Así es ‘La trinchera infinita’, una de las favoritas de los Goya 2020

Tras el éxito de ‘Handia’, el trío de realizadores vasco formado por Garaño, Arregi y Goenaga regresa con la sobrecogedora historia de un ‘topo’ de la Guerra Civil.

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24 de enero de 2020

Al igual que de una boda suele salir otra, con las películas pasa lo mismo. Eso, al menos, fue lo que les ocurrió a Jon Garaño, Aitor Arregi y José Mari Goenaga, tridirectores de La trinchera infinita y tripromocionadores de la misma, cuando se toparon con 30 años de oscuridad (Manuel H. Martín, 2011), sobre la peripecia real de Manuel Cortés, alcalde de Mijas que pasó 30 años escondido en su casa por temor a la represión franquista. “Nos preguntamos cómo sería mostrar en una película ese encierro sin abandonar nunca al encerrado. Y cómo hacer partícipe al espectador de esa experiencia, ese sentir que algo pasa fuera y que a ti se te escapa”.

30 años de oscuridad era una coproducción vascoandaluza a cargo de Irusoin y La Claqueta, y a ellos se dirigieron para lanzar esta arriesgada variante. Así nació Higinio, onubense de Higuera de la Sierra, prisionero en su propia casa, víctima de sus miedos y de su país y habitante de un minúsculo zulo durante 30 años. Higinio es Antonio de la Torre, que hace dos de las cosas que más parecen gustarle como actor: ponerse tocinillo (Gordos) y pasarlas canutas encarcelado (AzulOscuroCasiNegro, La noche de 12 años). “No se trata de encontrar un buen actor, sino de que sea el ideal. Antonio empezó con dos o tres kilos menos. Desde la primera reunión nos preguntó cuánto queríamos que engordara. Rodamos en primavera y en verano. Entre ambas fechas hubo un parón. Y en cinco semanas engordó”.

Robert De Niro necesitó seis meses para su mítica transformación en Toro salvaje, así que, ¿qué secreto nos esconde la barriga de De la Torre? “Tuvo la suerte de que coincidió con el Mundial de Fútbol. Como es muy futbolero, se tiró las cinco semanas tirado en el sofá comiendo y bebiendo. Y dejó de hacer deporte, que él también es muy deportista”. Los directores solo tienen parabienes para Antonio, pero también para el resto del elenco. “Mostraron un compromiso tremendo con lo que es la historia. No se limitaron a hacer su trabajo y punto. Todo el tema de la forma de hablar, el acento, el ayudar a crear ese mundo, a levantar cosas de la historia que ellos veían que podían mejorarse…”.

Son 30 años. Son 147 minutos. Es un thriller. Uno de los retos del filme es mantener la tensión en los espectadores. “Queríamos mostrar esa realidad fragmentada. Y para ello teníamos que jugar con el fuera de campo, con el sonido, con todo lo que está en off. Constantemente estás tentado a irte fuera. Pero éramos conscientes de que la razón de ser de esta película, era mantenernos en esa posición. Porque si hubiéramos acompañado al personaje de Rosa –la mujer de Higinio, interpretada por Belén Cuesta–, sería algo que ya habíamos visto antes, en películas como Los girasoles ciegos. Realmente era un reto, pero éramos conscientes de que era lo que le iba a dar personalidad a la película”.

No hay que ser un lince para vislumbrar, en esa mezcla de realidad fragmentada y thriller, ecos de Alfred Hitchcock, pero también cuestiones más densas como pueden ser la esencia misma del cine. “La ventana indiscreta está muy presente, claro. Al final, cuando hablas del acto de mirar en una película es inevitable pensar en el propio cine y en sus limitaciones. El agujero del escondite de Higinio es como el visor de una cámara”. A través de esa rendija, el protagonista intenta aprehender una realidad que, para su desesperación, se le escapa.

“Higinio está metido en su zulo y la información que recibe está filtrada en dos sentidos: la más cercana, que le llega a través de su mujer y la del mundo más amplio, que le proporcionan los medios de comunicación, al mostrar esta última, usamos la cultura pop. Se trataba de ver cómo se va desarrollando una sociedad y un país a lo largo de esos 30 años sin verlo, con fragmentos radiofónicos y pistas visuales”. Higinio va comprendiendo paulatinamente que, por llevarle la contraria a un invitado de lujo del filme como es Julio Iglesias, la vida no sigue igual (¡y lo sabes!).

O dicho, de otro modo, la dirección de arte, una de las señas de identidad de su multipremiada Handia, vuelve a ser uno de los puntos fuertes: “La Claqueta e Irusoain nos pasaron toda la documentación que manejaron para la realización de 30 años de oscuridad. Desde entrevistas con historiadores a estudios sobre cómo eran las casas o cómo vestían los andaluces entre la década de los 30 y los 60. Todo tenía que ser muy sutil. Si piensas en la casa de tu abuela, en una casa humilde, tampoco cambia tanto en 30 años. Teníamos que ser conscientes de que al igual que el país evoluciona, Higinio permanece congelado en su mundo”.

Sordo, Mientras dure la guerra, La trinchera infinita… Después de una temporada de ausencia, ¿por qué vuelve la Guerra Civil a nuestros cines? “No ha sido una estrategia predeterminada. Digan lo que digan, lo que pasa es que la Guerra Civil y lo que vino después es un periodo muy influyente, más de lo que nos gusta reconocer. Además, es un tiempo histórico muy potente cinematográficamente por todas las historias y controversias que se dieron. Es un momento muy complejo e incómodo. También es cierto que quizás hay algo en el aire que hace que se estrenen películas con temática parecida: cuando editábamos nos dábamos cuenta de que había muchos paralelismos entre la historia y el tiempo presente. Porque los conflictos no acaban, no se resuelven, sino que se van transformando. Por eso decidimos titularla La trinchera infinita”.

Falta la cuestión más espinosa. ¿Que Alejandro Amenábar haya arrasado con Mientras dure la guerra, es bueno o malo para su trinchera? “Igual nos lo tenías que preguntar dentro de dos meses [risas]. A priori piensas que sí, que puede haber un interés por el tema. Pero nunca sabes muy bien qué atrae a la gente al cine”. De momento, los profesionales han respondido positivamente: cuatro premios en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, incluidos mejor dirección y mejor guion. La trinchera de la taquilla les espera.

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