Las 5 claves del festival indieLisboa 2012

Acabada la 9ª edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Lisboa, repasamos los mayores descubrimientos que hicimos en el certamen luso. Por DANIEL DE PARTEARROYO

07 de mayo de 2012

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  • Desde el 26 de abril hasta el 6 de mayo, con el Día Internacional de los Trabajadores como ecuador, la capital de Portugal acogió la 9ª edición del Festival Internacional de Cinema Independente indieLisboa, el certamen cinematográfico más importante del país y una de las pocas fiestas de celebración del cine alternativo y diferente que le quedan a esta Península Ibérica nuestra. Estratégica última cita del calendario festivalero antes de que el mercado de Cannes ponga el contador a cero, supone la oportunidad de reencontrar grandes joyas de la temporada que los circuitos comerciales se empeñan en esquivar, así como disfrutar de otros descubrimientos.

    1. La Competición Internacional. El gran premio Ciudad de Lisboa lo ganó De jueves a domingo, opera prima de la chilena Dominga Sotomayor, que suma el galardón al Tiger Award que se llevó en Rotterdam. Merecido reconocimiento para una road movie vivida de forma elíptica a través de la niña de 9 años Lucía, embarcada en un largo viaje de coche con sus padres y hermano pequeño por el norte de Chile. Resignada a ver el mundo desde el asiento de atrás del coche familiar, la mejor estrategia narrativa de esta película filmada de manera primorosa es conseguir que el espectador sepa tan poco (y tarde tanto en hilar, quizás equívocamente, todos los flecos) como la protagonista acerca de la importancia fundamental de un viaje que supondrá un radical punto y aparte en la vida de todos los personajes.

    2. El cine portugués. Con una cuota de cine nacional de -ojo- el ¡0,5%!, lo que significa un total de menos de 104.000 espectadores para el conjunto del cine portugués del año pasado (según datos del Instituto do Cinema e do Audiovisual), la cinematografía portuguesa es, indudablemente, una de las más potentes, atractivas e interesantes del presente. Ninguna otra cuenta con una figura del tamaño y relevancia histórica de Manoel de Oliveira, pero, además, ahí están los actuales Pedro Costa, Miguel Gomes, João Pedro Rodrigues, João Rui Guerra da Mata, João Botelho, Teresa Villaverde, João Salaviza o João Canijo, por nombrar unos cuantos, cada uno con sus distintas sensibilidades, estilos y preocupaciones, pero capaces de dejar su marca en películas magníficas e incluso proponer nuevos caminos estéticos y narrativos. Indudablemente, el indieLisboa supone la oportunidad de ver y descubrir nuevos autores lusos cuya obra, por otros caminos, sería más difícilmente alcanzable.

    Toda la atención estaba puesta en João Salaviza, que proyectaba su corto Rafa tras ganar el Oso de Oro en el Festival de Berlín, así como el anterior Cerro Negro. Ambos abrazan una enérgica visión del cine social post-Dardenne con intérpretes no profesionales e historias de supervivencia inscritas en la piel urbana. Otro plato fuerte en forma de corto fue O Que Arde Cura, la última colaboración entre João Rui Guerra da Mata (dirige y escribe) y João Pedro Rodrigues (protagoniza). Ambos cineastas recrean la expiración ¿definitiva? de una relación de pareja (¿basándose en algún momento difícil de la suya propia?) que tiene lugar, vía telefónica, en paralelo al incendio que arrasó el barrio lisboeta del Chiado en 1988. Obsesión carnal y autobiografía fusionadas, una vez más, con el trazado urbano. La misma interrelación entre individuo y ciudad se extrae del documental From New York With Love, de André Valentim Almeida, diario de viajes filmado por la urbe de los rascacielos, aderezado por la persistencia de todas las imágenes de ella que la historia del cine ha fijado en la memoria colectiva.




