Las 10 películas más sorprendentes de 2014

Tal vez no sean obras maestras, pero nos recordaron por qué merece la pena pasarse la vida en el cine.

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16 de diciembre de 2014

Como cada año, la web de CINEMANÍA vuelve con esas listas ‘diferentes’ con las que resume la temporada de celuloide. Y, esta vez, hemos decidido empezar con buen pie: en lugar de repartir estopa a los trabajos más decepcionantes de 2014 (a esos ya les tocará recibir, ya…) comenzamos el repaso anual enumerando las películas más sorprendentes. Es decir, esos filmes que no nos olían del todo bien, pero que resultaron mucho mejores de lo que esperábamos. Desde thrillers heterodoxos a trabajos de animación por encima de la media, pasando por algún blockbuster que demostró ser algo más que un acontecimiento mediático, todas estas películas andan lejos de la calificación de “obra maestra”, pero todas nos recordaron por qué amamos nuestro oficio. Si no las has visto, harías bien en tomar nota de sus títulos.

Malditos vecinos (Nicholas Stoller)

Lo que nos esperábamos: Aquí llegan otra vez Seth Rogen y sus amiguetes para ofrecernos una ración de humor fumeta, con premisas y gags prestados de la comedia destrozona de los 80. Y, para colmo, les acompaña un Zac Efron que recurre a la autoparodia chunga, en un intento desesperado de hacernos olvidar High School Musical de una puñetera vez. No es por nada, pero con Infiltrados en la universidad ya hemos tenido bastante…

Lo que nos encontramos: El año pasado, cuando Juerga hasta el fin nos dejó boquiabiertos, deberíamos haber aprendido lo peligroso que resulta subestimar a Rogen y compañía. Pero no escarmentamos, así que Malditos vecinos ha supuesto una (bienvenida) sorpresa. O, lo que es lo mismo, una comedia tan, pero tan proclive a jugar con la tolerancia del espectador que acaba combinando las risas con dosis mayúsculas de  vergüenza ajena. Una fraternidad universitaria (encabezada con Efron) que competiría orgullosamente con la de John Belushi en Desmadre a la americana, un feliz matrimonio (Rogen y Rose Byrne) capaz de lindar con la psicopatía cuando le tocan los decibelios, el inigualable Christopher Mintz-Plasse fornicando entre los arbustos… ¿Qué más se puede pedir?

#Chef (Jon Favreau)

Lo que nos esperábamos: Tras enemistarse con Marvel a cuenta del montaje de Iron Man 2, y de propinarse un batacazo con Cowboys and Aliens, Jon Favreau debió quedarse más perdido que el barco del arroz. Así pues, regresa a la pantalla con una peliculilla low cost sobre gastronomía y redes sociales, muy levemente basada en una historia real y que tiene toda la pinta de quedarse en mera anécdota

Lo que nos encontramos: En el cine, al igual que en la gastronomía, una receta aparentemente sencilla puede asombrar a los gourmets si se la prepara con amor y a fuego lento. Siguiendo esta máxima, que tan bien expresó Ratatouille en su día, Favreau se puso el delantal del autor completo (además de dirigir, también escribe y protagoniza) para abordar el tema culinario desde un ángulo jocoso, pero compatible con el rigor. Y, como postre, llamó a viejos colegas (Robert Downey Jr., Scarlett Johansson) para que atrajesen clientela al local en su función de secundarios de lujo. Además de como crónica de estos tiempos disparatados en los  que un tuiteo puede hundirte la vida, #Chef queda como el augurio de que al actor y director le espera un futuro estupendo… y muy alejado de los superhéroes.

El lobo detrás de la puerta (Fernando Coimbra)

Lo que nos esperábamos: Respaldada por una victoria festivalera en San Sebastián, esta película brasileña es de esas a las que los críticos describen como “más allá del thriller” “no necesariamente un thriller”. Lo cual, usualmente, quiere decir que sí es un thriller, pero un thriller aburrido y elaborado desde el desprecio al género.

Lo que nos encontramos: Pues con que, efectivamente, El lobo detrás de la puerta sí era “algo más que un thriller”. Pero no por lo que nos temíamos, sino porque su abordaje al cine de intriga sobrepasaba las barreras de la tensión y el mal rollo. Desde el costumbrismo, sin alharacas y con un guión que se las apaña muy bien en eso de retirar la alfombra bajo los pies del espectador, el filme de Fernando Coimbra  compite con Magical Girl Perdida por el título de película de 2014 que mejor ha sabido retratar el lado malsano de la vida diaria.

