Jim Haynes te invita a cenar (aunque no te conozca)

Activista cultural, profesor y mecenas de las relaciones personales. Un documental de coproducción española se cuela en sus famosas cenas para desconocidos

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12 de agosto de 2016

Foto: Edouard Golbin.

 

París, ocho de la tarde de cualquier domingo del año (excepto algunos de agosto). Como cada semana, el norteamericano James Haynes se pone un delantal rojo que reza ‘Jimmy’ y coge la lista de los invitados que comienzan a desfilar por su vivienda, un coqueto atelier en Montparnasse. Entre cuarenta y cien personas de diferentes acentos con una cosa en común: no se conocen entre ellas y, muy posiblemente, ni siquiera han visto antes a su anfitrión. Son las populares cenas de Jim Haynes, una de las sorpresas que esconde la ciudad francesa para quien busca huir de las estampas manoseadas por el turismo. Si sobre el papel la propuesta parece original, más singular resulta cuando uno descubre que el promotor está a punto de cumplir 83 años (lo hará en noviembre) y que lleva cuatro décadas organizando estos encuentros. Reuniones de tres horas en las que atiende a todo el mundo sin entorpecer el clima que se crea y de las que brotan proyectos y amistades. Incluso ambas cosas, como le sucedió a Marta Benavides (Vera, Almería, 1983), una de las coproductoras de Meeting Jim, documental que ha comenzado a rodarse este verano tras una campaña de micromecenazgo que ahora inicia una segunda fase. “Llevaba pocos días en París cuando un fotógrafo que me encontré en la librería Shakespeare and Company me habló de estas cenas. En la primera conocí a Ece Ger, una chica turca, de Estambul, que dirige el documental además de coproducirlo conmigo. Y más adelante a Gilliam de la Torre, una cubana afincada en Nueva York que es nuestra directora de fotografía. Cada una somos de un país y de un continente diferente y además somos tres mujeres, algo no tan habitual en el cine”, relata.

2. Rodaje
Meeting Jim registrará algunas de estas cenas, perfectas para aquellos que quieren disfrutar de una “experiencia auténtica” en París. Comenzando por el hecho de que llegar a su vivienda es “como entrar en Alicia en el país de las maravillas o como viajar atrás en el tiempo”: un portón de hierro da la bienvenida a un jardín “lleno de árboles, plantas y flores” que alberga atelieres de escultores y pintores. “Subes las escaleras y te encuentras a Jim, con su delantal rojo, sentado en una silla y tachando la lista de invitados. Te podrías esperar a alguien muy extrovertido pero se pasa la noche observando, pendiente de que todos hablen con todos y de que se sientan integrados. Si ve a alguien más descolgado por timidez, se acerca. Es como una presencia que apenas interviene pero que ayuda a crear una cohesión, un ambiente que todos califican de mágico”. El precio por comensal es de treinta euros, aunque nadie se queda fuera si no puede pagar, y cada semana es un amigo de Haynes quien prepara la cena. Reuniones que en absoluto son clandestinas, tipo El club de la lucha, ni oscurantistas, como las de Eyes Wide Shut. “Acceder es muy sencillo, basta con hacerlo a través de conocidos que hayan estado allí o contactando con él a través de internet”. De hecho, su web personal, con una exhaustiva biografía, recoge su dirección postal, de correo electrónico e incluso número de teléfono.

3. Rodaje
Aunque tiene un libro de memorias –Thanks for coming! Encore!–, entre otras publicaciones, y en la red hay abundante material sobre su figura, el propósito de Meeting Jim es trazar el retrato íntimo y personal de un tipo “extraordinario” cuya humildad y timidez obligan a rascar bajo la superficie para conocerlo a fondo. “Fue amigo de personalidades como John Lennon y Yoko Ono -antes incluso de que se conocieran-, Samuel Beckett, David Bowie e Indira Gandhi, entre otros. Nombres que hoy son ídolos de mucha gente”. Porque además de un entrañable maestro de ceremonias, Jim Haynes fue una figura de la escena cultural del ‘Swinging London’ de los años sesenta, uno de los primeros directores artísticos del Teatro Traverse de Edimburgo, uno de los impulsores de lo que hoy es el actual Festival Fringe de esta ciudad y el fundador de la primera librería de volúmenes de tapa blanda del Reino Unido, una idea pensada para estudiantes. “A todo el que llegaba le servía café gratis y le dejaba ojear libros. De ahí pasó a hacer encuentros con escritores y autores teatrales”.

1. Jim Haynes
La popularidad alcanzada por las cenas de Jim Haynes le llevó protagonizar en Reino Unido la campaña navideña de las chocolatinas After Eight. Un anuncio emitido en 2009 que intentaba captar el espíritu de sus reuniones. Nuestro cine también ha recogido, casi por casualidad, la personalidad de este norteamericano de corazón europeo. Fue en Los exiliados románticos, el largometraje de Jonás Trueba que narraba el viaje a París, también físico y emocional, de tres amigos. “Una de las actrices, Isabelle Stoffel, con gran experiencia en el teatro,  había conocido a Jim en Edimburgo. Nos los presentó y acudimos a una de sus cenas. Nos fascinó tanto la mezcla de gente que Jonás decidió añadirlo a la historia; era algo que no estaba planeado”, cuenta a CINEMANÍA Javier Lafuente, productor del filme. Además de alojar al equipo durante un par de jornadas, la casa se convirtió en escenario de una secuencia en la que interviene el propio Haynes con un pequeño papel con frase que le permite mostrar su visión de la vida. “Hablamos el mismo lenguaje: es una persona culta, muy leída, que incluso ha tenido sus devaneos con el cine. Aunque tiene un espíritu muy joven, él está en la última etapa de su viaje, a punto de quemar sus naves, mientras que los personajes de la película estaban comenzando su recorrido de la inmadurez a la madurez”, detalla Lafuente.

Los-exiliados-romanticos-La-nostalgica-y-luminosa-road-movie-de-Jonas-Trueba_landscape
Jim Haynes se carga de un plumazo la teoría de los seis grados de separación: ha conocido a tanta gente y ha servido de catalizador para tantas relaciones que está considerado “la versión real del Facebook”. Una especie de mecenas social en cuyas cenas han surgido amistades, proyectos profesionales e incluso parejas, hoy con hijos, que se conocieron sin esperarlo en el atelier de Montparnasse. Para financiar el documental, fieles al espíritu de su protagonista, las cineastas han decidido confiar en la bondad de los desconocidos y recurrir al micromecenazgo: tras una primera campaña en la que recaudaron cerca de 20.000 dólares, ahora buscan otros 15.000  que les permitan cubrir gastos sin comprometer la calidad de la producción, que ofrecerá decenas de entrevistas. Están abiertas también a inversores privados que les permitan mantener la independencia del proyecto. Su objetivo es llevar la historia por los mercados de Cannes, Berlín,  Venecia y Sundance. Buscar el apoyo de las televisiones. Hacer proyecciones en grandes auditorios y en espacios reducidos. Pero, ante todo, difundir un mensaje, que Marta Benavides resume así: “En un mundo con tanta violencia y tanto miedo a lo desconocido, que existan personas como él, capaz de abrir su casa a todos, da esperanzas. El mundo necesita más gente como Jim Haynes”.

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