Kate Winslet en los 90: de princesa con corsé a reina del mundo

De cómo una inglesa mofletuda protagonizó sitcoms en TV, se libró por los pelos del encasillamiento, se enrolló con Daniel Craig y ascendió a los cielos sobre un iceberg.

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05 de octubre de 2020

¿Fue una sorpresa? Vaya que sí. Hace 30 años, era difícil imaginarse que aquella adolescente británica, procedente de una familia de actores, iba a convertirse en un monstruo sagrado de la interpretación. Pero, pese a ello, también es verdad que seguir la carrera de Kate Winslet era asistir en rigurosa primicia a un proceso de maduración, con la chica mofletuda (los matones de su colegio la apodaban ‘Bola de Grasa’) convirtiéndose, paso a paso, en una de las actrices más prometedoras del mundo. Y de ahí, al infinito y a ese Oscar que por fin cayó (por El lector) en 2009, tras nada menos que cinco nominaciones.

En homenaje a la diva de Reading, nos hemos permitido recorrer sus primeros trabajos, incluyendo en ese que todos estáis imaginando (el de la tabla y el iceberg, vaya) para demostrar su capacidad de alzarse sobre unos inicios que amenazaban con destinarla al cementerio de las estrellas teen o encasillarla para siempre en dramones de época. Como veréis a continuación, la carrera primeriza de Kate Winslet estuvo tan llena de obras maestras… y también de peajes en forma de películas de menor cuantía, así como sorpresas que siempre da gusto redescubrir.

Dark Season (Serie, 1991)

Aunque no sea su debut (ese tuvo lugar a los once años, en un anuncio de cereales), la primera serie de TV en la que Kate tuvo un papel estable nos confirma lo que decíamos de las sorpresas. Para empezar, porque Dark Season fue una creación de Russell T. Davies, el showrunner que acabaría resucitando Doctor Who y produciendo sátiras sociales tan relevantes como Queer As Folk Years and Years. Para seguir, porque estamos ante una obra de ciencia-ficción ciberpunk para adolescentes: dado que la Winslet se ha prodigado tan poco en el cine de género, no está nada mal saber que ella empezó su carrera enfrentándose a una computadora genocida.

Get Back (Serie, 1992-1993)

La trascendencia de este show en la historia de la TV británica no es nada del otro jueves, pero también nos demuestra la versatilidad de la Winslet primeriza. Se trata de una comedia (otro género que la actriz  tampoco ha cultivado mucho) sobre una familia británica tirando a demente, con coartada musical (cada capítulo lleva el título de una canción de The Beatles) y con dos titanes de la risa destrozona made in UK como Laurence Marks Maurice Gran (Un diputado fantástico) como máximos responsables. Por otra parte, el rol de papá de una Kate violonchelista y sarcástica corre a cargo de Ray Winstone, todavía jovenzuelo pero ya con mofletes como planetoides.

Criaturas celestiales (Peter Jackson, 1994)

Basada en un trágico caso real de asesinato (una de cuyas protagonistas fue la escritora Anne Perry), esta película cayó como una bomba en su día por varias razones. La primera, el haberle demostrado al mundo que Peter Jackson no era solo un autor de películas gore con puntillo jocoso, poniendo en marcha un viaje que culminó, como sabemos, en la Tierra Media. La segunda, que le proporcionó a Kate Winslet su primer rol protagonista en cine (y su primer desnudo en pantalla) después de que esta triunfase en un casting agotador sobre otras 175 candidatas. La intensidad de la historia dejó agotadas a nuestra heroína y a su compañera Melanie Lynskey, y Kate no guarda un buen recuerdo del machismo casual de los técnicos, pero hoy podemos decir que su sufrimiento fue por una buena causa.

Aventuras en la corte del Rey Arturo (Michael Gottlieb, 1995)

El cine noventero tenía estas cosas: un año después de estrenar un filme tan truculento como Criaturas celestiales, nuestra Kate se embarcó en una película Disney. Y no en una cualquiera, sino en una que trataba de darle un baño de contemporaneidad ‘totally radical’ (es decir, de vergüenza ajena) al mito artúrico. Descuartizada por la crítica (su puntuación en Rotten Tomatoes es de un 5%), la película tiene sin embargo el aliciente de mostrarnos a nuestra heroína como princesa medieval-fantástica capaz de justar en un torneo… y de contar en su reparto con un tal Daniel Craig, jovencito y caballeroso él, al que la Winslet acaba llevándose al huerto. Mira la tía, y parecía tonta.

