“No es el Mesías, es un sinvergüenza”: por qué ‘La vida de Brian’ es un milagro

Para celebrar la inmortal comedia de los Monty Python, enumeramos cada una de sus claves y razonamos por qué no la hemos podido olvidar.

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02 de abril de 2020

Reconozcamos que La vida de Brian no es plato para todos los gustos. Y es que no todo el mundo comulga con el humor surrealista, estrambótico, extraño y vitriólico del mítico grupo británico Monty Python y su manera de ponerlo todo patas arriba para mostrarnos nuestras vergüenzas, que son muchas (la ridiculez humana da para mucho). Pero al menos hay consenso en que La vida de Brian es su obra maestra. Está considerada como una de las mejores películas de humor de la historia del cine y, aún mejor, su humor es incombustible al paso del tiempo. 40 años después sigue siendo absolutamente hilarante.

La película sobre Jesucristo (pero sin Jesús, porque era alguien que les caía bien, “su discurso no estaba mal”) de John Cleese, Terry Gilliam, Eric Idle, Michael Palin, Graham Chapman y Terry Jones (que fue también el director) mantiene intactas las cualidades de su inagotable despliegue de sketches, frases y réplicas. Y por muy poco amigo que uno sea del humor de los Monty Python resulta imposible contener la carcajada en más de un momento. Además, sigue siendo (a su manera, claro) una lección de historia y un divertidísimo tratado sobre la estupidez (encarnada aquí en los seguidores de Brian, romanos y judíos). Y para comprobar que todo esto va muy en serio nada mejor que un breve repaso a algunos de sus gags y ocurrencias más celebradas coincidiendo con los 40 años de su estreno en Estados Unidos, el 17 de agosto de 1979 (en los cines británicos llegaría en noviembre, y en España el 29 de octubre de 1980).

En un portal de Belén

La vida de Brian

Todo empieza con una estrella fugaz, tres Reyes Magos (astrólogos), una noche en un humilde y pequeño establo y un niño que arrastraría una legión de seguidores (pero no es quién crees sino Brian). Luego los  títulos de crédito, con la animación marca de la casa diseñada por Terry Gilliam y emulando los de La historia más grande jamás contada. Y acompañados por una canción estilo Goldfinger de Bond, pero con una letra menos elegante o sugerente y sí muy mundana y tonta, escrita por Michael Palin, con música de Andre Jacquemin y Dave Howman y la voz de una Sonia Jones de tan solo 16 años.

 

Contén la risa al oír “Pijus Magnificus”

La vida de Brian

Y a partir de aquí no vamos a seguir un orden estrictamente cronológico, así que pasamos directamente al Poncio Pilato interpretado por Michael Palin (uno de la docena de personajes que caracterizaría en la misma película) y su problema de pronunciación con las “erres”. Además de los particulares nombres de algunos de sus amigos, como un tal Pijus Magnificus (Biggus Dickus, o lo que es lo mismo, alguien con un enorme miembro viril, en el original) y su esposa llamada Incontinencia Suma (Incontinentia Buttock en el original). Si eres capaz de contener la risa en esta escena no solo eres todo un campeón, te librarás de acabar en la escuela de gladiadores, preparándote para morir en la arena.

 

¿Qué han hecho los romanos por nosotros?

El pueblo judío no es que estuviera precisamente muy unido, dividido en varias provincias y multitud de religiones. De hecho, pese a la presencia de los invasores romanos, solo había otros pueblos que odiaban más, y eran los de sus propios hermanos. El mismo Reg (interpretado por John Cleese, en lo de la media docena de personajes que hizo en el filme) queda en evidencia ante los suyos, el Frente Popular de Judea, al decir que los opresores romanos no han hecho nada por ellos. ¿Nada?… a parte del “alcantarillado, la sanidad, la enseñanza, el vino, el orden público, la irrigación, la carretera y los baños públicos… ¿qué han hecho los romanos por nosotros?” (ver vídeo arriba).

