Los 10 grandes ‘blufs’ del cine español reciente

Tras largos años de preparación, 'Capitán Trueno y el Santo Grial' se ha estrenado... Para encontrarse con el rechazo unánime de la crítica. Recordamos otras películas que crearon expectativas igual de calientes, para después defraudarlas. Por YAGO GARCÍA

10 de octubre de 2011

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  • Según la Real Academia, un bluf es un “Montaje propagandístico que, una vez organizado, resulta falso” o una “Persona o cosa revestida de un prestigio que se revela falto de fundamento”. En conciencia, lectores y lectoras, ¿no os recuerda esta definición al caso de Capitán Trueno y el Santo Grial? Tras una primera intentona a cargo de Juan Piquer Simón (Supersonic Man) en los años 70, la adaptación al cine del caballero de Víctor Mora y Ambrós pasó por al menos cinco manos más (entre ellas, las de Juanma Bajo Ulloa y Daniel Calparsoro) sin llegar a ninguna parte. Cuando finalmente la película se encauzó, con el director Antonio Hernández al timón, recibió una campaña promocional más que digna, acompañada de grandes expectativas… Para encontrarse con una crítica que la tilda de “involuntario ejercicio de comedia” (El País), “parece una película grabada por un grupo de amigos” (Películas.info) o, en nuestras mismas páginas, “catastrófica”.

    ¿Es la primera vez que una película española defrauda a la prensa especializada de tal manera? Desde luego que no: a continuación podréis leer sobre un selecto ramillete de filmes que prometían mucho, pero que acabaron resultando mediocres, malos o directamente desastrosos. Con todos vosotros, los 10 mayores ‘blufs’ del cine español.

    El caballero del dragón (1985) 

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    Prometía mucho porque… El siempre solvente Fernando Colomo dirige una cinta de ciencia-ficción ambientada en la edad media. Harvey Keitel es un caballero malvado, Fernando Rey un monje inquisidor y Klaus Kinski un alquimista que se huele la tostada: el supuesto dragón es, en realidad, una nave estelar.

    Y fue un bluf porque… El guión no estaba tan mal, los efectos especiales eran solventes y el reparto funcionaba… Salvo en el caso de un Miguel Bosé completamente fuera de lugar. En conjunto, la película evolucionó a pasos agigantados hacia el puro y duro kitsch.

    Atolladero (1995)

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    Prometía mucho porque… El comiquero de pro Óscar Aibar adapta el  tebeo que él mismo firmó junto a Miguel Ángel Martín sobre un repulsivo pueblo de Texas. Para poner el toque punk al asunto, nada como la presencia como actor de Iggy Pop.

    Y fue un bluf porque… El rodaje estuvo lleno de accidentes (entre ellos, la muerte en pleno rodaje del actor Félix Rotaeta) y padeció una espartana escasez de medios. Para colmo, la película tardó dos años en estrenarse: el retraso, la mala distribución y una calidad -a qué negarlo- discutible la condenaron al olvido.

    La lengua asesina (1996)

    Prometía mucho porque… Una cinta de género desacomplejada y destrozona, con una protagonista curvilínea (Melinda Clarke), resabios tarantinescos y johnwatersianos y canciones de Fangoria y Carlos Berlanga. ¿Dónde hay que firmar para verla?

    Y fue un bluf porque… Mejor te lo piensas antes de depositar tu firma en la línea de puntos, porque La lengua asesina resultó infumable. ¿A qué se debió esto? Pues a que intentó conjugar, sin conseguirlo en absoluto, un cierto kitsch post-Almodóvar (con las inevitables drag queens) y la ciencia-ficción de serie B. El conjunto repartía palos de ciego, sin atinar ninguno.

    Perdita Durango (1997)

    Prometía mucho porque… Tras las fantásticas Acción mutante y El día de la Bestia, nuestro Álex de la Iglesia se va a hacer las Américas en compañía de Javier Bardem y con un guión basado en la novela de Barry Gifford (Corazón salvaje) sobre una pareja narcosatánica y asesina. ¿Qué puede salir mal?

    Y fue un bluf porque… Todos sabemos que a Álex le va el exceso (véase Balada triste de trompeta), pero aquí se le fue la mano. Las referencias de la película al pop más guarro (esos videos de manga pornográfico) y su violencia desatada parecían poner sendas velas a Tarantino y al Oliver Stone de Asesinos natos, pero el conjunto no acabó de gustar ni al otro lado del Atlántico, ni aquí.

