‘Ikarie XB-1’: El viaje de ‘2001’ y ‘Star Trek’ comenzó con esta película

El Discovery y el Enterprise jamás hubieran zarpado de no ser por esta película checoslovaca, cuya versión restaurada se estrena ahora en España

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21 de julio de 2017

“¿De dónde sacaba sus ideas Stanley Kubrick?” es una película que todo cinéfilo se ha hecho más de una vez. Y, aunque sería bonito sería creer que los hallazgos del genio del Bronx eran fruto de la ciencia infusa, la respuesta correcta sería más bien “de todas partes”. Y, especialmente de filmes totalmente insospechados… que, en ocasiones, podían llegar de más allá del Telón de Acero. Sin ir más lejos, 2001: Una odisea del espacio no hubiera sido lo mismo sin una película checoslovaca de ciencia-ficción, que llegó a EE UU en una versión mutilada y de la que, si no fuera por su conexión Kubrick, nadie habría oído hablar. Se trata de Ikarie XB-1, una cinta de 1963 que ahora llega a España por primera vez. Su versión restaurada puede verse en el Círculo de Bellas Artes de Madrid desde hoy al 30 de julio.

De hecho, la huella de Ikarie XB-1 en el cine de ciencia-ficción no se agota con la historia de David Bowman, HAL 9000 y la nave Discovery. Al verla, uno juraría que Gene Roddenberry también la tuvo muy presente a la hora de concebir Star Trek. Sorprendente, ¿verdad? Pues no tanto, si tenemos en cuenta la trayectoria del filme. Dirigida por Jindrîch Polâk (un director cuya serie Los visitantes llegó a emitir TVE en los 80), Ikarie XB-1 ganó premios en festivales, gozó de una cierta reputación crítica… y se abrió camino hasta Occidente (y hasta los ojos de Kubrick) gracias a un pirata cósmico de la talla de Roger Corman. Con su jeta de costumbre, el productor y director compró sus derechos, alteró su montaje y sus diálogos, y la estrenó en EE UU con el título de Viaje al fin del universo. Disculpemos tanta trapacería, porque, vistas sus consecuencias, la cosa mereció la pena.

En esta nave vive gente

Para saber por qué Ikarie XB-1 fue tan importante, entendamos que partió de buenos mimbres. Si, para 2001, Kubrick colaboró con el escritor Arthur C. Clarke, el guión del filme de Polâk está basado en un relato de otro titán del género fantástico: Stanislav Lem. Lejanamente basado, eso sí, porque La nube de Magallanes (que así se llama el cuento de marras) es tan pesimista como sólo puede serlo una obra del autor de Solaris. Aunque aligere considerablemente la lobreguez del original, el filme que nos ocupa también aprovecha otra seña de identidad de Lem: la idea de que los pioneros espaciales también son personas, que sobreviven como pueden en el vacío de cosmos.

¿Cómo se traduce esto en imágenes? Pues, para empezar, en que la astronave que da título a la cinta no es un entorno aséptico, sino un lugar donde sus 40 tripulantes viven y trabajan. Aunque la Ikarie parezca, vista desde fuera, un híbrido de lancha motora y tabla de planchar, sus interiores están retratados con un detalle que acabaría creando escuela. Para otros clásicos del género, como Planeta prohibido (1956), una nave espacial era poco más que un puente de mando repleto de aguerridos pioneros con tupé. En esta película, sin embargo, acabamos conociendo hasta el último rincón del vehículo: sala de máquinas, gimnasio, comedor, enfermería… E incluso un salón de baile donde los chicos y las chicas pasan sus ratos de ocio bailando de forma entrañablemente torpona.

El ambiente aséptico de la Ikarie recuerda, y mucho, a la Discovery de 2001, algo que se ve potenciado por el hecho de que sus astronautas pasen buena parte del viaje en estado de hibernación. Aunque, por suerte para ellos, aquí no hay ningún computador homicida, sino un robot simpaticote que recuerda (y mucho) al Robbie de Planeta prohibido. El hecho de que la nave acabe resultándonos tan familiar como nuestra propia casa evoca, a su vez, al viejo y querido NCC Enterprise, tres años antes de que el capitán Kirk Spock discutiesen por primera vez en la pantalla de un televisor. Y, que sepamos, esta es una de las pocas cintas de ciencia-ficción que muestra el nacimiento de un niño en el espacio profundo.

Enfrentados al vacío

La humanidad de Ikarie XB-1 (lastrada a veces, todo hay que decirlo, por unos diálogos demasiado explicativos) tiene su contrapunto en algo de lo que Kubrick también tomaría buena nota: en esta película, el espacio exterior da mucho miedo. En lugar de viajeros que navegan por el vacío como marineros del siglo XIX, los personajes de Jindrîch Polâk atraviesan el vacío interestelar a bordo de un cascarón que puede quebrarse en cualquier momento, sometidos a esa paradoja de Einstein que les hará seguir siendo jóvenes cuando sus parientes y conocidos de la Tierra ya hayan muerto. Y, cuando tienen que salir al exterior, lo hacen en trajes espaciales de diseño extremadamente realista (nada de cascos con forma de pecera, aquí), cuyo diseño te resultará extremadamente familiar si has visto 2001. Normal que uno de ellos acabe perdiendo la chaveta y poniendo en peligro la supervivencia del resto…

De la misma manera, las andanzas de los tripulantes de la Ikarie resultan inquietantes con ganas, sobre todo porque en ellas no hay ningún tipo de influencia extraterrestre (¿o sí?). El primer giro destacable del guión, de hecho, es el encuentro de los cosmonautas con una nave espacial abandonada, procedente de la Tierra. En su interior, tras un paseo espacial y un abordaje espléndidamente filmados, encuentran muchos cadáveres… y un muestrario de todas las lacras de Occidente desde la óptica comunista: juegos de azar, dinero, artículos de lujo y armas nucleares. “Hemos descubierto el siglo XX”, resume con amargura el capitán de la expedición (František Smolík) cuando regresa a bordo. Y un espectador del siglo XXI piensa que las cosas tampoco han cambiado tanto.

En el antiguo bloque soviético, las autoridades siempre tuvieron una relación de amor y odio con la ciencia-ficción. Por una parte, se la mimaba y protegía, al considerársela como una forma de divulgar el conocimiento científico, y también como un arma de propaganda que adoctrinaría a las masas sobre el inevitable triunfo del comunismo. Pero también se la miraba con sospecha, porque todo eso de jugar con nuevos conceptos y especular sobre el futuro casaba muy mal con el materialismo dialéctico, la línea del Partido y demás. En Ikarie XB-1, esa tensión se nota, tanto como puede notarse el conflicto entre la voluntad artística y el afán de ganar dinero en una cinta de Hollywood. El resultado es una cinta que nos hace viajar a un porvenir que nunca fue, como un disco de Kraftwerk, un cuadro de El Lissitzki… o las propias 2001 Star Trek. Si vives en Madrid, no te pierdas este viaje a las estrellas.

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