Ildikó Enyedi: “Cuando empecé a dirigir los hombres competían entre sí pero no conmigo”

Hablamos con la ganadora del Oso de Oro en el último Festival de Berlín sobre 'En cuerpo y alma' y su trayectoria en el cine húngaro

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23 de octubre de 2017

De día son torpes seres humanos incapaces de relacionarse. Pero, de noche, un sugerente bosque cubierto de nieve los envuelve convertidos en ciervos que corretean juntos. Esta es la surrealista premisa de En cuerpo y alma, premio FIPRESCI de la crítica internacional, Oso de Oro en el pasado Festival de Berlín y película seleccionada por Hungría para acudir a los Oscar. Dirigida por Ildikó Enyedi, esta historia de amor tan atípica como fría y tierna sirve de perfecto envoltorio para retratar a dos personajes muy al gusto del cine independiente, seres solitarios con taras físicas y relacionales, que terminan encontrándose en los lugares más insospechados. En este caso, sus sueños.

Allí se dan cita Mária (Alexandra Borbély) y Endre (Géza Morcsányi), dos empleados grises de un matadero incapaces de vencer temores –él, ser manco y demasiado viejo– y síndromes –el ¿Asperger? de ella– para juntarse a plena luz del día como les gustaría hacer. Sus sueños compartidos, revelados en una graciosa subtrama costumbrista en el matadero sin escatimar en sangre, serán la excusa perfecta para que esta pareja imposible se rinda ante la evidencia que sus álter egos cérvidos asumen con instinto animal.

¿Qué representan los sueños para ti?

En tus sueños eres tú mismo. Como los animales, que no tienen más opción que ser ellos mismos. No pueden elegir.

¿Cómo entró el matadero en la historia? ¿Estaba desde el principio o surgió después?

Fue una opción que salió muy naturalmente. En un momento dado, pensé que debía cambiar el escenario a una gran empresa, a un entorno de oficina, porque lo que quería mostrar era la crueldad subyacente, no explícita. Al final, decidí quedarme con el matadero pero escogí uno muy moderno, muy limpio y organizado. Si hubiese sido una oficina el resultado habría sido demasiado intelectual y no me interesaba que lo fuese.

Esa parte del matadero es muy documental. ¿Fue interesante trabajar allí?

Queríamos respetar a los animales y a los trabajadores. No queríamos interferir, así que les pedimos que no cambiasen nada, que no fuesen más rápido ni más despacio. Trabajamos con dos cámaras, pero incluso la iluminación es la propia del matadero. No quería enseñar todos los momentos del matadero, sino aquellos en los que hay cierta conexión con los animales.

Es una historia de dos personajes muy solitarios pero el humor acaba colándose en ella.

Para mí era muy importante el humor. Sin humor no hubiese sido posible esta película. Incluso, para mí ha sido importante que los espectadores hayan sido tan receptivos a este tipo de humor.

El comportamiento de ella está al límite de lo enfermizo, pero en ningún momento se dice qué le ocurre.

Aunque tanto ella como él sean muy especiales, lo que les sucede es algo muy común, algo que nos ha sucedido a todos alguna vez en la vida. La atracción y el miedo del que está enfrente. Si no lo hemos sentido ahora, es algo típico de la adolescencia.

El casting es perfecto. ¿Cómo encontraste a los actores?
No fue fácil. Lo que hace Maria es muy complicado. Tenía que ser muy frágil y vulnerable pero a la vez muy consistente y poderosa. Casi todas las actrices podían hacer una cosa u otra pero no las dos juntas. Le estoy muy agradecida. Él es un actor amateur, era el director de la editorial más grande de Hungría. Nunca quiso actuar ni volverá  a hacerlo. Fue un riesgo grande para él y le supuso mucho trabajo. Le escogí por su aura y porque en su rostro puedes reconocer todas las luchas de su vida.

¿Es difícil, tanto como aquí, dirigir siendo mujer?
Es muy difícil, pero desde que empecé a trabajar como directora las cosas han cambiado. De algún modo, es mucho más difícil porque hay muchas más mujeres en la industria y nos hemos convertido en una amenaza considerable para los hombres. Cuando empecé, yo era algo raro, así que no competía con ellos, ellos competían entre sí pero no conmigo.

¿Tenías referentes femeninos cuando empezaste?
No. Ni siquiera pensaba en mí misma como una mujer directora. Solo pensaba en hacer la siguiente película. Cuando recuerdo esa época me doy cuenta de que era la única mujer en la habitación. Pero entonces no me daba cuenta de que fuese extraña porque estaba concentrada en la película.

En España hay una clara crisis de los espectadores respecto al cine.

Es un buen momento para el cine en Hungría. Hay muchos directores con estilos diferentes, se habla de una ola de cine húngaro, incluso. Mi película, que es una película pequeña, ha sido la segunda más vista. Te da una idea de que tenemos un público muy abierto y sensible.

En cuerpo y alma se estrena el 27 de octubre.

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