Las mejores (y las peores) películas de David Bowie

Un rey de los duendes, un alienígena nostálgico, un inventor genial... En la carrera cinematográfica del músico inglés hay tantas películas estupendas como truños sin remisión.

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22 de marzo de 2013

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  • Cambió la historia del rock al menos dos veces (si no más), abrió camino en el arte multimedia con sus incursiones en la pintura… Y, además, David Robert Jones, David Bowie para los fans, también hizo cine, aunque a los críticos no suela gustarles mucho sus trabajos en este campo.

    Cuidado con esto último, no obstante: repasando la carrera cinematográfica de Bowie para este informe, en CINEMANÍA hemos descubierto que el autor de Ziggy Stardust y Heroes ha intervenido en multitud de truños, pero también en otras tantas películas de mucho mérito y necesitadas de una recuperación inmediata. Si no te lo crees, échale un vistazo a esta selección en la que encontrarás muchos títulos que deberías ver… Y unos cuantos de los que deberías mantenerte alejado a toda costa.

    Las mejores

    Ziggy Stardust (D. A. Pennebaker, 1973)

    ¿Por qué nos gusta? De acuerdo, no se trata de un largo de ficción sino de un concierto filmado. Pero Ziggy Stardust es una de las ‘películas Bowie’ imprescindibles por muchas razones. Rodado por el director que desnudó las intimidades de Bob Dylan en Don’t Look Back, el filme registra la actuación en la que Bowie ‘liquidó’ a su personaje más conocido. Canciones gloriosas, una banda en plenitud de facultades (ojo a los solos del guitarra Mick Ronson) y un cantante derrochando poderío vocal y glamour a partes iguales.

    El hombre que cayó a la Tierra (Nicolas Roeg, 1976)

    ¿Por qué nos gusta? Pese a haber tenido una carrera como actor de lo más irregular, Bowie debutó por todo lo alto con este pequeño gran clásico, del cual ya nos ocupamos en el monográfico que dedicamos a su infravalorado director. Además de por un argumento tan fantástico como triste, que se ganó los aplausos del mismísimo Philip K. Dick, El hombre que cayó a la Tierra destaca por unir a la estrella más marciana del rock con el director más alienígena del cine británico. Tan orgulloso quedó Bowie de su participación en el filme que usó sendos fotogramas del mismo para las portadas de sus álbumes Station to Station y Low.

    El ansia (Tony Scott, 1983)

    ¿Por qué nos gusta? Puede que, durante los 80, la carrera de Bowie fuese cuesta abajo, pero nuestro hombre arrancó la década con dos discos excepcionales (Scary Monsters y Let’s Dance) y con un par de películas por encima de la media. La primera fue este título de vampiros, debut del hermano de Ridley Scott, donde el cantante interpretaba al amante chupasangres de la matriarca Catherine Deneuve. Por desgracia para él, su ama vampiresa le descartaba en favor de Susan Sarandon, con lo que David padecía un escalofriante envejecimiento acelerado.

    Feliz navidad, Mr. Lawrence (Nagisha Oshima, 1983)

    ¿Por qué nos gusta? Muchos se llevaron las manos a la cabeza cuando el director de El imperio de los sentidos fichó para este filme a un Bowie todavía provocador. Finalmente, la cosa resultó menos tremebunda de lo esperable, pero aun así Feliz navidad Mr. Lawrence resulta un intenso drama bélico en el que Bowie y el japonés Ryuichi Sakamoto (quien compuso una estupenda banda sonora para el filme) hacen bueno aquello de “los que se pelean, se desean”. Ah, y ninguno de los dos encarna al Mr. Lawrence del título.

    Dentro del laberinto (Jim Henson, 1986)

    ¿Por qué nos gusta? Está claro que, si hubiese dependido de discos como Tonight y Never Let Me Down, el estatus de Bowie como estrella del pop se hubiera ido por el desague en los 80. Ahora bien: la pervivencia de nuestro heroe en el imaginario colectivo estaba asegurada gracias a esta película. No se trataba sólo de que Bowie desarrollara en ella una de sus mejores interpretaciones seduciendo a Jennifer Connelly o que su aspecto no desentonara con las criaturas de Jim Henson. Es que, como bien sabe El Hematocrítico de Cine, es ver el filme y recordar EL PAQUETE DE BOWIE para el resto de tu vida. Y, pese a todo, dicen que el músico no está nada orgulloso de haber participado en él. Algo que nunca nos explicaremos.

    Twin Peaks: Fuego camina conmigo (David Lynch, 1992)

    ¿Por qué nos gusta? La precuela en forma de largometraje que el genio de Montana dedicó a su serie televisiva se llevó infinidad de palos críticos en su estreno, para después ser reivindicada con los años. A nosotros, a efectos de este informe, eso nos importa un pito: lo que nos gusta de ella es que nos ofrece la posibilidad de ver al propio Lynch y a Kyle McLachlan (el agente Cooper) compartiendo escena y encuadre con un Bowie tan enloquecido como corresponde. Puedes ver la prueba en el vídeo.

