Lady Gaga: cómo la nueva ambición rubia trata de conquistar Hollywood

A la autora de 'Poker Face' le ha bastado con una película para convertirse en estrella de cine. ¿Qué le deparará su carrera tras 'Ha nacido una estrella'?

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12 de febrero de 2019

Bradley Cooper dice que pensó en Lady Gaga para el papel femenino protagonista de su debut como director, Ha nacido una estrella, después de verla interpretar La Vie En Rose en una gala benéfica contra el cáncer celebrada en 2016. Al día siguiente, se hizo con el teléfono de su agente y logró que la artista le invitase a su casa de Malibú.

Cooper se presentó allí para hablar con ella sobre el proyecto y, de paso, comprobar si había química entre ambos. Entre otras cosas, le comentó a Gaga que el papel iba de lo que podría ser su vida ahora si tuviera treinta años y nunca hubiera alcanzado la fama. “Lo que diferencia a Ally de mí es que cuando yo quise convertirme en cantante, empecé a todo ritmo. Yo estaba arrastrando mi piano de antro en antro para interpretar música. Estaba llamando a la gente, fingiendo ser mi propio manager para conseguir conciertos. Realmente, creí en que podía hacer esto y que no iba a detenerme hasta que lo lograra”, comentó la propia actriz en una entrevista promocional.

Y aquella primera reunión en Los Ángeles resultó bastante fructífera. Además de reír y comer pasta juntos, Cooper le pidió que cantara con él Midnight Special. “Imprimí la partitura, la toqué al piano y estaba muy nerviosa. […] Empezamos a cantar, escucho la voz de Bradley, y simplemente dejé de tocar y le dije: ‘Oh, Dios mío, Bradley, sabes cantar’. Es increíble”, explicaba la neoyorquina sobre aquel encuentro. Después, Cooper consiguió la aprobación del estudio Warner Bros y pudo rodar la película. En apenas 42 días y con un presupuesto de 31 millones de euros.

Cualquiera que haya visto Ha nacido una estrella habrá comprobado que la química entre ambos —así como la credibilidad dramática de sus interpretaciones— es más que notable. Tan notable como la conexión de la película con el público, entusiasmado con este previsible y musical melodrama que cuenta la historia de una politoxicómana y atormentada estrella del rock (interpretada por Cooper) que descubre a Ally (a la que da vida Gaga), una talentosa camarera que lucha por salir adelante en el siempre difícil mundo del espectáculo.

Cooper trabajó en el guion de la peli junto a los guionistas Eric Roth y Will Fetters, mientras que Gaga se encargó de la banda sonora. Y la cosa salió bastante bien en ese sentido. De hecho, resultan impagables los (escasos pero notables) momentos musicales a dúo que regalan los protagonistas —es más, el Shallow que ha coescrito e interpreta en la peli junto al director le ha valido a Gaga una nominación al Oscar en la categoría de mejor canción original—.

Reconocimientos aparte, está claro que la película, estrenada el año pasado en el Festival de Venecia, era una apuesta arriesgada para ambos. Primer gran desafío como actriz dramática para una exitosa cantante como ella, y debut como director para una consagrada estrella hollywoodiense como él. Pero lo cierto es que uno y otro han salido reforzados del reto y la cinta ha triunfado en taquilla.

Gaga rezuma naturalidad en la película. La excéntrica estrella del pop —que alguna vez se autodefinió como “un espectáculo sin intermedio”— se quita esta vez la máscara y se desnuda por completo —literal y metafóricamente— en el largometraje, donde se muestra sincera y enérgica. Tanto, que muchos hablan de ella como “la nueva ambición rubia”, adjudicándole el apodo que ostentó Madonna en los 90.

No es un secreto que la neoyorquina es una de las artistas más genuinas que ha dado el mundo del show business. Lo curioso es que, hasta hace poco más de una década, con el lanzamiento de su primer álbum (The Fame), Stefani Joanne Germanotta a.k.a Lady Gaga pasó de estar haciendo espectáculos de burlesque para poder sobrevivir a convertirse en un fenómeno mundial. “Siempre he sido famosa, solo que nadie lo sabía aún”, comentó en una ocasión esta hija de inmigrantes italianos en Estados Unidos que siempre se ha sentido una outsider —y que, además, siempre ha tratado de aprovechar su carrera para dar voz a quienes no la tienen—.

Ahora, con cinco álbumes de estudio, seis premios Grammy, una fortuna de alrededor de 280 millones de euros y dos Globos de Oro bajo el brazo —uno por su papel en la serie American Horror Story y otro por su tema Shallow—, la artista de 32 años ha cerrado por fin la boca a todo aquel que se atrevió a acusarla de intrusismo profesional. Y, de paso, ha demostrado que triunfar en el mundo de la música no es incompatible con hacer carrera en el cine— como ya hicieran en su día otras estrellas como Cher, o Bette Midler—.

Eso sí, también hay quien considera la idea de su supuesto intrusismo como algo discutible. Aunque muchos lo desconocen, Lady Gaga estudió durante varios años interpretación en el Instituto Lee Strasberg. Y la diva se ha esforzado por aplicar lo que aprendió entonces en cada uno de sus vídeos y actuaciones.

A la cámara le gusta Gaga, y Gaga sabe cómo seducir a la cámara. Quizás por eso, su idilio con el cine diste mucho de la experiencia de otras divas del pop como Mariah Carey o Britney Spears, que hace unos años se pegaron un batacazo en su intento por convertirse en estrellas de la meca del cine.

De momento, que le quiten lo bailao. Gaga está triunfando con su residencia musical en Las Vegas, estudia varios guiones que ha recibido en los últimos meses y podría ganar un Oscar a mejor actriz en la gala del próximo 24 de febrero —donde, por cierto, cantará en directo y a dúo con Cooper su Shallow—. Parece que, definitivamente, ha nacido una estrella…de la interpretación.

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