J. A. Bayona: “Tom Holland tiene el alma pura, como Peter Parker”

Hablamos con el director de 'Lo imposible' sobre el nuevo Spider-Man, Brad Pitt, por qué no se ruedan buenas series en España y beber cerveza en Tailandia.

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24 de junio de 2015

Ha sido una carrera contrarreloj, de esas que te ponen el corazón a mil y te obligan a echar el bofe, periodísticamente hablando. Resulta que, por avatares del cine y sus conexiones con la publicidad, hemos tenido la ocasión de charlar con Juan Antonio Bayona, alias ‘Jota Bayona’: podríamos decir de él que es uno de los cineastas españoles más reconocibles y taquilleros, pero hoy, lo que se dice hoy, es el director que descubrió a lo grande para las pantallas internacionales a Tom Holland, ese chaval que hasta hace unas horas era “el niño de Lo imposible” y que ahora es “el nuevo Spider-Man de Marvel”Y, maldita sea, la noticia ha llegado cuando nuestra conversación con él ya se había dado por terminada. Aun así, que no se diga que en CINEMANÍA no tenemos recursos: una llamada o dos, un favor de esos que no se pagan en una vida, y ya tenemos una respuesta. “Estoy feliz por Tom”, afirma Bayona, antes de entrar en detalles: según nos explica, el joven inglés de 19 años “se ha tirado los últimos tres meses haciendo una prueba de casting tras otra hasta demostrar que es el mejor”. Y, de acuerdo con su opinión, Holland no es sólo el mejor por haber vencido en una batalla de audiciones que se adivina reñida: “Comparte con Peter Parker un alma pura y una extraordinaria capacidad física”, explica. Y remacha: “Es un actor extraordinario, y no me imagino a nadie mejor que él para llevar sobre sí tanta responsabilidad”.

¿Emocionante? Pues sí, sobre todo si contamos con que, cuando Bayona contó con él para su tsunami taquillero, a Holland le conocían en su Reino Unido natal como “el chico que salía en el musical de Billy Elliot”. Pero ahora toca hacer un flashback, porque, cuando charlamos con él por primera vez en el día, la razón de que el máximo responsable de Lo imposible se nos pusiese al habla no tenía nada que ver con los intríngulis estadounidenses de la Casa de las Ideas, sino con una actividad extremadamente española y veraniega: beber cerveza. Fogueado en el mundo de la publicidad desde los comienzos de su carrera (cómo olvidar a su Chus Lampreave galáctica para una marca de quitamanchas), Bayona acaba de presentar un spot que repasa los casi 125 años de la historia de las cervezas San Miguel. Rodado a caballo entre Barcelona y Tailandia, este anuncio que debutará mañana ha permitido al cineasta contactar de nuevo con el equipo de su blockbuster de 2012: “Volvimos con la misma gente, con la misma furgoneta donde nos dieron las mismas chocolatinas, el mismo antimosquitos… fue un gustazo. Allí pocos sabían que la película había sido un éxito, pero en el hospital donde rodamos tienen el dvd, y le dieron el día libre al personal para que fuesen a verla cuando se estrenó en cine”.

Mirado con un poco de mala idea, y pese a su enfoque internacional, el trabajo para San Miguel podría considerarse como la incursión ‘más española’ de Bayona desde los días de El orfanato, aunque sólo sea por la marca a la que publicita y por el predicamento del que goza por aquí el levantamiento de vidrio en barra fija. “Ostras… La verdad es que Un monstruo viene a verme [la película que estrenará en 2016, con Liam Neeson y Sigourney Weaver] es una película muy inglesa, de raíz: está basada en un libro inglés, y tiene una estética muy inglesa. Es normal que esto resulte más español, aunque tampoco he hecho tanto cine como para ponernos a comparar”. Rodando esta película (“Un cuento de terror emocional, mucho más emocional que El orfanato”) debe haber sido una experiencia haber estado entre dos gigantes como el irlandés y la actriz de Alien… “He estado entre Liam, Sigourney y Toby Kebbell, que todos miden un metro más que yo. Había momentos en los que sólo quería estar con Felicity Jones en el plató, porque era la única que tenía mi altura. Pero la altura sólo impresiona los primeros diez minutos: en el momento en el que empiezas a trabajar con un actor, por mucha leyenda que arrastre, la leyenda te dura un ratito. Desde que ves una secuencia, tienes que empezar a dirigirle”.