    Basquiat (Julian Schnabel, 1996)

    ¿Por qué nos gusta? La influencia de Andy Warhol sobre la música y la vida de Bowie siempre ha sido incuestionable: no en vano nuestro héroe le dedicó al pintor una canción memorable en su álbum Hunky Dory (1971). 25 años después, este biopic de Julian Schnabel permitió al cantante vestir la peluca platino del rey del arte pop, sorprendiendo a los críticos con una interpretación muy estimable.

    Extras (serie, 2006)

    ¿Por qué nos gusta? Tanto Bowie como Ricky Gervais son dos monstruos de la cultura británica, aunque por razones algo diferentes. Por eso, y porque todos los grandes artistas se influyen entre ellos, era natural que el encuentro entre ambos diese pie al cantante para componer un tema memorable: “Es un hombrecillo gordo que vendió su alma / Es un hombrecillo gordo que vendió sus sueños”, comienza la pegadiza canción que David compone en honor del protagonista de la serie. Y Gervais se muere de vergüenza en el proceso. Menos mal que Bowie no incluyó las palabras “pequeño perdedor rechoncho” en la letra…

    El truco final – El prestigio (Christopher Nolan, 2006)

    ¿Por qué nos gusta? El mismo año en el que cruzó su ingenio con el de Ricky Gervais, Bowie se puso a las órdenes de otro creador ilustre made in Britain: el director de El caballero oscuro y Memento. En este filme, basado en la novela de Christopher Priest, nuestro heroe da vida a una figura tan enigmática y genial como la suya propia: el físico e inventor Nikola Tesla. Mientras los magos Christian Bale y Hugh Jackman recurren a él para que les ayude en su letal juego de venganzas, Bowie derrocha misterio, contención y electricidad, dándonos pie a sospechar que tal vez su personaje guarde algún que otro as en la manga…

    Las peores

    Gigolo (David Hemmings, 1978)

    ¿Por qué no nos gusta? Dos años después de El hombre que cayó a la Tierra, cuando todos le auguraban una brillante carrera como actor, va Bowie y se involucra en este despropósito dirigido por el actor protagonista de Blow-Up. El trabajo de David dando vida a un profesional del amor (heterosexual) en la Alemania de entreguerras es tirando a penoso, aunque cómo culparle: el rodaje del filme estuvo lleno de inconvenientes, y para colmo la posibilidad de conocer a su adorada Marlene Dietrich (la principal razón, si no la única, por la que aceptó el trabajo) se fue al traste, teniendo su única escena juntos que ser construida a base de trampas de montaje.

    Los desmadrados piratas de Barba Amarilla (M. Damski, 1983)

    ¿Por qué no nos gusta? Es sabido que a los Monty Python se les daba bien hacer amistades en el mundo del rock: sin ir más lejos, fue George Harrison (The Beatles) quien les produjo La vida de Brian. Sin embargo, esta parodia de las películas de piratas, en la cual se involucraron casi todos los miembros de la troupe, resultó bastante floja pese a las intervenciones de Marty Feldman (El jovencito Frankenstein), del comediante Spike Milligan… Y de un Bowie que daba vida en ella a un tiburón. Sí, a un tiburón: puedes ver la prueba en el vídeo.

    Principiantes (Julien Temple, 1986)

    ¿Por qué no nos gusta? Como anécdota pop, esta película de Julien Temple no tiene precio: además de Bowie, en ella intervienen otros músicos de tronío como Sade, Ray Davies (The Kinks) y Patsy Kensit, vocecilla de los Eight Wonder y futura ex mujer de Liam Gallagher (Oasis). Sin embargo, hablando estrictamente de su calidad, se queda en un ejemplo de cine ochentero sin demasiada gracia: aprovecharás mejor tu tiempo leyendo la novela de Colin McInness en la que se basa y escuchando la (estupenda) canción que Bowie compuso para su banda sonora.

    Encadenadamente tuya (Richard Shephard, 1991)

    ¿Por qué no nos gusta? Aunque no brillen como obras maestras, muchas películas en las que Bowie intervino durante los 80 y los 90 tienen cierta gracia: ahí está Cuando llega la noche, de John Landis, en la que nuestro hombre coincide con David Cronenberg y Jeff Goldblum. Ahora bien: esta historia de estafas y atracos, en la que nuestro hombre queda esposado a Rosanna Arquette, sólo deja clara una cosa, y esa cosa es que Bowie haría bien alejándose todo lo posible de las comedias románticas.

    Everybody Loves Sunshine (Andrew Goth, 1999)

    ¿Por qué no nos gusta? Sabemos que Bowie respeta y admira mucho a Goldie, el fornido músico de drum’n’bass que causó sensación en los 90. A tanto llega esa admiración, que no le bastó con poner voces a un tema de su segundo álbum: también tuvo que compartir con él el protagonismo en este thriller criminal de serie B, afortunadamente olvidado. Interpretativamente hablando, David hace lo que puede, pero en cuanto a Goldie, digamos que lo más expresivo de su interpretación son sus dientes de oro.

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