Las secuencias de créditos de James Bond, de mejor a peor

Desde Connery hasta Craig, y desde el primer 'gun barrel' hasta las imágenes digitales: repasamos las 23 'intros' oficiales (hasta ahora) de la saga de 007.

Por
03 de noviembre de 2015

Además de ese Aston Martin DB5 lleno de trampas (cuánto disfrutamos hace tres años viéndolo salir del garaje, ¿verdad?), de las intrigas internacionales, de los gadgets, las chicas y los supervillanos, ¿hay algo que le pidamos a una película de James Bond para dejarnos satisfechos? Pues está claro que sí: su secuencia de títulos debe estar a la altura de una saga que ha hecho historia en las intros de cine. Con una liturgia codificada desde hace casi medio siglo, los créditos de las ‘películas Bond’ deben sumergirnos en el mundo de intriga, aventura y fornicio al más alto nivel por el que se mueve 007, preferiblemente acompañados de una canción a la altura. En espera de ver cómo se desenvuelve el diseñador Daniel Kleinman en Spectre (la cuarta película de Daniel Craig vistiendo el esmoquin, y un gran desafío para el director Sam Mendes tras haber entregado la formidable Skyfall en 2012), nosotros nos hemos atrevido a repasar, en orden de preferencia, los 23 títulos de crédito de toda la saga, excluyendo la apócrifa Nunca digas nunca jamás: que Sean Connery nos perdone, aunque sospechamos que no le costará mucho…

James Bond contra Goldfinger (1964)

Los años pasan, pero cuando pensamos en los créditos de una ‘película Bond’, su clásico de 1964 es el primer ejemplo que nos viene a la mente. Y con justicia, además: proyectando imágenes del filme sobre el áureo cuerpo de la modelo Margaret Nolan, Robert Brownjohn no creó el esquema básico de las intros de 007 (como veremos, él mismo había firmado el prototipo un año antes), pero sí lo fijó para la posteridad. Súmese a ello el temazo interpretado por Shirley Bassey y la presencia de Sean Connery en los títulos, y se tendrá una obra perdurable.

007 contra el Doctor No (1962)

Si eres de los que sienten un escalofrío de gusto al escuchar el James Bond Theme, entonces los primeros créditos jamás diseñados para una aventura de 007 te harán gozar.  Armado con unos rotuladores y unas pegatinas redondas, Maurice Binder elaboró a toda prisa el storyboard para esa secuencia apodada ‘gun barrel’, en la que el señor Bond le pega un tiro en los morros al espectador, que se ha repetido sin excepciones en todas las películas de la saga (aunque Quantum of Solace Skyfall la situaron al final del filme en lugar de en su prólogo), y que aquí se resuelve en un bailoteo de círculos coloreados a los sones de Monty Norman y su melodía skatalítica. Como postre de este alarde visual (que, según nuestro añorado Jess Franco, superaba a toda la filmografía de Michelangelo Antonioni) la primera ‘canción Bond’, que no es un temazo pop, sino un calypso. En algo se tenía que notar que el filme transcurre en Jamaica…

GoldenEye (1995)

Daniel Kleinman, el diseñador que sucedió a Maurice Binder, debutó en la franquicia Bond a la vez que Pierce Brosnan, introduciendo la CGI en la armería del MI6. Y sus primeros créditos se las apañaron para describir muy bien el tono desenfadado y entrañablemente horterilla que marcaría la singladura del actor irlandés. Con una grande dame como Tina Turner haciendo los honores, y una iconografía a base de hoces y martillos menos sutil que los muslos de Xenia Onnatop (Famke Janssen) (pero, como ellos, de contrastada eficacia) Kleinman nos deja claro que la Guerra Fría puede haber llegado a su fin, pero que el superespía del MI6 sigue aquí (y por muchos años). Además, los espectadores leyeron aquí por primera vez un rótulo que habría de dejarles muy grato recuerdo: “And Judi Dench as M”.