Capitán América: El soldado de invierno (Anthony Russo, Joe Russo)

Lo que nos esperábamos: Estamos de acuerdo en que Capitán América: El primer vengador tenía mucho encanto, amén de servirnos para reivindicar la obra de su director Joe Johnston. Pero su secuela huele de lejos a aperitivo ligerito antes de Los Vengadores: La era de Ultrón. La presencia de un Robert Redford muy geriátrico, y seguramente con ganas de coger el cheque e irse a Sundance, nos provoca una intensa pereza.

Lo que nos encontramos: Guardianes de la galaxia ha sido, sin discusión, el gran estreno Marvel de este año. Pero esta nueva peripecia del ‘Capi’ también se merece una buena ración de aplausos: salvo ese clímax final metido con calzador, todo en la película funciona, desde la química de buddy movie desplegada entre Chris Evans y Scarlett Johansson hasta ese Samuel L. Jackson más malote que nunca en su rol de Nick Furia, pasando por una dirección que esquiva la fiebre por el plano y el contraplano para seguir el magisterio de los viejos filmes de espías. A lo mejor los hermanos Russo exageran diciendo que su filme se merece un Oscar, pero si recordamos algunos truños que han acabado cubiertos de estatuillas, lo mismo llevan algo de razón…

Joe (David Gordon Green)

Lo que nos esperábamos: Generalmente, con una película de Nicolas Cage al año vamos sobrados. Sin embargo, el sobrino de Coppola ha aprovechado 2014 para mostrarnos su despejada frente en dos títulos. Y, si Tokarev resultaba un thriller normalito, aunque interesante y atrevido, ¿qué podemos esperar de este filme, en el que ‘Nic’ se une al autor de Superfumados para ofrecernos un dramón homeless en la América profunda? Nada bueno, seguro.

Lo que nos encontramos: Precedida por estupendas críticas en EE UU, Joe sirvió para recordarnos algo de lo que ya hemos hablado otras veces en esta web. Verbigracia: que Nicolas Cage sabe actuar, y muy bien, aunque la mayoría de las veces se le olvide. Sacándole partido a su registro de sujeto con un tornillo flojo (¿seguro que sólo es un registro?), cerrando con doble llave el cajón de las sobreactuaciones y contando con un partenaire estupendo en la persona de Tye Sheridan (ojo, porque el chaval tiene dos películas pendientes de estreno, y cinco más en preparación), Cage aprovecha esta película para ofrecer uno de los mejores trabajos de su carrera. Puede que Joe haya pasado algo desapercibida, pero está claro que nadie hará memes de internet cachondeándose de ella.

Las aventuras de Peabody y Sherman (Rob Minkoff)

Lo que nos esperábamos: A veces, ir a ver películas de animación es una delicia a la que no puedes esperar. En otras ocasiones, es un tormento al que harías lo posible por sustraerte, sobre todo si el filme de marras es el reboot de una vieja serie de animación. La cual, para colmo, nació en el mismo programa de TV que Rocky y Bullwinkle. En fin, al menos aquí no sale Robert De Niro interpretando a un nazi de opereta…

Lo que nos encontramos: Antes de empalagarnos con Stuart Little y su secuela, Rob Minkoff dirigió El rey león. Afortunadamente, como demuestra esta película, todavía se acuerda de ello. No porque la historia del perro más inteligente del mundo y su hijo adoptivo (y humano) transmita la misma épica que la de Simba Mufasa, sino porque Las aventuras de Peabody y Sherman tiene esa virtud tan rara de encontrar que es el encanto. Capaz de sacarle partido a una premisa tan trillada como los viajes en el tiempo, y con un personaje secundario de excepción (la abusona Penny), el filme queda como uno de los mejores productos con el sello Dreamworks. Una lástima que, a juzgar por sus resultados de taquilla, casi nadie se diese cuenta.

