Las 10 mejores persecuciones de coches: películas que queman llanta

Trompos, derrapes, acelerones y mucho, mucho asfalto: antes de ver cualquiera de estos títulos, acuérdate de ajustar bien el cinturón de seguridad. Por CINEMANÍA

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10 de julio de 2011

Cuando el cine arrancó en 1895, los aficionados al motor no estaban para muchas alegrías: al Ford T (el primer automóvil producido en masa) aún le quedaba una década para salir al mercado, y lo más trepidante que podía ver uno en una pantalla era una locomotora llegando a la estación. Pero, conforme los vehículos a motor fueron haciéndose más populares, los cineastas vieron que aquello era bueno, y el Séptimo Arte descubrió un recurso infalible para crear emoción: las persecuciones de coches.

Al llegar los 50 y los 60, con los EE UU surcados de autopistas y con modelos cada vez más potentes en el mercado, Hollywood ya se había enamorado de este recurso… Y en ello sigue, como demuestra esta lista con 10 escenas para ver con el cinturón de seguridad puesto. Si el olor a gasolina y llanta quemada es como un perfume para ti, te prometemos el viaje de tu vida.

Death Proof (Quentin Tarantino, 2007)

La mitad más lucida del programa doble Grindhouse dio ocasión al genio de la gran mandíbula para homenajear a las highway movies de los 70. Pero, como Tarantino es Tarantino, el filme juega con una fusión de géneros: en realidad, esto es un slasher con ruedas, y Kurt Russell usa su vehículo para matar chicas indefensas… O quizás no tanto.

 

Atrapado en el tiempo (Ivan Reitman, 1993)

La desesperación hace mucho. Por eso, cuando Bill Murray descubre que está condenado a asistir al Día de la Marmota por toda la eternidad, no se le ocurre otra cosa que embarcarse en una carrera loca (y nocturna) a través de Punxsutawney, con la policía local pisándole los talones. Puede que no sea la escena más trepidante de este informe, pero sí es la más divertida.

 

Mad Max II, el guerrero de la carretera (George Miller, 1981)

Un mundo devastado y postapocalíptico, lleno de autopistas desiertas, parece un lugar ideal para conducir a lo loco… Hasta que, como Mel Gibson, descubres que la gasolina es un bien escasísimo. De ahí que esta película termine con una larga, larguísima persecución entre el héroe australiano (al volante de un remolque lleno de octanos) y una banda de motoristas aún más macarras que él.

 

Punto límite: cero (Richard D. Sarafian, 1971)

¿Quieres saber a qué películas homenajeaba Tarantino en Death Proof? Pues esta cinta, guionizada por un tal Guillermo Caín (es decir, Guillermo Cabrera Infante) es el arquetipo máximo del filme de culto con coches. Cargado de anfetaminas, el protagonista Barry Newman conduce desde Colorado a San Francisco con la policía a rebufo y un DJ ciego (llamado Super Soul, nada menos) animando su viaje desde las ondas. Eso por no hablar de las chicas desnudas en moto. A los Primal Scream les gustó mucho.

 

Matrix Reloaded (Wachowski, 2003)

¿Para qué buscar una carretera que se preste a tus ansias corredoras, si puedes hacerla construir? En la segunda entrega de su trilogía, los siempre excesivos Wachowski tendieron casi dos kilómetros y medio de asfalto en una base aérea abandonada, gozando así de libertad total para rodar una de las persecuciones de coches más largas jamás filmadas: pese a las gafas de sol y a la coolness generalizada, a Carrie Anne Moss se le acababa poniendo cara de velocidad.

 

El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2009)

Esto no es tanto una persecución como una batalla motorizada en las calles de Gotham City. A fin de atrapar al fiscal Harvey Dent (Aaron Eckhart), el payaso criminal Heath Ledger organiza una brillante operación de caza y captura , asegurándose la supremacía gracias a una combinación de potencia de fuego y falta de escrúpulos. Lo único con lo que no contó Joker fue con el Batmóvil acorazado de su máximo enemigo Christian Bale. Y menos aún con que dicho vehículo tendría una sorpresa (de dos ruedas) dentro.

 

El mito de Bourne (Paul Greengrass, 2004)

En las calles de Moscú, el agente amnésico Matt Damon y Karl Urban, su némesis de turno, se enfrentan en un duelo a muerte con profusión de choques en cadena y tiroteos puerta a puerta. Podríamos haber incluído las tres entregas de la saga en este informe, pero la forma en la que Paul Greengrass nos muestra el interior de los vehículos durante la carrera hace que tengamos debilidad por este momento. 

 

Granujas a todo ritmo (John Landis, 1980)

“Nos quedan 106 millas para Chicago, sólo tenemos medio paquete de tabaco, es de noche, y llevamos gafas de sol”, advierte Elwood Blues (Dan Aykroyd) en un momento de esta película. “Acelera”, responde su hermano Jake (John Belushi). Más chula que un ocho y al ritmo de Sam & Dave la pareja acaba convirtiendo un centro comercial en chatarrería, con una pequeña ayuda de las fuerzas del orden. “Qué espacioso que es este sitio”, sentencia un Elwood recomendado por el Vaticano.

 

Ronin (John Frankenheimer, 1998)

Serio, realista y crepuscular, este thriller de espías con Robert DeNiro y Jean Renó no parece el filme más indicado para buscar acción automovilística. Pero no te engañes: desde su comienzo hasta su final, la película rebosa de carreras suicidas y de coches de alta gama. Para colmo, todas esas escenas fueron rodadas a velocidad real y en exteriores naturales: más de un conductor incauto debió llevarse un susto mortal.

 

Bullitt (Peter Yates, 1968)

¿La mejor persecucion de coches de la historia? Probablemente sí, siempre que tus criterios sean el estruendo, la velocidad, una banda sonora legendaria… Y las cuestas. Todos sabemos que a Steve McQueen le iban más las motos que los volantes, pero viéndole surcar al vuelo las calles de San Francisco, cualquiera lo diría. Su Ford Mustang es el coche que todo cinéfilo con gusto por la intriga policíaca querría tener.

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