    La mujer más fea del mundo (1999)

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    Prometía mucho porque… Debutando en solitario tras colaborar con Alfonso Albacete y David Menkes (en Más que amor, frenesí), Miguel Bardem ofrece un cuento cruel de asesinatos en serie, desamor y cirugía plástica.

    Y fue un bluf porque… Nada tenemos que objetar a la labor como actores de Alberto San Juan o Guillermo Toledo, ambos secundarios en la historia. Pero a Elia Galera le hacía falta un hervor como protagonista. Por otra parte, y al igual que La lengua asesina, La mujer más fea del mundo jugaba a la provocación, quedándose muy corta de gracia.

    Tuno negro (2001)

    Prometía mucho porque… ¿Harto de slashers estadounidenses ambientados en colleges de la Costa Este? Tuno negro traslada sus premisas, y sus estudiantes muriendo como chinches, a la muy castiza Universidad de Salamanca.

    Y fue un bluf porque… Para empezar, Jorge Sanz, Silke y Fele Martínez estaban ya bastante mayorcitos para hacer de universitarios. Para seguir, el guión no sabía encontrar el punto entre la comedia asesina y el thriller puro y duro. Ninguno de los dos firmantes de la película (Pedro L. Barbero y Vicente J. Martín) han vuelto a dirigir un largo tras su estreno.

    No somos nadie (2002)

    Prometía mucho porque… Debutando como director en largo, Jordi Mollá se propuso emitir una crítica social salvaje, con los reality shows televisivos, la religión y la política en su punto de mira. Suena bien, ¿verdad?

    Y fue un bluf porque… Prometiendo indignación aliñada con humor, No somos nadie ofreció precisamente eso… Y le salió el tiro por la culata: pese a una factura técnica más que solvente y una comicidad negrísima (ojo a ese final) la película revela demasiado pronto sus intenciones protestonas. Escandalizó a unos pocos, encantó a otros pocos, y dejó indiferente a la mayoría.

    Tirante el Blanco (2006)

    Prometía mucho porque… Este Vicente Aranda, siempre pensando en lo mismo, decidió abordar la novela de caballerías favorita del mismísimo Don Quijote pasando de batallas y centrándose en sus intríngulis sexuales.

    Y fue un bluf porque… Mientras Eric Rohmer, con lo soso que parecía, consiguió cuadrar una jugada similar en la muy verde El romance de Astrea y Celadón, Aranda entregó un filme visualmente suntuoso, pero aquejado por el que suele ser su principal problema como director: el acartonamiento narrativo. Si las voces en off y los diálogos envarados de Juana la loca te echaron atrás, mejor vuelve a ver Amantes y olvídate de este caballero.

    Teresa, el cuerpo de Cristo (2007)

     

    Prometía mucho porque… Conjugando el amor sacro y el amor profano, Ray Loriga (guionista y director) y la primera actriz Elena Anaya Paz Vega nos desvelan que, tratándose de Santa Teresa de Jesús, el éxtasis era una cosa muy seria.

    Y fue un bluf porque… Al igual que Sangre de mayo, Teresa… nació acuciada por la polémica, con sectores católicos (encabezados por el arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares) acusándola de blasfema. Y, al igual que el filme de Garci, dicho revuelo no consiguió atraer al público a las salas: la película tuvo un presupuesto de más de 7 millones de euros, pero no consiguió recaudar más de medio millón.

    Sangre de mayo (2008)

    Prometía mucho porque… El minucioso José Luis Garci entrega una superproducción histórica para conmemorar el segundo centenario de la Guerra de la Independencia contra los franceses. Como coguionista (post mortem) un tal Benito Pérez Galdós.

    Y fue un bluf porque… Subvencionadísima por el gobierno autonómico de Madrid (con Esperanza Aguirre al frente) y planeada como miniserie para Telemadrid, Sangre de mayo no causó revuelo por su calidad, sino por los dimes y diretes políticos: algunos la acusaban de ser un instrumento de propaganda electoral, mientras que otros acusaban al Ministerio de Cultura de someterla a un supuesto boicot. Tan ocupados estábamos haciendo caso a la polémica que la película, un dramón algo renqueante, pasó desapercibida.

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