Caminando entre las tumbas (Scott Frank)

Lo que nos esperábamos: Estimado señor Liam Neeson: en esta casa le queremos, le apreciamos y valoramos mucho ese gustillo que le cogió usted a las películas de acción a partir del éxito de Venganza. Pero, a sus años, y después de varios títulos en la misma línea (algunos no tan buenos), ¿no ha pensado que a lo mejor le conviene guardar la pistola en un cajón y volver al drama? Mire que, a este paso, nunca le van a dar ese Oscar que tanto nos gustaría verle recoger…

Lo que nos encontramos: Estimado señor Liam Neeson: tras verle derrochar testosterona en Caminando entre las tumbas, sólo podemos desearle que siga haciendo thrillers mientras le venga en gana. Además de una doble dosis de adrenalina sabiamente dosificada (poco nos ha faltado para incluirla en esa lista de películas más violentas del año que publicaremos próximamente), este filme es un nuevo eslabón en la cadena que forman trabajos suyos como Venganza, Infierno blanco y la infravalorada El Equipo A, en los que usted aprovecha un buen guión y una buena dirección para sacarle partido a esos casi dos metros suyos de mala uva irlandesa. A este paso, acabaremos pensando que Venganza 3 tiene hasta visos de ser buena, y todo…

Antonio Vega: tu voz entre otras mil (Paloma Concejero)

Lo que nos esperábamos: Uno puede disfrutar (o no) de su trayectoria al frente de Nacha Pop y de sus discos en solitario, pero está claro que Antonio Vega es una de esas figuras que se prestan tanto a la mitificación fácil (basada en esos tópicos sobre la Movida que ya huelen, y que requieren una revisión urgente) como a la depredación carroñera de una vida marcada por la heroína. La aparición de un documental biográfico invita, pues, a coger el tema con pinzas.

Lo que nos encontramos: A veces, las películas sobre la vida de personajes reales crean en el espectador una zozobra tan incómoda en lo personal como valiosa en lo artístico: la de no decidirse sobre si el biografiado era un alma maltratada por sus demonios, un bastardo sin entrañas o ambas cosas. Dado que el documental sobre Antonio Vega consigue provocarnos esa incertidumbre a través de sus escenas y de sus testimonios (inolvidables, los de la madre del músico), podemos considerarla un triunfo.

Guillaume y los chicos… ¡A la mesa! (Guillaume Galienne)

Lo que nos esperábamos: Otra de esas películas francesas ‘comerciales-pero-no-tanto’ que llegan a nuestro país de tapadillo, para pasearse unas pocas semanas por la cartelera. Está bien eso de que el país galo tenga una industria cinematográfica variada y productiva, pero captar el humor de sus comedias resulta un poco difícil a veces. Sobre todo si has nacido al sur de los Pirineos.

Lo que nos encontramos: Guillaume Galienne dice que sus tribulaciones adolescentes (resumidas, básicamente, en una familia inenarrable y una tremebunda crisis de identidad sexual) le han llevado a gastarse una fortuna en psicoanalistas. Esperemos que los beneficios en taquilla de esta película, en la que adapta su obra de teatro, le estén sirviendo para amortizar ese dispendio, porque se lo merece. Burla burlando, Guillaume y los chicos… ¡A la mesa! plantea unas cuantas preguntas incómodas sobre cuestiones sexuales y de género, amén de regalarnos un personaje de los que hacen época en la forma de esa madre interpretada por el propio autor, por sus gafas y por su pelucón rubio.

Big Hero 6 (D. Hall, C. Williams)

Lo que nos esperábamos: La asociación de Disney y Marvel parece un arma de doble filo, válida tanto para generar blockbusters memorables como para hacernos tragar algún bodrio que otro. Así las cosas, ¿qué hemos de pensar ante una película que recicla uno de los títulos más olvidados de la Casa de las Ideas (si no recuerdas a este supergrupo japonés, no te culpamos) para facturar una historia de superhéroes para el público infantil? Pues, la verdad, mejor no preguntárselo demasiado…

Lo que nos encontramos: Sí, sabemos que Big Hero 6 no llegará a las pantallas españolas hasta el viernes, pero creednos: esta película se merece la reacción entusiasta que ha cosechado entre los críticos y los fans de EE UU. Aprovechando el cómic original sólo cuando le conviene, pero con más fidelidad de la que parece, la cinta no es sólo uno de los mejores títulos de animación mainstream en un año no muy sobrado de ellos, sino también una declaración de amor tanto a los superhéroes occidentales como al manga y el anime de Japón. Agraciada, además, con un protagonista infantil al que no dan ganas de correr a collejas, y con ese nuevo hito de la ternura disneyana, robótica e hinchable que atiende al nombre de Baymax. ¿Una delicia? No te haces idea…

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