La música existe, el filme no: 12 bandas sonoras imaginarias

Cuando los productores se hacen de rogar, los músicos componen partituras para películas que sólo existen en sus cabezas.

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08 de diciembre de 2013

Versatilidad, impacto emocional, dinamismo, variedad de timbres y texturas… Para muchos artistas de pop, rock y jazz, la música de cine es un punto de referencia. De hecho, más de uno sueña con acabar componiendo una banda sonora como Morricone manda. Por ello, cuando los productores se hacen de rogar (bien porque uno no es lo bastante famoso, bien porque su estilo resulta poco comercial) siempre queda la opción de salirse por la tangente y sacarse de la manga una banda sonora imaginaria. Es decir, una canción, o incluso un disco entero, concebido como música para un filme que jamás ha existido salvo en la cabeza de su autor.

La semana pasada, CINEMANÍA te ofrecía un ejemplo de este subgénero con las (estupendas) composiciones de Orphan Tracks. Y, como en el asunto hay muchísima tela que cortar, ahora nos toca repasar una completa lista de BSOs para películas inexistentes. Un repertorio de sonidos que van desde la experimentación desaforada hasta el clasicismo, pasando por el dance y el rock rabioso, y que puede proporcionar más de una sorpresa. Porque más de uno de los autores que te presentamos aquí ha pasado de imaginar filmes a trabajar con auténticos directores de Hollywood.

Theme For An Imaginary Western (Mountain, 1970)

Esta canción, compuesta por Jack Bruce (bajista de los Cream de Eric Clapton) llegó a la fama gracias a este grupo pionero del hard rock estadounidense, que la incluyó en el álbum Climbing!. Su concepto está más en el título que otra cosa, pero se le agradece el valor pionero.

Y la película sería… Dados el año y el guitarreo, apostamos por un neowestern crepuscular y violento, pero romántico, al estilo de Walter Hill.

Music for Films (Brian Eno, 1978)

Siempre conceptual, Eno envió una edición limitada de este álbum a varios directores de cine, por si querían comprar las piezas para usarlas en sus películas. Como ninguno de los cineastas picó, el teclista calvo terminó lanzando el álbum a su nombre, dando pie a todo un subgénero: de no ser por su ocurrencia, este informe no tendría razón de ser. Otras dos entregas de la colección fueron publicadas en 1983 y 1988.

Y la película sería… Un thriller de ciencia-ficción muy frío, brumoso y mecánico. Es decir: una posible alternativa para el (fabuloso) trabajo de Vangelis en Blade Runner.

Wathever Happened To Vileness Fats? (The Residents, 1984)

¿Creías que Brian Eno es un tipo raro? Eso es porque no conoces a la banda más freak (y enigmática) de San Francisco. A mediados de los 80, los Residents lanzaron este álbum con temas grabados para un filme que comenzaron a rodar (en vídeo) alrededor de 1971, pero que quedó inacabado tras casi una década de rodaje. Eso dicen ellos, claro: tratándose de este grupo, cualquiera se fía.

Y la película sería… Un western surrealista sobre la lucha entre unos luchadores de catch siameses y una horda de carros de la compra atómicos. Si te suena a disparate, tranquilo: los Residents son así.

Stormhorse (In The Nursery, 1987)

Este longevo dúo de música industrial publicó Stormhorse como banda sonora para una película imaginaria, algo que acabó resultándole muy rentable: desde entonces, In The Nursery aportan temas habitualmente a series de TV (puedes oír uno de ellos en los primeros tráilers de Juego de tronos) y acuden a festivales de cine para poner música en directo a filmes mudos.

Y la película sería… Con esos ostinatos de sintetizador y esas percusiones tan góticas, sólo podemos pensar en un filme de terror muy siniestro y sangriento, al estilo Hellraiser.

Moss Side Story (Barry Adamson, 1989)

El ex bajista de Magazine y Nick Cave and the Bad Seeds es un tipo muy cinéfilo. Tanto, que consagró su primer LP en solitario a musicar un thriller inexistente ambientado en su barrio natal, un (entonces) conflictivo arrabal de Manchester. Con el eslogan “En un mundo de blancos y negros, el asesinato pone un toque de color”, el álbum incluye una sinopsis de la historia, y todo.

Y la película sería… La verdad es que Adamson nos da todo el trabajo hecho, con lo que nosotros sólo podemos proponer a Guy Ritchie como director de la cinta: estos temas sucios y tensos, pero estilosos, le vendrían que ni pintados.

