Las 10 mejores películas de Christopher Lee (con y sin colmillos)

De Transilvania a la Tierra Media, y más allá: un repaso antológico a la carrera del actor inglés más terrorífico.

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11 de junio de 2015

Con una filmografía de 281 títulos, la carrera de Sir Christopher Lee resulta tan imponente como laberíntica y, hay que admitirlo, también muy irregular: pasarse casi siete décadas delante de las cámaras, es lo que tiene. El actor británico debutó en 1948, y siguió haciéndonos disfrutar con su talento, su presencia y su vozarrón hasta prácticamente el último día de su vida. A su muerte en 2015, Lee dejó dos filmes pendientes de estreno (la cinta alemana de animación Extraordinary Tales y la comedia sobrenatural Angels in Notting Hill, donde le veremos encarnar al mismísimo Jefe de Todo Esto) pero, sobre todo, nos deja una larga lista de trabajos en los que hay hueco para mucha morralla de serie B… y también para varios títulos capitales del cine de acción, fantástico y, sobre todo, de terror.

Escoger 10 títulos impepinables entre semejante producción ha sido durísimo, pero nosotros lo hemos logrado. No diremos cómo ha sido posible esta lista: baste apuntar que a nuestra redacción han llegado varios dvd enviados desde Transilvania por murciélago urgente, y que nos hemos dejado un buen pico de nuestro presupuesto en una llamada de larga distancia a Mordor. En cualquier caso, el resultado ha valido la pena. Poned a buen volumen Charlemagne: By the Sword and the Cross (el álbum de power metal que le valió a nuestro hombre un premio de la revista Metal Hammer en 2010) y preparaos para disfrutar de un repaso a las mejores películas de Christopher Lee.

La maldición de Frankenstein (T. Fisher, 1957)

Tras pasarse largos años currando como extra o figurante con frase, Christopher Lee consiguió su primer trabajo para la Hammer debido a dos hechos nada dramáticos: su altura de casi dos metros, y su buena amistad con Peter Cushing, ya por entonces un intérprete consagrado. “Me había pasado diez años yendo de plató en plató sin decir nada, pero aprendiendo mucho: un buen entrenamiento para un papel que no tenía diálogos”, explicó el actor. Así, mientras el director Fisher le daba una retorcida vuelta de tuerca a la novela de Mary Shelley, y mientras Cushing interpretaba a un doctor Frankenstein más maquiavélico y majara que nunca, Lee interpretó a una Criatura tan grimosa como tierna, comparable en sus méritos a la de Boris Karloff.

Drácula (T. Fisher, 1958)

 

Un año después de incorporarse al elenco hammeriano, Christopher Lee protagonizó la película que habría de suponer su salto a la fama… y que habría de precipitarle en un encasillamiento más claustrofóbico que cualquier ataúd. Aun así, dejemos las cosas claras: arropado por el talento de Terence Fisher para crear atmósferas góticas con cuatro perras, y enfrentado al muy señorial Van Helsing de Peter Cushing, nuestro actor remodeló para siempre la imagen del chupasangres de Bram Stoker, despojándole del acento húngaro y los ojos desorbitados de Bela Lugosi en favor de un nuevo look estiloso y aristocrático. Por supuesto, las secuelas no pararon de sucederse, algunas de ellas muy buenas (Drácula, príncipe de las tinieblas) y otras, como Drácula 73, extremadamente olvidables. “Me decían que, si no volvía a hacer de Drácula, Hammer iría a la quiebra y toda la gente que conocía se quedaría en el paro”, apostilló Lee. “Era un puro chantaje emocional”.

El perro de Baskervilles (T. Fisher, 1959)

Como ya hemos indicado, la conjunción de Lee con Fisher y con Peter Cushing hacía brotar sangre fresca de cualquier guión. Y, antes de mudarnos definitivamente a Transilvania, valga esta película para probar que el trío era más versátil de lo que muchos piensan: la aventura más terrorífica de Sherlock Holmes (un Cushing sin nada que envidiar a Basil Rathbone, Benedict Cumberbatch Robert Downey Jr.) recibe aquí un tratamiento hammeriano de lujo, con Lee interpretando a un aristócrata perseguido por un presunto perro fantasma.

Vampir Cuadecuc (Pere Portabella, 1971)

 

Siempre con un ojo puesto en el cine de vanguardia, a nuestro añorado Jess Franco no le dolieron prendas en dejar que Pere Portabella (histórico enfant terrible catalán) hiciera de las suyas con su cámara durante el rodaje de El conde Drácula. Así, en riguroso blanco y negro, el futuro autor de El silencio antes de Bach creó un filme inclasificable, a medias making of, a medias homenaje surrealista al cine de terror, con la presencia imponente de Lee deslizándose por sus fotogramas con elegancia supina, y con bigotón. Si buscas la película más extraña, y también más poética, jamás protagonizada por nuestro hombre, la tienes aquí… aunque, como veremos a continuación, el podría no estar de acuerdo.

