‘¿Cómo vivís?’ es la película por la que Hayao Miyazaki quiere ser recordado

El cineasta nipón fundador de Studio Ghibli regresa de su retiro laboral para trabajar en una película dedicada a su nieto.

Por
21 de noviembre de 2019

En el año 2013 y tras el estreno de El viento se levanta, desde Studio Ghibli (Koganei, Tokyo, 1985) nos llegaba la devastadora noticia: Hayao Miyazaki se retiraba de la animación para dedicar su tiempo a otros proyectos. Si bien los fans del director nipón hace ya tiempo que dejaron de creer en sus idas y venidas, debido a la gran cantidad de veces que este había anunciado su retirada y posterior reincorporación, esta vez, la noticia se presentaba más real que nunca.

Tal vez pareciera determinante debido a su avanzada edad (78 primaveras) o por el elevado número de filmes que cargaba a sus espaldas, teniendo en cuenta el esfuerzo que conlleva la creación de la animación tradicional, así como permanecer a la altura del resto de obras que Studio Ghibli ha creado en sus treinta largos y fructíferos años de vida.

Sin embargo, aquel retiro infundado llegaba a su fin en julio de 2016, cuando el estudio anunció, para alegría y disfrute de su público, que el veterano director iba a volver al ruedo y nada menos que con dos, ¡dos nuevas producciones! Además, esta vez lo acompañaría su propio hijo, Goro Miyazaki, quien ya había participado y dirigido en el pasado largometrajes bajo el nombre de Studio Ghibli. Títulos como Cuentos de Terramar en 2006, basada en el tercer y cuarto tomo de Historias de Terramar (de la autora Ursula K. Le Guin) o La colina de las amapolas en 2011, la cual recibió muy buenas críticas y se convirtió en otra de las tantas entrañables y emotivas historias Ghibli, tan cargadas de sensibilidad y belleza basada en nada más y nada menos que lo maravilloso de lo mundano.

En octubre de 2017, Studio Ghibli lanzaba al mundo el título de esta misma (de la segunda aún no hay noticias). La película se llamará ¿Cómo vivís? (Kimitachi wa do ikiru ka, en original) y estaba previsto que viera la luz entre finales del 2019 y principios del 2020, justo antes de la celebración de los Juegos Olímpicos en la capital nipona, en abril del año próximo. Sin embargo, en agosto de 2018 Hayao Miyazaki anunció que probablemente se necesitarían tres o cuatro años más de trabajo sobre la producción, al contrario que la opinión del productor de Studio Ghibli, Toshio Suzuki, quien posee una visión algo más optimista y a corto plazo que su buen amigo Miya-san.

Asimismo, el fundador y director de ventas internacionales de Wild Bunch (compañía encargada de distribuir las películas de Studio Ghibli en Europa), Vincent Maraval, escribió un tuit en el que aseguraba que podía “dar testimonio de que Miyazaki padre e hijo están trabajando en dos nuevas producciones para Studio Ghibli”. Añadiendo que los films iban “viento en popa” y asegurando a sus lectores que la animación era “increíble”. No podrían ser mejores noticias para aquellos que esperamos con ansia la aún inexistente fecha de estreno. Pero esto no son más que datos, fechas inexactas y testimonios de terceros. Lo verdaderamente emocionante viene ahora.

Si bien todas y todos los artistas y creadores no tienen por qué tener un motivo personal para llevar a cabo sus obras, sino tal vez un objetivo general, (aunque perfectamente puede darse al revés) Miyazaki, esta vez, sí que albergaba una verdadera razón por la que abandonó sus días de paz y descanso y volvió a sostener el lápiz entre sus dedos. Toshio Suzuki declaraba en una entrevista para el canal de noticias japonés NHK que la verdadera razón por la que el veterano director volvía al estudio era su nieto. “Miyazaki está haciendo la película para su nieto. Es la manera que tiene de decirle: el abuelo se está desplazando al siguiente mundo, pero está dejando esta película detrás porque te quiere”, relataba Suzuki.

¿Cabe imaginar un motivo más hermoso y colmado de puro sentimentalismo y amor que el deseo de un abuelo de querer ser recordado para siempre por su nieto? ¿Así como el de aspirar a ofrecerle personalmente el privilegio de ser la razón de la creación y existencia de la que tal vez pueda ser su última obra cinematográfica? ¿Será acaso consciente cuando crezca y esté en posición de valorar, que el hombre que regaló su imaginación y esfuerzo a los niños de alrededor del mundo, incitándolos a soñar, valorar y respetar, creó algo exclusivamente dedicado al vínculo que compartieron ambos en vida? ¿Para que siempre le recuerde? Repito. ¿Siempre?

De esta manera, Miyazaki eligió meticulosamente una historia escrita hace más de 80 años, del mismo nombre que la película y el manga (el cual triunfó a su salida a finales de 2017), publicada por el escritor y periodista japonés, Genzaburō Yoshino (1899-1981), en el año 1937. Esta relata, a modo de libro infantil, la historia de un joven estudiante de 15 años el cual posee una estrecha y especial relación con su tío, con quien hablará de diversos temas a lo largo del libro, relacionados con la vida, la sociedad, la pobreza o la discriminación.

Con esta pequeña dosis de información casi es posible comenzar a imaginar y visualizar cómo Miyazaki utilizará todo su potencial para volver a hacernos sentir niños, jóvenes, apacibles, en comunión con lo natural y lo mundano, con la belleza de lo simple y de lo cercano una vez más. Y damos gracias por ello.

Aun no sabiendo si su estreno será este próximo año o dentro de tres, esperaremos con la certeza de saber que una nueva película de Hayao Miyazaki está en marcha y que toda ella, desde su animación hasta su mensaje, habrá valido la pena la espera ya que está en las mejores manos posibles y por encima de todo, con la tranquilidad de que su intención final es la de ser un gesto de amor, a la par que un recuerdo animado tanto para su nieto como para la memoria colectiva.