Skyfall (2012)

Tras haber cubierto toda la etapa Brosnan, y después de haberle dado la bienvenida a Daniel Craig con Casino Royale (ya hablaremos de ella, ya…), Daniel Kleinman se tomó un permiso temporal con Quantum of Solace. Y, cuando volvió, le tocó la papeleta de ponerle créditos a la ‘película Bond’ más intensa desde los días de Sean Connery. ¿Estuvo a la altura? Pues sí: dejándose de moderneces y contando con el baladón ad hoc de una Adele superlativa, el diseñador se marcó una intro que le da un baño digital y simbolista a los elementos clásicos, avisándonos de que ésta aventura de 007 será lóbrega con ganas.

Desde Rusia con amor (1963)

No sabemos cómo le sentaría esto a Maurice Binder, pero el caso es que, aunque su nombre haya pasado a la historia como el del titulista por excelencia de 007, los openings que más marcaron la franquicia no fueron obra suya. Un año antes de hacer historia con Goldfinger, y sustituyendo a un Binder que había tenido severas disputas con los productores, Robert Brownjohn aprovechó el segundo filme de la saga para introducir otra constante de las introducciones con el sello Bond: las figuras femeninas e insinuantes, que aparecen aquí marcándose una seductora danza del vientre (buena parte del filme se desarrolla en Estambul). Si buscas la intro de la franquicia con más ombligos por segundo, esta es tu elección ideal.

Panorama para matar (1985)

¿Una lección de kitsch ochentero? Pues sí, pero con mucha (o muchísima) gracia. Posiblemente, Panorama para matar sea la entrega más denostada de Roger Moore como nuestro agente secreto favorito, lo cual no anula sus virtudes (¡Christopher Walken Grace Jones como villanos!) ni le resta encanto a esta intro en la que Maurice Binder combinó el body painting fluorescente, los pelazos con sobredosis de laca de las modelos y la puesta al día musical que supuso la canción de Duran Duran, un éxito en las listas de todo el mundo.

Sólo para sus ojos (1981)

Dentro de la etapa de Roger Moore como James Bond, Sólo para sus ojos fue un intento (bastante logrado) de volver a la intriga y al espionaje clásico tras el desparrame orbital de Moonraker. Dentro de la historia de los créditos de James Bond, el filme queda como otro ejercicio de sano kitsch, que aprovecha la fotogenia de Sheena Easton (la única intérprete de una ‘canción Bond’ que ha hecho playback en la introducción de su película correspondiente). ¿Habría habido alguna forma de mejorar este trabajo? Pues sí: recurriendo al poderío de Debbie Harry (Blondie), que ofreció una formidable canción descartada.

Operación Trueno (1965)

¿Otro momento definitorio? Pues va a ser que sí: en su segundo trabajo para la franquicia (recordemos que Desde Rusia con amor Goldfinger corrieron a cargo de Robert Brownjohn), Maurice Binder sienta las bases de un estilo que, con los años, caería en lo repetitivo, pero que entonces resultaba de lo más novedoso. Siluetas curvilíneas y efectos acuáticos se combinan con la voz galesa de Tom Jones (capaz, y perdonadnos la blasfemia, de resultar más viril que el propio 007 de Connery) para servir de pórtico a un filme que, salvando el jetpack, tampoco era para tanto…

Muere otro día (2002)

La entrada de James Bond en el siglo XXI, y último filme de Pierce Brosnan como el hombre del esmoquin, tuvo una acogida bastante regulera. Pero a nosotros sus créditos nos encantan, muy a pesar del ‘gun barrel’ más feo de toda la saga y de esa Madonna que se lució menos aún componiendo su tema oficial que dándole clases de esgrima a 007. ¿Nuestras razones? La forma en la que Daniel Kleinman insertó la secuencia dentro del argumento del filme, y la constatación de algo que ya sospechábamos: Bond no deja de pensar en mujeres ni cuando le torturan en Corea del Norte.

Vive y deja morir (1973)

Políticamente incorrectísimo (aunque no tanto como las novelas en las que se basa), el debut de Roger Moore en la saga sirvió para que Maurice Binder se dejara de tópicos y entregara uno de sus trabajos más originales. Tal vez animado por la canción de Paul McCartney y sus Wings (la primera vez que un músico de rock se acercaba a la franquicia Bond), el diseñador se deja de liquideces para ofrecer un ritual vudú que es puro fuego.