En todo caso, el itinerario de Bayona a partir de su segundo largo es, cuanto menos, global: Tailandia primero, después Gran Bretaña, y como última parada (por ahora) el apocalipsis global con zombies de la secuela de Guerra Mundial Z“Es algo curioso que con los directores españoles siempre haya esa necesidad de reivindicar lo español, que vete a saber tú lo que significa eso y más hoy en día, cuando es un concepto directamente en crisis. Eso no le pasaba a Ernst Lubitsch o a Billy Wilder cuando se fueron a EE UU”. En todo caso, puntualiza, “hay algo de lo español que me gustaría abordar de manera más directa: estoy abordando un par de proyectos, y uno de ellos tiene mucho que ver con la tradición española. No te puedo contar nada sobre ellos, porque son proyectos aún muy a largo plazo, pero sí los tengo, y me apetece volver a rodar con gente de aquí”.

En su spot, Bayona apunta que la cervecería a la que publicita nació en el sudeste asiático, una zona donde las bebidas de cebada nunca han triunfado a lo grande. ¿No puede decirse algo similar de su carrera, que empezó apostando por un estilo más internacional y de blockbuster desde la Península? “Si hubieras dicho esto cuando estábamos rodando El orfanato, nos lo hubiéramos tomado como mínimo de forma irónica, porque era un rodaje muy convencional, muy español, de presupuesto medio, y además encuadrado en una tradición de género que entonces estaba muy vigente por aquí. Haciendo este anuncio, me fijé en que estos señores de San Miguel, que empezaron trabajando en Filipinas acabaron patrocinando al Athletic de Bilbao. Y Filipinas y Bilbao están más cerca de lo que se cree: un día puedes estar viendo una obra de teatro con Joaquín Reyes, y al día siguiente cogiendo un avión para tener una reunión con Brad Pitt… Más allá de cierto provincialismo, de ver Hollywood como si fuera la Meca, te das cuenta de que es un sitio con muchos medios, pero también con muchas presiones, y tienes que aprender a batallar”. 

Hablando de blockbusters y del cine español de presupuesto medio: ¿cómo se tomó Bayona los titulares acerca de la recaudación de Ocho apellidos vascosPorque, si la prensa dio entonces la vara con algo, fue en que la película de Emilio Martínez Lázaro había adelantado a Lo imposible en los rankings nacionales… “Hay una cosa por la que tenemos que pelear en el cine español, y es por que el pastel sea más grande, no por llevarnos el mayor trozo de pastel. Hay una cierta mentalidad de pobres, siempre, pensando en que nos van a quitar lo poco que tenemos, cuando habría que pelearse porque hubiera más para todos”. Otro detalle interesante: Alejandro Amenábar y nuestro interlocutor han coincidido prácticamente a la vez con dos trabajos publicitarios, y los dos al servicio de marcas de cerveza: ¿han hablado sobre el tema, preferiblemente tomándose una fresquita? “Sí, lo hemos hablado: Álex y yo tenemos una buena relación, y siempre han habido cervezas por en medio. Me parece muy gracioso que, en este caso, sea literal. Hicimos bromas sobre el tema cuando charlamos sobre ello, y está bien que nos llamen para hacer campañas de publicidad con enfoque internacional: es un síntoma de buena salud para la industria”.