Sentido y sensibilidad (Ang Lee, 1995)

Debería darte vergüenza, Ang Lee: aunque Kate estaba loca por aparecer en tu adaptación de Jane Austen como la impetuosa Marianne Dashwood, tú no confiabas en su talento, pretendiendo relegarla a un papelito secundario. Y, cuando nuestra chica se salió con la suya gracias a las mañas de Emma Thompson y a un poco de morro en las audiciones, tú la sometiste a una suerte de boot camp del romanticismo, obligándola a leer novelas góticas y practicar taichí. Para colmo, tus comentarios condescendientes en el rodaje la hicieron caer en una depre tras otra (menos mal que Emma y Alan Rickman estaban ahí para apoyarla). Pero a la larga tuviste que tragarte el orgullo, porque sin la Winslet (que se llevó su primera nominación al Oscar) esta película no sería lo mismo ni de lejos, ni habría sido el detonante de la ‘austenmanía’ que arrasó Hollywood durante la siguiente década.

Jude (Michael Winterbottom, 1996)

Tras una comedia de época, Kate Winslet dio el salto… a un dramón de época, basado en la tremebunda novela de Thomas Hardy y dirigido por un Winterbottom que apuntaba maneras como gran esperanza blanca del cine británico. Recuperable si se tienen ganas de sufrir mucho y tragar dosis dobles de angustia existencial, la película merece una revisión, pero en su día fue responsable de que la viperina prensa británica empezara a apodar a la actriz ‘corset Kate’ (algo así como ‘Kate Corsé’). ¡Habrase visto la mala educación!

Hamlet (Kenneth Branagh, 1996)

Siempre con el dichoso corsé puesto, Kate lo tenía algo difícil para destacar en esta película, tan megalómana en su ejecución como llena de estrellas (Julie Christie, Jack Lemmon, Derek Jacobi, Robin Williams…) en su reparto. Pero si Kenneth Branagh la había llamado para el rol de Ofelia, sin audiciones de por medio, era por algo: a cargo de un papel dificilísimo, ante el cual otras actrices se hubieran estampado a base de sobreactuación, Winslet acabó protagonizando escenas escalofriantes en las que se deja maltratar por el indeciso cenutrio del título (interpretado por el propio Branagh) mientras este se decide sobre si ser o no ser. Si quieres un ejemplo de su tremendo esfuerzo, échale un vistazo al vídeo de arriba.

Titanic (James Cameron, 1997)

Puede que Jacques Rivette fuera un puntal de la Nouvelle Vague y un cineasta excelso, pero su mala boca no conocía límites. Tras calificar a este filme de “basura” (citando a Jean-Luc Godard, otro as de la diplomacia), el autor de Celine y Julie van en barco despachó a Kate Winslet como “la actriz más impresentable que he visto en una película desde hace mucho tiempo”. “Las americanas gordas se identifican con ella porque así piensan que ellas también pueden triunfar con el guaperas de Leonardo [DiCaprio]”, remachó el francés… dejando un testimonio perdurable de que no se había enterado de nada. Porque, a base de pasarlas canutas durante el rodaje (neumonía incluida) gracias a las ‘amables’ atenciones de James Cameron, aquella joven impresentable se había convertido en una estrella de pleno derecho, y en la heroína definitiva de una generación (o de varias), a base de derramar voluntad y estilazo como Rose DeWitt Bukater. Ya lo dice Céline Sciamma: “Ella es la que se pone encima”. Y no se refiere a la tabla, precisamente.

Hideous Kinky (1998)

Tras el subidón de Titanic, a Kate Winslet le llovieron las ofertas para participar en filmes oscarizables, incluyendo Shakespeare in Love. Por suerte para ella (y para Gwyneth Paltrow), la británica tuvo el buen gusto de rechazarlas todas: decidida a no quemarse bajo los focos, y con el bolsillo por fin repleto, nuestra heroína decidió embarcarse en este drama de bajo presupuesto en el que interpreta a una hippie mochilera que recorre Marruecos junto a sus dos hijas. La aventura le costó a Kate pillar una disentería como un camión, a resultas de la cual se perdió la premiere de Titanic en Reino Unido, y a entablar con el ayudante de dirección Jim Threapleton una relación (matrimonio incluido) que ella misma ha descrito como “un desastre”.

Holy Smoke (Jane Campion, 1999)

Siempre en busca de proyectos ‘de autor’ que compensaran su triunfo transatlántico, Kate Winslet culminó la década fichando por la autora de El piano Un ángel en mi mesa para un filme que parecía prometedor. Cómo calificar, si no, a una película que juntaba a la actriz del momento con Harvey Keitel en una trama de manipulación psicológica (ella es una joven captada por una secta, él un psicólogo que la secuestra para ‘desprogramarla’) y alto voltaje erótico. El resultado no satisfizo a casi nadie, pero a aquellas alturas eso daba lo mismo porque la winsletmanía había infectado al mundo… y sigue campando por sus respetos.

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