‘La ola verde’ reivindica el aborto legal en Argentina

El documental de Juan Solanas, que se exhibe fuera de competición en Horizontes Latinos, saca sus pañuelos verdes como hizo en el pasado Festival de Cannes

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10 de marzo de 2020

“En Argentina muere una mujer a la semana por un aborto clandestino”. Así, directo, sin preámbulos, con el sonido apabullante de una batucada detrás, comienza el filme de Juan Solanas La ola verde, documental que lucha por la legalización del aborto en Argentina, donde en 2018 el Senado rechazó la aprobación de la ley por séptima vez. La ola verde recorre 5000 kilómetros para capturar en testimonios la criminalización y la tortura a la que se ven sometidas las mujeres que abortan clandestinamente en Argentina. Solanas construye un artefacto de alto potencial activista, no solo desde la reivindicación feminista de control del propio cuerpo sino desde la defensa de los derechos humanos de todas esas mujeres perseguidas y estigmatizadas. El Festival de San Sebastián, donde se podrá ver el documental en la sección Horizontes Latinos fuera de competición, apoyará además la reivindicación con un acto este martes 24 de septiembre a las 15.15 horas frente al Auditorio Kursaal, en el que se invitará a los equipos de las películas invitados al certamen a ponerse el pañuelo verde siguiendo los pasos del Festival de Cannes.

La ola verde comienza con las multitudinarias manifestaciones ante la aprobación de una ley a favor del aborto, proclamas callejeras que se repiten a lo largo del documental junto a performances en plan El cuento de la criada y discursos  de senadores. Este telón de fondo sirve para contextualizar los escalofriantes testimonios del documental, verdadera piedra de toque del filme de Solanas.

Mujeres que intentaron detener sus embarazos con agujas de tejer o troncos de perejil, enfermas de cáncer a las que no les permitieron abortar o médicos y enfermeras negligentes que, para dar escarmiento a las pacientes que llegaban desangrándose, las dejaban en una sala solas, a oscuras, hasta matarlas. A continuación, manifestaciones provida con gigantes muñecos en forma de bebé, en una clara declaración de intenciones a través del montaje.

Las atrocidades a las que se ven sometidas las abortistas clandestinas se reproducen haciendo evidente lo innegable: que toda mujer tiene derecho a abortar en condiciones médicas y sanitarias, que garantizar una vida no debería acabar con otra. “La realidad de la vida supone para mucha gente la realidad de la muerte”. Así de bien lo explica el Padre Quilmes, cura en una de las regiones más pobres de Argentina que uno observa preguntándose si sus declaraciones proabortistas le habrán costado el alzacuellos. Ningún testimonio deja indiferente al espectador –lo que demuestra un cuidado trabajo de documentación por parte del director–, pero quizás sean doblemente impactantes aquellos que vienen de personas que se reconocen católicas. Por ejemplo, el de la especialista en tocología, católica arrepentida de haber formado parte de la persecución y estigmatización de esas mujeres que, tras un aborto clandestino, llegaban a urgencias al borde de la muerte.

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