Original Soundtracks 1 (The Passengers, 1995)

Vaya, otra vez Brian Eno por aquí… Y además en comandita con los miembros de U2 al completo. En realidad, este álbum contiene tres temas usados en películas auténticas (Más allá de las nubes, Ghost in the Shell y el documental Miss Sarajevo, producido por la banda) junto a un gran número de improvisaciones elaboradas por Bono y compañía en sus ratos libres.

Y la película sería… El libreto del cd original incluye los títulos y las sinopsis de filmes que no encontrarás en ninguna base de datos, como United Colours of Plutonium, An Ordinary Day y Elvis Ate America.

This Film’s Crap, Let’s Slash The Seats (David Holmes, 1995)

Antes de que Steven Soderbergh le convirtiese en su compositor de cabecera, el británico Holmes debutó con esta antología de temas para filmes imaginarios. Con un título como “Esta película es una mierda, acuchillemos las butacas”, el álbum podría ser acusado de incitar al mal comportamiento en las salas de cine.

Y la película sería… Salvo tres o cuatro excepciones (como Hunger, de Steve McQueen, y Otra terapia peligrosa), Holmes sólo ha trabajado como músico de cine a las órdenes de Soderbergh. Ahora que el estadounidense se ha retirado, nos preguntamos qué cineasta recurrirá a los servicios de este músico tan temperamental.

The Chilling Effect (Pelican City, 1999)

Bajo el alias de Pelican City se esconde Danger Mouse, músico y productor estadounidense que seguramente te sonará como miembro de Gnarls Barkley (junto a Cee-Lo Green) y colaborador de Gorillaz, Beck y David Lynch, entre muchos otros. Esta presunta banda sonora fue su debut musical.

Y la película sería… La verdad es que el disco no suena lo bastante siniestro como para corresponder a un filme del amigo Lynch. Nosotros apostamos más bien por un dramón urbano y sofisticado con toques de intriga.

Music For Imaginary Films (Arling & Cameron, 2000)

Gerry Arling y Richard Cameron nos entregan la primera BSO ficticia del siglo XXI enarbolando el estandarte de lo cool. Lejos de experimentos y vanguardismos, estos dos DJs optan por géneros de solvencia comprobada (del jazz a Bollywood, pasando por el pop sesentero) en esta recopilación.

Y la película sería… Siguiendo el ejemplo de los Passengers y Barry Adamson, el álbum incluye datos sobre las presuntas películas (con pósters y todo) en su libreto interior. A nosotros nos extraña que Wes Anderson nunca haya echado mano del disco para ambientar alguna escena.

Mis balas llevan tu nombre (Carlo Coupé, 2002)

Aunque el pop español nunca ha sido pródigo en bandas sonoras imaginarias, este álbum compensa dicha carencia con creces. Coupé, teclista y arreglista de mérito a quien tal vez recuerdes del dúo Penélope & Carlo, echa el resto con un surtido de temas en los que los órganos Hammond burbujean y las cuerdas acarician sinuosamente, en la tradición de Mancini y John Barry.

Y la película sería… Según Carlo Coupé, Mis balas llevan tu nombre fue una coproducción hispano-italiana rodada en 1969, y protagonizada por un asesino a sueldo obsesionado con la muerte.

Big Bad Jimmy Ruckus (Big Pimp Jones, 2009)

Durante los 70, estrellas del soul y del funk como Isaac Hayes, Marvin Gaye y Curtis Mayfield aportaron música a filmes blaxploitation tales que Shaft: Las noches rojas de Harlem o Superfly. Esta banda de Philadelphia toma nota de sus ejemplos, en un disco que, apostamos lo que sea, habrá hecho las delicias de Quentin Tarantino.

Y la película sería… Un thriller repleto de pantalones de campana, tensión racial y pistolas de tamaño gigante, con un héroe (o heroína) de exuberante pelo afro.

Themes For An Imaginary Film (Symmetry, 2012)

La ‘película imaginaria’ a la que se refiere el título de este álbum no lo es tanto, en realidad: estamos ante una recopilación de los temas desarrollados por Symmetry (un alias del polifacético Johnny Jewel) para la banda sonora de Drive. Cuando Nicolas Winding-Refn rechazó su trabajo en favor del de Cliff Martinez, Jewel remezcló las piezas y las editó bajo otro de sus muchos seudónimos.

Y la película sería… Un homenaje sentido y esteticista al cine de acción de los 80. No sería necesario tener a Ryan Gosling como protagonista, pero tampoco estaría de más.

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