Por qué ‘La llegada’ no debería ganar el Oscar

No te pongas triste, Amy Adams, con tu percepción del tiempo ya sabías que esto iba a pasar: 'La llegada' no encontrará ningún Oscar en la tercera fase.

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22 de febrero de 2017

Elegida de forma unánime por la redacción de CINEMANÍA como la mejor película de 2016, aclamada con gran éxito de crítica y público, pedestal para la enésima consagración de Amy Adams como una de las grandes actrices de su generación, elocuente demostración de que es posible hacer ciencia-ficción adulta y competente en Hollywood, etc. La llegada, la película de Denis Villeneuve que acude a los Oscar con 8 nominaciones, ha merecido todos esos elogios y muchos más.

Sin embargo, aquí estamos en el ciclo de artículos dedicados a atacar los títulos nominados por la Academia de Hollywood en la categoría de mejor película, así que la piedad no nos cegará a la hora de subrayar los fallos y carencias de La llegada, igual que hemos hecho con Comanchería, Hasta el último hombre, Moonlight, Manchester frente al mar, Figuras ocultas Fences por ahora. Aquí puedes leer nuestra crítica; a continuación, vienen los palos.

¿Dónde está Amy Adams?

Hasta la Academia daba por hecho que Amy Adams sería nominada, como demostró su error en la web de los Oscar. Con cinco nominaciones a sus espaldas, todas ellas tan merecidas como cualquier galardón de Meryl Streep, parecía que esta vez sería la gran oportunidad de la actriz para irse a casa con la estatuilla. ¿Y qué han hecho los votantes de la Academia? Ignorarla por completo y dejarla fuera de la categoría de mejor actriz protagonista, a pesar de que La llegada compite en otras ocho.

¿Cómo es posible que una película tan rematadamente centrada en su personaje protagonista, a quien la cámara filma desde todos los ángulos mientras vemos pasar por su rostro un espectro asombroso de emociones y llevar el peso de la narración en solitario durante todo el metraje, no merezca siquiera el reconocimiento de la nominación para su intérprete? Que aun así La llegada se llevara el premio gordo equivaldría a ensañarse todavía más en esta afrenta.

 

Vamos a estropear La historia de tu vida

El origen de La llegada está en el relato La historia de tu vida del aclamado escritor de ciencia-ficción Ted Chiang. A pesar de que la adaptación firmada por Eric Heisserer se ha llevado sus buenos premios (como el del Sindicato de Guionistas), a nosotros no se nos ocurriría ir tan lejos. Para empezar, porque en el paso de la historia del papel al cine de gran público se han añadido subtramas que afean el conjunto (todo el asunto militar, más deudor de Independence Day que de Encuentros en la tercera fase) y se han realizado modificaciones de peso para hacerlo todo bastante más lacrimógeno en el patio de butacas.

A saber: la hija de la protagonista, que en el relato muere adulta en un accidente, en el filme se convierte en una niña con cáncer que agoniza en el hospital ante nuestros ojos. Algunos, como el crítico Daniel Ausente, dirán que este cambio incluso traiciona el texto original de Chiang, igual que la introducción del personaje del general Shang como paradójico deus ex machina innecesario.

 

Denis Villeneuve, el replicante

Con una filmografía que empezó a finales de los 90 e incluye películas narradas por un pez (Maelström, 2000), la reconstrucción de un tiroteo universitario en Montreal (Polytechnique, 2009) y una adaptación de Saramago con arañas gigantes (Enemy, 2013), en los últimos años el canadiense Denis Villeneuve se ha convertido en uno de los cineastas más sólidos dentro de Hollywood con un estilo muy técnico, impersonal pero realmente efectivo al primer vistazo. Con títulos como Prisoners (2013) y Sicario (2016), Villeneuve se inscribe dentro de una nueva tendencia de apariencia de fortaleza formal y seriedad narrativa, abanderada por cineastas como David Fincher Christopher Nolan.

Un estilo frío y distante muy apreciados en círculos de estudiantes de cine y autores de videoensayos cinéfilos en YouTube, pero con poco alma dentro de la máquina. Dado que el factor humano queda bajo mínimos, sus películas bien podría haberlas hecho un algoritmo hiperdesarrollado; no es casual que Villeneuve haya acabado dirigiendo una secuela de Blade Runner. El problema es que, para una historia con tanto calado emocional como La llegada, habría sido más recomendable un director con corazón.

 

Jóhann, esa música no es tuya

Ya estamos acostumbrados a que las bandas sonoras de Jóhann Jóhannsson no acaben siendo la parte más memorable de la música de las películas en las que trabaja. ¿Por qué? Porque resulta que las melodías que acaban teniendo mayor importancia no son las que él facilita a los directores. Ya ocurrió con su primera nominación al Oscar, en 2015, con La teoría del todo, el tema que todo el mundo recordaba después de ver el filme era de la Cinematic Orchestra, que trajo protestas porque no del músico islandés. Como la música más importante de la película no se incluía en la edición de su banda sonora, los espectadores se quedaban pasmados.

Sin desmerecer el complejo trabajo que ha hecho Jóhannsson buscando coros vocales y solitas de primera como la chelista Hildur Guðnadóttir, en La llegada el tema que prevalece es le ha pasado lo mismo: On the Nature of Daylight, de Max Richter. De hecho, la Academia ha tomado nota y ni siquiera ha permitido que la partitura de Jóhannsson se presente como candidata porque, a su juicio, la música original del islandés está completamente diluida en la pieza preexistente de Richter.

 

¿Peli de marcianos? No, alta cultura

Dentro de una tendencia actual que podemos rastrear en títulos como Gravity (2013), Interstellar (2014) o Marte (2015), durante los últimos años la división de prestigio y respetabilidad social de Hollywood ha decidido acercarse a ficciones espaciales, pero siempre manteniendo un tono de seriedad y distanciamiento cultural que diferencie sus productos de los códigos más fantasiosos del género. No sea que se confundan películas de esta enjundia con los típicos blockbusters de verano o la space opera de turno, por favor. Este argumento, esgrimido por aficionados a la ciencia-ficción con necesidades de validación social a quienes les gusta diferenciar de manera jerárquica entre ramas de ci-fi “dura” y “blanda” como si fueran compartimentos estancos, pueden haber encontrado en La llegada una nueva piedra de toque.

Sin embargo, la realidad es que el filme de Villeneuve puede ser tan reducido a patrones formulaicos como cualquier otro subgénero hollywoodiense, sin que eso tenga que ser necesariamente malo. Es decir, no necesitábamos una película sesuda sobre la modificación cognitiva del lenguaje, el relativismo lingüístico o la percepción del tiempo como construcción de la realidad. Simplemente hacía falta una heroína como Louise Banks, que hiciera para la lingüística lo mismo que Indiana Jones para la arqueología.

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