Quantum of Solace (2008)

Sabemos que poniendo estos créditos tan altos en nuestra tabla nos la estamos jugando, pero, como buenos discípulos de Bond que somos, nos encanta el riesgo. En serio te lo decimos: olvida el bajón que supuso este filme tras el subidón de Casino Royale, olvida ese tema de Jack White Alicia Keys que tantos odios atrajo en su día, y acepta que el estudio MK12 encaró con mucho valor el reto de modernizar la estética de 007, aprovechando la ambientación desértica del clímax de la película y reciclando viejos elementos (las siluetas, las chicas, las pistolas) de forma muy novedosa.

oo7: Alta tensión (1987)

Con el infravalorado Timothy Dalton empuñando la Walter PPK, la tercera etapa de la saga Bond sirvió (al menos, momentáneamente) para que Maurice Binder desconectase ese piloto automático con el que ya llevaba demasiados años funcionando. Bastante hortera (¡esa chica asomándose a una copa de champán!) y animado por un tema de los a-ha que, si llega a ser más ochentero, no sale del estudio, la intro de Alta tensión queda, al menos, como una de las más dinámicas de la franquicia.

La espía que me amó (1977)

El punk había llegado, y Gran Bretaña estaba llena de señores con guitarras distorsionadas que usaban imperdibles a guisa de joyería. Conservador como siempre, el señor Bond hizo caso omiso… y vistos los resultados, hizo bien. Mientras Barbara Bach añade a la franquicia una saludable dosis de empoderamiento femenino y Carly Simon canta aquello de Nobody Does It Better, Binder entrega una secuencia muy acrobática que, sin aportar nada nuevo (salvo la presencia de Roger Moore, el primer intérprete de 007 que rodó imágenes expresamente para los créditos) y se acopla como un guante a la sensualidad del tema principal.

Diamantes para la eternidad (1971)

De mala gana, Sean Connery se prestó una vez más a interpretar a su odiado James Bond tras el paréntesis de George Lazenby. El resultado fue un filme bastante divertido, y otra secuencia de créditos que situar en la zona media de nuestro ranking. Shirley Bassey presta su voz a una canción memorable (aunque no tanto como Goldfinger…) y los créditos aprovechan el brillo de los alótropos de carbono para crear una atmósfera a la altura.

Sólo se vive dos veces (1967)

Pese a servir de introducción a una de las mejores entregas de Connery (con un guion de Roald Dahl, qué menos) y pese a contar con ese temazo cantado por Nancy Sinatra que se infiltra en los oídos cual guerrero ninja, los créditos de Sólo se vive dos veces pecan de un defecto imperdonable cuando se trata de James Bond: pese a su inspiración volcánica, resultan tan discretos que son hasta sosos. Quedémonos, pues, con su buen uso de los grafismos (en forma de sombrilla) y con la sensualidad japonesa de su último tramo.

Casino Royale (2006)

Tenían a un actor criticadísimo a priori, pero que a la postre resultó formidable, para revivir al agente secreto. Tenían a uno de los mejores villanos de la historia del serial (sí, somos fans de Mads Mikkelsen, ¿pasa algo?). Tenían un ‘gun barrel’ original e impactante como pocos en décadas. Y tenían una canción esplendorosa (You Know My Name, de Chris Cornell) para incorporar definitivamente el rock al vocabulario musical de 007. Y, ¿qué hicieron? Pues una intro que, más que a un legendario relato de espías, nos recuerda a las animaciones flash de las páginas web de la época. Es cierto que el director Martin Campbell le pidió expresamente a Daniel Kleinman que no usara figuras femeninas para esta secuencia, y que los motivos ludópatas del guion están empleados con cierto gracejo, pero los créditos de la primera ‘película Bond’ de Daniel Craig nacieron con fecha de caducidad.

007 al servicio secreto de su majestad (1969)

El patito feo por excelencia de la saga Bond (aunque sus méritos, que son muchos, gozan de cada vez mayor estima) resultó una rara avis hasta en su secuencia de créditos. En lugar de una canción con ambiciones de estándar, el tema era instrumental, y la iconografía manejada por Binder lucía un aire pop absolutamente impensable en los años de Connery. Con George Lazenby (casi 10 años más joven que su predecesor en la saga) como efímero intérprete de 007, y con una chica tan sixties como Diana Rigg dándole la réplica, se imponía un poco de riesgo.