El hombre de mimbre (Robin Hardy, 1973)

El guión de Anthony Shaffer (La huella), la banda sonora folkie del grupo Magnet, el laberinto de referencias mitológicas y paganas (tan delirantes como rigurosamente documentadas), el tremendo giro final… ¿Qué le hacía falta a esta película para quedar como uno de los mejores filmes de terror de los 70, y de todos los tiempos? Pues el buen hacer de un Christopher Lee dándolo todo en su rol de Lord Summerisle, un aristócrata druídico que lo mismo te cultiva plantas tropicales en el Atlántico Norte, que se viste de señora para la fiesta mayor de su feudo o que te organiza un sacrificio humano. Lee siempre consideró este filme como el mejor de toda su carrera, y eso quiere decir algo: por lo pronto, no busques aquí a Nicolas Cage y a sus abejas, porque, si lo haces, acabarás de invitado de honor en nuestra próxima fiesta de la cosecha…

El hombre de la pistola de oro (Guy Hamilton, 1974)

Es un tirador infalible. Su sangre es tan fría que podrías usar sus calzoncillos para hacer cubitos de hielo. Tiene una pistola (¿adivinas de qué color?) que se camufla amanosamente convirtiéndose en mechero. Ah, y también tiene tres pezones. Su nombre es Francisco Scaramanga, y es uno de los villanos más imponentes a los que jamás se ha enfrentado James Bond (aquí, Roger Moore, en su segunda película como 007) desde que Ian Fleming se lo sacó de la mollera. Por cierto, ¿hemos dicho ya que Christopher Lee era amigo del señor Fleming, y que sus andanzas como agente secreto durante la II Guerra Mundial inspiraron en buena medida la creación de nuestro agente con licencia para matar? Eso explica algunas cosas…

El último unicornio (J. Bass, A. Rankin, 1982)

Además de actor, cantante y veterano de guerra, Christopher Lee era lo que hoy llamaríamos un friki de mucho cuidado: se enorgullecía de haber conocido personalmente a J. R. R. Tolkien, releía religiosamente El Señor de los anillos una vez al año y se prestó de buen grado a poner su voz en esta preciosa película de animación, basada en una de sus novelas favoritas. Aunque el filme fue un fracaso de taquilla, nuestro hombre se mostraba enormemente orgulloso de ella. No nos extraña: la historia de Peter S. Beagle resulta emocionante con ganas, el apartado gráfico es sobresaliente y el reparto vocal no sólo cuenta con un Lee tan tonante como de costumbre, sino también con Jeff Bridges, Mia Farrow, Alan Arkin Angela Lansbury. Pura magia, amigos.

El Señor de los anillos (2001-2003)

Para varias generaciones de espectadores, Christopher Lee es Drácula. Para otras, más jóvenes, pensar en nuestro hombre es pensar en Saruman el Blanco: nunca le agradeceremos lo bastante a Peter Jackson el haber contado con Lee para el papel del mago más megalómano de la Tierra Media, creador de los orcos Urûk-Hai y secuaz de cabecera de Sauron. Sacándole partido a su pasión tolkieniana, nuestro héroe se convirtió en el contrapunto perfecto para el Gandalf de Ian McKellen, con el que se enfrentó en un inolvidable duelo de hechicerías. Y, sacándole partido a su experiencia bélica, supo aleccionar al director sobre los espasmos y los estertores que agitan a un hombre cuando muere apuñalado. Porque, donde esté un actor de la vieja escuela, que se quiten los efectos digitales…

Star Wars Episodio III: La venganza de los Sith (G. Lucas, 2003)

De bien nacido es ser agradecido: tras haber contado con Peter Cushing en la Star Wars original, George Lucas no vaciló en dotar a su eterno compañero Lee con un papel escrito expresamente para él, y llamado… conde Dooku. Puede que el rol tuviera mucho de chiste referencial, pero, al hacerlo suyo, Christopher demostró estar más que versado en las cosas del Reverso Tenebroso. Para probarlo, échale un vistazo al vídeo de arriba, y dinos cuántos lores del Sith podrían librar tan dignamente un duelo contra Anakin Skywalker (el futuro Darth Vader), el joven Obi-Wan de Ewan McGregor y el mismísimo Yoda. 

El color de la magia (Vadim Jean, 2008)

El papel parecía hecho expresamente para él, y, en el día de hoy, recordarlo hace que nos emocionemos un poco (o bastante). Porque, en el Mundodisco creado por el escritor Terry Pratchett (también fallecido recientemente), la Muerte es un señor bastante majo, cuya voz suena como los latidos del corazón de una ballena. De este modo, tras haber prestado su voz a esta personificación antropomorfa en las series de animación Soul Music Wyrd Sisters, Lee tuvo ocasión de HABLAR EN MAYÚSCULAS persiguiendo al presunto mago Rincewind (David Jason) y al turista Dosflores (Sean Astin) por algunos de los paisajes más chiflados de la literatura fantástica.

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