John Ajvide Lindqvist: el hombre que reinventa los mitos

Tras helarnos la sangre con 'Déjame entrar', el escritor sueco vuelve a la pantalla con 'Border', un filme todavía más inclasificable.

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14 de enero de 2019

Siempre hemos usado lo sobrenatural para hablar de aquello que no podemos explicar. Ya sea porque no lo entendemos o porque no se puede decir en alto. Por eso, si bien es cierto que convertimos los acontecimientos climatológicos en dioses durante gran parte de la historia de la humanidad, también lo es que convertimos a la nobleza y la burguesía en vampiros durante el siglo XVIII y XIX y a los comunistas en satanistas o alienígenas durante la segunda mitad del siglo XX. Porque el mito, en última instancia, sirve para explicar aquello que nos da miedo. Que no entendemos. Y por esa razón, los mitos, las historias sobre lo sobrenatural, siempre tienen una función terapéutica: nos hacen capaces de hablar de aquello de lo cual nos sentimos incapaces de hablar.

De ahí nace del éxito del escritor sueco Jon Ajvide Lindqvist. Un hombre emparentado tanto con el estilo de los autores clásicos de lo sobrenatural como con la función original de los mitos.

Nacido en 1968 en Blackeberg, un barrio obrero de Estocolmo, Ajvide Lindqvist siempre ha estado emparentado con lo que no es estrictamente real. A fin de cuentas, desde los doce años, trabajaría como mago callejero en Västerlånggatan, una importante calle turística de la ciudad, y más tarde como cómico de stand-up, abriéndose camino así en el mundo del espectáculo. Al menos hasta que, en 2004, cambió los juegos de manos y las distracciones de viva voz por el igualmente mágico mundo de la literatura.

Porque, en 2004, publicaría su primera y más famosa novela: Déjame entrar.

Centrada en la relación entre Oskar, un niño de trece años, y Eli, una criatura vampírica de más de doscientos años de edad que aparenta también alrededor de trece años, y cómo sobreviven en el barrio de Blackeberg en la década de los 80s, Déjame entrar es una novela con una fuerte impronta autobiográfica. Algo que le confiere una verosimilitud y crudeza que, aunque para nada desconocidas en el terror, sí le permite adentrarse más profundamente en una serie de problemáticas no tan comunes en el género.

Poniendo el foco en el barrio y todo lo que esconde la profunda crisis de la clase obrera sueca, con un retrato descarnado del alcoholismo, el abuso de drogas, el acoso escolar y la pedofilia, la forma de Lindqvist de abordar lo sobrenatural es siempre tangencial. Como una parte más del relato, pero no la central. De ese modo, más emparentado con los autores latinoamericanos del realismo mágico en general y de Julio Cortázar en particular que de Stephen King (no digamos ya de Stephenie Meyer), el interés de Lindqvist recae sobre el retrato de la psicología de sus personajes y de la situación sociopolítica de una Suecia que sólo es limpia, agradable y perfecta de puertas para afuera. Una Suecia donde la existencia de vampiros es infinitamente menos importante o traumática que su sórdida violencia estructural.

En cualquier caso, el libro fue un éxito tal que fue traslada a la gran pantalla en dos ocasiones. La primera (2008) fue dirigida por Tomas Alfredson y guionizada por el propio escritor, alcanzando un importante éxito de crítica y un discreto éxito de taquilla. Suficiente para conseguir dos importantes hitos para los involucrados en ella: que Tomas Alfredson llamara la atención de Hollywood y le llamaran para dirigir El topo (adaptación de la novela homónima de John le Carré, con Gary Oldman de protagonista) y que la propia película llamara la atención de los estadounidenses, que decidieran hacer un remake amoldado a sus gustos.

Por desgracia, la versión estadounidense de Déjame entrar no tendría tanta fortuna. Dirigida y escrita por Matt Reeves, quien venía de estrenar Monstruoso dos años antes, y con el reclamo principal de tener a Chloë Grace Moretz como protagonista, que había llamado la atención del respetable tras hacer de Hit Girl en Kick-Ass: Listo para machacar, la película fue un discreto éxito de crítica y un pequeño pinchazo de taquilla al hacer, en esencia, los mismos números que su homónima versión sueca, pero con un presupuesto diez veces mayor.

A pesar del fracaso de la versión americana, eso no implica que las adaptaciones del libro se agotaran con ella. Tras un intento de adaptación al cómic, del cual Lindqvist estuvo radicalmente en contra, la última versión que nos ha llegado de manos americanas ha sido para televisión. Y es que Jeff Davis estrenó en 2017 una serie de 13 episodios que adaptó Déjame entrar a los particulares gustos estadounidenses. Pero al igual que el remake en pantalla grande, el resultado final ha pasado sin pena ni gloria, no generando un gran impacto a ningún nivel, demostrando una vez más que no hay ninguna necesidad de intentar reparar lo que no está roto.

Por suerte o por desgracia, a partir de entonces la carrera literaria de Lindqvist ha tenido poco impacto en el mundo del cine. Si bien ha publicado trece libros desde Déjame entrar, ninguno de ellos ha tenido adaptación audiovisual. Y de su obra sólo dos relatos han dado lugar a sendos cortometrajes: Makjen, en 2008, y Vertical Village, en 2012. Al menos hasta que en 2018 en su Suecia natal y en 2019 en España, se ha estrenado un largometraje basándose en uno de sus relatos: Border.

Mezcla de romance, noir nórdico, terror y, claro está, no poca reflexión social, la película de Ali Abbasi e Isabella Eklöf es una interesante expansión del relato original donde una agente portuaria capaz de oler los sentimientos de vergüenza y culpa de las personas descubre un día una tarjeta de memoria repleta de pornografía infantil, lo cual la llevara a intentar descubrir quién está detrás de todo ello. Algo para lo que habrá de sumergirse, como es natural en la obra de Lindqvist, en las lides de lo sobrenatural.

A falta de ver en qué se traduce el éxito de Border, que hasta el momento ha ganado el premio Un Certain Regard de Cannes 2018 a mejor película, además de cosechar no pocas críticas excelentes, parece cuestión de tiempo que más directores se atrevan a adaptar a un autor como Lindqvist. A fin de cuentas, Déjame entrar es ya un clásico de culto, algo a lo que Border también parece llamada a convertirse. Y entonces, tal vez, el propio Lindqvist se convierta en un autor de culto para el audiovisual. La clase de escritor al cual se acude para encontrar un pulso perfecto para retratar las ansiedades del presente reinventando a los monstruos que siempre se escondieron en el armario.