    3. La recolecta anual. En Lisboa pudieron verse algunas de las películas más sonadas del circuito festivalero reciente. De algunas de ellas ya hemos hablado en ocasiones anteriores: Alps, Cumbres borrascosas, Dark Horse, El estudiante, Michael, Le Skylab, Take Shelter, Terri, Totem o ¡Vivan las antípodas! Pero el mejor filme del certamen fue L’âge atomique, de Héléna Klotz, hipnótico cuasi spin-off de la portentosa Low Life de sus padres Nicolas Klotz y Elisabeth Perceval. Como ellos, la cineasta toma a dos chavales sin experiencia previa delante de las cámaras para interpretar a un par de amigos adolescentes que salen a quemar la fiesta parisina y se enfrentan a una sucesión de ligues frustrados, peleas y fracasos antes de volver a casa al alba. El estilo marca Klotz es indeleble, con personajes que funcionan como arquetipos míticos y recitan poesía, pero el mayor atractivo de esta crónica espiritual de la juventud en el siglo XX es cómo cada secuencia parece estar moldeada a partir de un estilo musical diferente, desde el hip-hop al pop lánguido, pasando por el trip hop y la electrónica más actual. 




    4. Los documentales. La programación documental de indieLisboa es vigorosa y despierta. Aparte de obras ya reseñadas, como Mercado de futuros o Dragonslayer, fue en el terreno de la no ficción donde encontramos tres de las mejores películas del festival. Infatigable, Werner Herzog ya tiene lista una nueva pieza de entrevistas y reconstrucción de hechos con Into the Abyss. Esta vez se trata del caso de Michael Perry y Jason Burkett, dos presos condenados por el asesinato de tres personas en Texas. El segundo cumple cadena perpetua, el primero fue ejecutado en 2010; antes, ambos hablan con Herzog, todavía a día de hoy insuperable como entrevistador capaz de que sus interlocutores le cuenten lo que sea. Más radicales en sus formas son The Flock of the Lord y Bestiaire, respectivamente las últimas obras del alemán Romuald Karmakar y el canadiense Denis Côté. El primero nos lleva a Marktl am Inn, el pueblo natal del Papa Benedicto XVI, justo después de su nombramiento, cuando toda la maquinaria de souvenirs e incluso una diversificada oferta de dulces Ratzinger se puso en funcionamiento para dar la bienvenida a los inéditos aluviones de turistas que empezaban a llegar. Después, en un quiebro temporal hacia atrás prodigioso, asistimos a la acampada humana que estuvo siguiendo en directo la muerte de Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro. Dos mareas humanas de grouppies católicos, una frente a la otra. En el caso de Bestiaire, los protagonistas son los animales de un safari canadiense, a los que vemos en distintas facetas de su relación con los humanos: como objeto de estudio exótico, fascinación zoológica y funda taxidérmica rellena de serrín.



    5. El sexo. De algún modo, ésta ha sido una edición marcada por distintos fenómenos orbitales en torno al sexo y su comercio, no sólo porque la cineasta franco-iraquí Leila Albayaty (en competición con Berlin Telegram) protagonizara un espectáculo de striptease. El Premio del Público fue para Whore’s Glory, impresionante documental del austriaco Michael Glawogger que, al modo de su imprescindible Workingman’s Death, explora la práctica de la prostitución en lugares del mundo tan alejados y distintos como Tailandia, Bangladesh y México. Con mucho menos acierto retratan a sus prostitutas Gabriëlle Provaas y Rob Schröder en Meet the Fokkens, docu consagrado a las gemelas Fokkens, dos meretrices con más de 40 años de trabajo en el Barrio Rojo de Ámsterdam, cuya simpática desenvoltura no logra levantar por sí sola la cinta. Mucho más divertido es Il n’y a pas de rapport sexuel, de Raphaël Siboni, elaborado a partir de las miles de horas de imágenes detrás de las cámaras que el rey del porno francés Hervé P. Gustave (HPG) conserva de sus rodajes.




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