es un buen lugar para llevar a Cybill Shepherd, tan fina ella. en su primera cita. Y eso que por entonces ya se habían inventado las comedias románticas.

Jim Levenstein (Jason Biggs en American Pie, 1999)

Sus pornofilias: Con el VHS dando sus últimos estertores (no, lectores jóvenes, el dvd no ha existido siempre), los hermanos Chris y Paul Weitz plasmaron en su filme un arquetipo no por antiguo menos veraz: el del adolescente salido y onanista. Antes de que la calentura le lleve a otros experimentos más reposteros, Jim protagoniza su primer epic fail merced a un calcetín, un mando a distancia con las pilas gastadas y un filme para adultos de diálogos estridentes e inenarrables. El cual se resuelve, además, en uno de los peores terrores de esa edad y de esas circunstancias: que tus padres te pillen dándole al manubrio con apoyo cinematográfico.

Brandon (Michael Fassbender en Shame, 2011)

Sus pornofilias: Gracias a esta película, todos los cinéfilos aprendimos dos cosas. La primera, que el bueno de ‘Fassy’ calza (como dicen por Cádiz) un mandao como la pata un paso. La segunda, que incluso un tipo macizo, con carisma y una posición social envidiable puede almacenar en su casa una colección de guarradas comparable a la Biblioteca de Alejandría. El hecho de que esta afición sea un síntoma, y no el más grave, de un tremendo problema mental no evita que algunos envidien al personaje: al menos, dicen (y no sin razón), él toca pelo.

Sean McGinnis (Michael Cunnio en The Fluffer, 2001)

Sus pornofilias: ¿Quién dijo que en el porno no puede haber sitio para el amor? Pues sí que lo hay, y en el porno gay también. Claro que la historia de este joven algo inocentón es rocambolesca con ganas: prendado del divo cachas Johnny Rebel (Scott Gurney), Sean busca trabajo en el mundillo X a fin de conocer a su ídolo. Y no sólo lo consigue, sino que acaba asumiendo la importantísima tarea de que su miembro no decaiga durante las pausas de rodaje. Pero resulta que Johnny Rebel es lo que en jerga de la industria se conoce como “gay for pay”, y sólo fornica con caballeros previo pago y delante de una cámara.

Richard Pierce (Gregg Edelman en Juegos secretos, 2006)

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Sus pornofilias: De entre las muchas historias chungas (y sexuales, además) que Todd Field nos contó en esta película, la de este agente publicitario es una de las más patéticas. Porque, pese a estar casado con una señora estupenda e inteligentísima, Brad es un consumado adepto del porno internauta, que no se corta un pelo a la hora de descagar simiente frente a su chica webcammer favorita, ni siquiera en horario laboral. Lo cual nos parecería digno de lástima ya de por sí, pero es que además la esposa de marras es Kate Winslet. Desde luego, los hay que no saben apreciar lo que tienen en casa.

Eli (Chris Marquette en La vecina de al lado, 2004)

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Sus pornofilias: Seguro que alguna vez has conocido a alguien como Eli. Hablamos de ese chico cuya única pareja sexual es su mano derecha, pero que parece saber más de cine X que Stephen Hawking de astrofísica. El hecho de tener una base de datos sobre porno encerrada en su mollera no sólo sirve de apoyo a sus fantasías onanistas, sino que también le permite reconocer de inmediato a esa chica tan parecida a Eliza Cuthbert que acaba de mudarse a su barrio. Bien para él, mal para ese estudiante tan modosito (Emile Hirsch) que se enamorará de la vecinita.

Dean Tainot (Bryan Cranston en Larry Crowne, 2011)

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Sus pornofilias: Asumidlo, chicos: da igual cuántas veces borréis el historial del navegador, o que sudéis tinta para limpiar contenidos poco decorosos del disco duro: vuestras parejas siempre sabrán lo que estáis haciendo realmente durante esos ratos muertos que, según vosotros, os sirven para actualizar el blog. Si Julia Roberts puede calar al mismísimo intérprete de Walter White (recuperando ese registro de tío patético que tan buenos resultados le dio en Malcolm in the Middle) para a continuación vivir un idilio de madurez con Tom Hanks, imagináos en vuestro caso… Mejor hacéis como Dean, y admitís civilizadamente que véis “alguna cosilla erótica” de vez en cuando.

Mark Tobias (Spencer Rice en Confessions of a Porn Addict, 2008)

Sus pornofilias: El título de este falso documental, inédito en España, debería darnos un par de pistas sobre su contenido, ¿no? Pues lo que contiene es exactamente lo que anuncia su título: harto de una devoción por los materiales calentorros que le han costado una ruptura sentimental y algunos problemas con la ley, un presunto miembro de la auténtica ONG Porn Addicts Anonymous decide viajar al Valle de San Fernando (californiano epicentro de la producción de cine porno) para enfrentarse a sus demonios. No es por nada, pero a nosotros eso nos suena como intentar dejar el whisky a base de gin tonics.

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