 

Lapidación con final imprevisto

La vida de Brian

No solo estaba el circo romano, o las crucifixiones. La fascinación por la violencia y el morbo es innata, y allí estaba otro gran espectáculo público para no perderse, el de las ejecuciones pública formato lapidación (aunque no siempre salían como la “organización” esperaba). La entrada estaba prohibida a las mujeres, pero ningún problema. O al menos ninguno que no pudiera solucionarse con una poblada barba postiza.

 

Fans y fanáticos

La vida de Brian

Pese a que los Monty Python se hartaron de declarar que su película no era ninguna sátira o burla de Jesucristo, sino de sus fanáticos seguidores, no se libró en el momento de su estreno de numerosas protestas y boicots de grupos religiosos. Cada uno a su bola, como esos adoradores de Brian que, en aquella época, a falta de un youtuber o instagramer que seguir, les valía cualquier otro influencer, y si era del tipo predicador mucho mejor. Como objetos fetiche a los que adorar también les bastaba cualquier cosa, fuera una sandalia o una calabaza, y cualquier atisbo de milagro (como el ermitaño, también interpretado por Terry Jones, que llevaba 18 años sin decir ni pío, hasta que su destino se cruzó con el de Brian).

 

“Encontré una cuchara”

La vida de Brian

Estúpidos unos, estúpidos los otros. Los integrantes del grupo Frente Popular de Judea tenían un método tan simple como efectivo para no ser descubiertos por los romanos en sus reuniones clandestinas. Si había algún registro sorpresa les bastaba con esconderse con lo primero que tuvieran a mano (bajo la mesa, dentro de un cesto, tras una cortina o una sábana…). Los soldados, por muchos que fueran, no lograban dar con ellos, pero al menos encontrar, algo encontraban, aunque fuera una cuchara.

 

“No es el Mesías, es un sinvergüenza”

Cuando uno es famoso no puede ni salir al balcón de su casa, en pelota picada, sin toparse con una muchedumbre esperando para aclamarle. Es lo que le ocurre al bueno de Brian (Graham Chapman en la piel del personaje protagonista, más otros dos secundarios, uno de ellos el de “Pijus Magnificus”) al salir al balcón en pelota picada, después de pasar una noche de sexo con Judith (Sue Jones-Davies). Lo peor es cuando de lo de Judith se entere su madre (llamada Mandy y que de virgen no tenía ni tiene nada, interpretada también por… ¡Terry Jones!), ni corta ni perezosa se dirige a la multitud para dejarles las cosas claras: su hijo “No es el Mesías, es un sinvergüenza” (ver vídeo arriba).

 

El escuadrón suicida

La vida de Brian

También podemos toparnos con algunos de los personajes secundarios más variopintos y raros que ha dado el cine de los Monty Python, como el prisionero colgado en una de las mazmorras o el repelente carcelero (que encarnó Terry Gilliam, en uno de sus siete papeles). Y, aunque solo fueran unos segundos, con un grupo de miembros del Frente del Pueblo Judaico que llegan para ¿Salvar a Brian en el último minuto? De lo que no hay duda es de que es el escuadrón de suicidio, y harán honor a su nombre.

Y… ¿qué pintan unos extraterrestres en todo esto?

La vida de Brian

De milagros y sucesos extraordinarios o fantásticos en La vida de Brian no es que haya, excepto uno. Brian huyendo de los romanos y salvándose de una muerte segura, después de caer de lo alto de un torreón. Pero aún no le había llegado su hora y el momento de su caída coincidió con el paso por el lugar de… una nave alienígena (y es que la influencia de Star Wars, estrenada un par de años antes, llegó hasta la película de los Monty Python).

 

Hay que mirar siempre el lado bueno de la vida

Se hace difícil (o quizá no tanto) saber si el final de La vida de Brian es un chute de positividad o más bien una negrísima ironía (el humor como único medio para sobreponerse a tanto absurdo y todo eso de la estupidez humana), pero terminaba de una manera que nadie hubiera antes imaginado, con un grupo de condenados a morir en la crucifixión, colgados allá arriba, hasta que uno de ellos (en uno de los nueve papeles que interpretó Eric Idle), empezando a cantar y a silbar, animando a los demás, un tema que es todo un canto a la vida (y eso, a ser positivos pese a las peores adversidades con las que uno pueda topar)…. Alway Look on the Bright Side of Life. ¡Memorable!

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