Octopussy (1985)

 

Protagonizada por un Roger Moore al borde de la autoparodia (sí, esta es la película en la que Bond se viste de payaso), Octopussy fue la señal de que a aquel 007 cachondo y bon vivant que nos acompañaba desde 1973 se le estaban acabando las pilas. Por fortuna, aunque su secuencia de créditos se aferrara a los elementos de siempre cual un cefalópodo a un mejillón, no derrapó, entre otras cosas, por resultar una de las más eróticas de toda la franquicia. ¡Hasta salen pezones!

El mañana nunca muere (1997)

Que Daniel Kleinman haya sido el gran renovador de los créditos Bond no ha de impedirnos recordar que sus fallos existen, y que algunos han sido muy gordos. Sin ir más lejos, esta suerte de puesta al día tecnológica de la saga se saldó con una imaginería mareante y unos colores absolutamente atroces, combinados con una canción tirando a floja de Sheryl Crow. ¿Un cibercrimen? Pues casi, casi.

Licencia para matar (1989)

La película (salvo, tal vez, algunos elementos de su vestuario) es reivindicable con ganas: para ganarse de nuevo el respeto del público, el James Bond de Timothy Dalton debía mostrarse más duro que nunca, y si eso implicaba despedirse por las bravas del MI6 y hacerle la guerra por su cuenta al narco Robert Davi, pues adelante con ello. ¿Los créditos? Pues normalitos, tirando a malos, con Binder apostando por dejar mucha carne al descubierto para paliar la falta de innovación.

Moonraker (1979)

Elaborada a toda prisa para ponerse a rebufo de Star Wars (algo que obligó a retrasar la producción de Sólo para sus ojos, una cinta mucho más interesante), Moonraker es una película que sólo se disfruta con mucho sentido del humor, saboreando la imagen de Roger Moore con traje espacial (y acompañado por Corinne Clery, estrellita del softcore europeo). En los créditos, por su parte, Maurice Binder se enfrentó (perdiendo) con su Blofeld particular: la rutina. Al menos, esas imágenes en caída libre resultan de lo más sedantes, e incluso invitarían a echar un sueñecito… de no ser porque la canción nos enerva. La pobre Shirley Bassey, siempre tan fiel a la saga, no se merecía eso.

El hombre de la pistola de oro (1974)

La canción de Lulu no va a pasar a la historia como uno de los mejores temas de 007, y sentimos decir que los créditos de este filme están a su altura: preso de esa rutina que acabará convirtiendo sus títulos en una sombra de lo que fueron, Maurice Binder repite tropos ya sabidos (contraluces, efectos acuáticos y chicas haciendo posturitas) con un único detalle original consistente en la pistola del pérfido Scaramanga (Christopher Lee). Lo que se dice un alarde de imaginación…

El mundo nunca es suficiente (1999)

¿Hemos dicho que los colores de El mañana nunca muere nos hacen daño a los ojos? Eso era porque aún no habíamos revisado esta secuencia, con un Daniel Kleinman desaforado dispuesto a no dejar ningún matiz de Pantone sin combinar, superponer o degradar. Añadamos a eso un surtido de iconografía 3D tirando a tosca, y un uso de las figuras femeninas (¡bañadas en petróleo!) menos sutil que nunca, y acabaremos deseándole al diseñador una larga estancia en el cuartel general de Spectre.

Tom Hardy vuelve a sonar como próximo James Bond

La idea es que Daniel Craig se despida definitivamente del personaje en 'Sin tiempo para morir', que se estrenaría a finales de este año.

‘Sin tiempo para morir’: Esta era la (loquísima) idea original de Cary Fukunaga para la película

El último film de Daniel Craig como James Bond fue uno de los primeros en modificar su fecha de estreno a causa del COVID-19.

Kate Winslet, Daniel Craig y el cine británico dan las gracias a su sanidad pública

Ricky Gervais, Claire Foy, Ralph Fiennes y otras estrellas de la pantalla envían mensajes de apoyo al NHS, el servicio de salud de Reino Unido.

Amor de hombre: James Bond y John Wick se dan mimitos en un nuevo vídeo

La web 'Funny Or Die' hace que nuestra imaginación vuele, con montajes como el protagonizado por Daniel Craig y Keanu Reeves.