Por qué ‘La forma del agua’ no debería ganar el Oscar

Es la película más nominada, los críticos la adoran y el público ha caído rendido y la verdad es que sería una obra maestra si no fuera tan, tan complaciente

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18 de febrero de 2018

Ya estamos en ese momento del año en el que en CINEMANIA perdemos la compostura para lanzar improperios y argumentos maliciosos hacia los títulos que han llegado a la final de las finales. Que sí, que ganar un Oscar no garantiza que una película ocupe su sitio en la historia, pero no deja de ser un altar y no todos los títulos merecen estar en él. Como Déjame salir, la cinta encargada de inaugurar este ciclo de artículos chungos.

El cine es soñar. Es redención. Es la posibilidad de vivir otras vidas. Y ya que te dan el lujo de poder experimentar cosas tan maravillosas, cuando un director como Guillermo del Toro dirige una película tan absolutamente noble y fantástica (en todos los sentidos de fantástico) como La forma del agua, uno no puede más que agradecer que exista este arte. Sin embargo, siendo sinceros ganar película, director, actriz principal,  actor de reparto, actriz de reparto, guión original (veremos luego lo de original), montaje, fotografía, banda sonora, diseño de producción, vestuario, sonido y efectos sonoros es demasiado para una cinta tan complaciente, tan naif, tan preparada…

El cariño con el que la película ha sido producida puede que os nuble la objetividad y anheléis ver a Guillermo del Toro ahí arriba cogiendo la estatuilla. Pero no, La forma del agua no es la mejor película del año y ni se acerca.

BIENVENIDOS A MOVILAND (OTRA VEZ)

Todos conocéis Movieland. Habéis estado allí un montón de veces: tomando un café con Audrey Tautou en Amelie, de la mano de Jim Carrey en The Majestic, desesperados y enamorados de Ewan McGregor y Nicole Kidman.

Movieland es un reino fantástico en el que se ambientan decenas de películas.

Movieland es muy bonita. Parece un museo de cera. Hay muchísimos carteles florescentes. Bombillas resplandecientes. Es muy colorida y las habitaciones de sus casas y edificios están llenas de vida. Son amarillas, verdes, rojas…. Movieland es un lugar donde ruedan los directores que añoran la era de estudio. Este lugar, sus casas, calles y rincones tienen una textura muy particular. Pero a Movieland le falta vida, todo es tan inmaculado y precioso que no parece real.

Aunque la forma del agua está ambientada en Baltimore a principios de los 60’, Guillermo del Toro se ha ido a rodarla a Movieland. Le ha quedado muy bonita pero ya hemos pasado tantas veces por allí que nos lo conocemos de memoria… Aunque haya intentado darle un par de brochazos góticos a los escenarios.

¿QUIÉN QUIERE LÓGICA TENIENDO ROMANTICISMO?

Hay que hablar de esto seriamente. Hasta la mitad de la película el guión mantiene un tono muy equilibrado, con acciones y consecuencias que tienen sentido. Las leyes que rigen el universo de La forma del agua son respetadas y fáciles de encajar por los espectadores. Los personajes actúan de acuerdo a esas leyes y también nos sorprenden con sus decisiones: La valentía de Elisa que, sensible ante un espécimen tan extraño e incomprendido, decide acercarse a él y después enamorarse, el talante de ese vecino interpretado por Richard Jenkins que tras ser rechazado recibe la motivación necesaria para ponerse en acción, la obsesión del villano por eliminar lo que él considera un monstruo mientras su propia monstruosidad se va apoderando de él hasta deshumanizarle… Todo está muy pensado y todo encaja. Todo excepto los 20 minutos finales en los que el guión entra en la dinámica de saltarse todas estas leyes, sin importar las acciones que sus personajes toman fuera de toda lógica y todo para conseguir llegar a un clímax romántico que consiga acongojar al espectador.

¿Merece la pena desmerecer el guión para llegar a ese punto? Solo consiguen que durante varios minutos, los espectadores más quisquillosos seamos expulsados de la sala a patadas. Para que quede claro me refiero a CUIDADO SPOILERS:

– El científico ruso que se chiva antes de morir en un alarde de bravuconería cuando su personaje había mostrado hasta entonces un carácter contrario.

– ¿A Michael Shannon no se le ocurre que Zelda va a llamar por teléfono a su amiga en cuánto él salga por la puerta?

-Ay… el calendario con el destino escrito en letras rojas. Ese detalle que nos desvela que todo estaba bien armado desde el principio. Que esto que ves es un cuento que no deja lugar a la improvisación. La metáfora fue la primera en llegar.

CUATRO PERSONAJES ARQUETÍPICOS Y UN HOMBRE ANFIBIO

Una chica muda y huérfana que ha sufrido mucho durante su infancia. Que ahora trabaja limpiando las instalaciones de un laboratorio. Que le encantan los musicales y se aprende pasos sueltos de claqué. Que se enamora de un bicho raro porque le recuerda un poco a ella. Ah! También tiene una fantasía bailando con él como si estuvieran protagonizando un musical de la edad dorada de Hollywood.

Un tipo cincuentón muy creativo al que han echado del trabajo por ser gay. Él también vive el rechazo constantemente. También le gustan los musicales. Es muy sensible, muy bueno y tiene falta de cariño.

La compañera de trabajo de la chica muda que es negra. Vive con un marido que ni habla, ni la escucha. Una vida matrimonial terrible que además tiene que alternar con una sociedad donde la consideran inferior.

Un villano escandalosamente malo. Nadie sabe por qué es tan malo, que le ha pasado en la vida para que quiera hacer daño a las personas buenas. O sea, un psicópata de campeonato perfectamente diseñado para ser odiado por el espectador.

Y por último el hombre anfibio. El único personaje que no se alimenta de tópicos más vistos que el tebeo. Le gustan los huevos, tiene picha, se come a un gato, cura a la gente y le gusta el cine clásico.

PLAGIAR O NO PLAGIAR, ESA NO ES LA CUESTIÓN

La polémica que ha rodeado a La forma del agua en esta carrera hacia los Oscars es un supuesto plagio a un corto holandés en el que una joven que limpia también unas instalaciones del gobierno se enamora perdidamente de un encantador bichejo parecido al de la película de Del Toro. Al parecer, y a pesar de que  La forma del agua se empezó a gestar cuatro años antes de que apareciera este corto, la película comparte varias escenas muy similares y esto ha provocado que los más papistas estén muy enfadados.

Sin embargo, esto es lo de menos, las historias están para contarse una y otra vez. La forma del agua es también La bella y la bestia, es ET, es La criatura del lago pero da igual porque lo importante es tener una nueva mirada y la de Guillermo del Toro es, como siempre brillante. Así que no, el plagio no es uno de los motivos que hacen a esta película desmerecedora de tanto premio. No, es la complacencia con la que del Toro trata a sus personajes, desvirtuándolos cuando no les impone en ningún momento ni un solo pensamiento incómodo sobre los experimentos, sobre el sexo entre especies, sobre la comunicación, sobre el hambre sexual de una protagonista que se tira al vacío… Estos personajes con dudas, serían mejores personajes y La forma del agua una película imperecedera que resaltaría entre todas sus influencias.

Pero no. Solo estamos ante una película bonita que no durará demasiado en la cabeza de los espectadores.

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