Por otra parte, la lista de directores míticos que han prestado su nombre a campañas publicitarias es más larga de lo que parece, desde Ingmar Bergman Víctor Erice, pasando por Martin Scorsese: ¿es un trabajo de este tipo una invitación a mirarse en sus experiencias? “Nadie va a juzgar la filmografía de Erice por el anuncio que hizo para Nescafé… Cuando uno participa en una campaña como esta piensa en aportar algo más cinematográfico, más narrativo si quieres. Pero de ahí a decir que son parte de tu obra, creo que no”. Al hilo de la conversación, salen a relucir los nombres de otros directores: aquellos que se afilaron los colmillos en la publicidad, como Michel Gondry, Ridley Scott o, bueno, Michael Bay. “Fíjate en cómo evoluciona la industria: ¿te acuerdas cuando, en los 80, en cuanto salían neones en una película la acusaban de ser ‘videoclipera’? Era el peor adjetivo que usaban los críticos. Pero la publicidad y el videoclip son disciplinas muy diferentes entre sí, y muy diferentes al cine, y hay grandes directores de clips que no son grandes directores de cine. Están los casos aparte: mira a David Lynch, o a Scorsese con Freixenet. Pero son excepciones”.

Pero, ¿no puede decirse eso mismo de una producción de Hollywood, donde el director está siempre por debajo de muchos otros niveles de decisión? Porque, aunque Bayona hable maravillas de su relación con la productora Plan B y su máximo responsable, un tal Brad Pitt (“Tiene mucha curiosidad y le encanta rodearse de gente con talento: la lista de directores con la que ha trabajado en los últimos años es exquisita”) uno no puede evitar imaginarse al señor de Jolie mirando el proceso creativo con lupa. “Puedo hablar poco del tema, porque ahora estamos en fase de guión, con Steven Knight, y nos están dando libertad completa para que lo redactemos como queramos”. El director, eso sí, es consciente de que la adaptación de una novela “sin protagonista” como la de Max Brooks es complicada de narices: “Antes de rodar la primera entrega, me tantearon para dirigirla, y no entendí nada de aquel guion. A lo mejor era por mi nivel de inglés en aquel momento, pero por lo que tengo entendido aquello cambió, cambió, cambió… y una vez que hubo cambiado mil veces, los problemas siguieron en el rodaje”. Y parece enfocar su secuela con un tono más profesional que apasionado: “El tono del libro no es el de un blockbuster, pero la película es un blockbuster: para Plan B, es un ‘plan A’. En la secuela hay una intención de continuar con el ADN de la saga y aportar cosas que nos interesan, que por suerte son las mismas que le interesan a Brad y a la productora de Brad. Y, más allá de la intención de hacer mucho dinero (que es por lo que haces estas películas) está la de hacer una buena película, que es lo que más me interesa a mí”.

Seguimos entre monstruos, pero esta vez más clásicos y en otro formato: ¿hay alguna posibilidad de que Bayona vuelva a dirigir capítulos de Penny Dreadful, la serie de horror victoriano para la que rodó dos capítulos de su primera temporada? “Me encantaría, y desde el canal Showtime me lo han pedido por activa y por pasiva: que vuelva para la segunda [actualmente en emisión], que vuelva para la tercera… Me lo han pedido, y es un gusto, porque eso quiere decir que les gustó mi trabajo. Pero me es imposible”. ¿Y series, en general? “Lo que más me interesan son los pilotos: no me veo haciendo episodios intermedios, porque creo que el gusto está en levantarlo todo desde cero. O volvería con una serie de producción propia, una idea que a mí me gustara desarrollar”. Ricemos el rizo: ¿se atrevería J. A. Bayona a rodar una serie en España? “Sería interesante. El problema en España es que las ventanas de exhibición son muy limitadas: televisiones generalistas que apuntan a un target entre los seis y los sesenta años… Eso te limita a cosas muy estándar, muy abiertas a gustar a todo tipo de público, y eso lo aleja de producciones muy interesantes. ¿Que si es un problema mayor que el presupuesto? Sí, es un error de base: puedes apañártelas para hacer algo bueno por poco dinero, pero si tienes que satisfacer a todos esos sectores de público, te quedan las series que se hacen aquí, que son como puzzles”.

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