Hombres, blancos y viejos: así son los académicos de Hollywood

El diario 'Los Angeles Times' ha realizado un censo de los votantes de los Oscar, con resultados descorazonadores: la edad media de sus miembros es de 62 años, y muchos de ellos llevan años sin pisar un rodaje. Por CINEMANÍA

22 de febrero de 2012

Galas aburridas, candidaturas repetitivas, olvidos inexcusables en las nominaciones… Todos estos son defectos que pueden achacarse a las últimas ediciones de los Oscar. Ahora bien, ¿se nos ha ocurrido pensar en los motivos de estos fallos? Un estudio del diario Los Angeles Times, que nos llega vía Slashfilm, nos da una posible razón: los Académicos de Hollywood (es decir, quienes votan los premios) son una comunidad bastante homogénea y estancada, en su gran mayoría. Para ser más exactos, una comunidad de varones blancos y de edad avanzada, poco propensa a las innovaciones o a fijarse en películas que les rompen los esquemas.

Aunque la lista completa de los 5.726 votantes de los Oscar es un secreto que la Academia guarda como oro en paño (“Ni yo sé quiénes son”, bromea Viola Davis, miembro de la instititución y nominada por Criadas y señoras), los reporteros del diario angelino afirman haber trazado un perfil bastante preciso de sus integrantes, identificando a un 89% de ellos. Se trataría de un colectivo con un 94% de miembros de raza blanca, un 77% de varones (cuando la presencia femenina en Hollywood no hace sino aumentar) y una edad media de 62 años. Siguiendo con las cifras, Los Angeles Times añade que los afroamericanos suponen menos del 2% de los miembros de la Academia (cuando, según Wikipedia, representan a más de un 13% de la población de EE UU). Los miembros de origen hispano, cita la misma fuente, no llegan ni siquiera a esa cifra.

Conociendo estos datos, resultan menos sorprendentes las acusaciones de machismo formuladas recientemente por Diablo Cody. O las ausencias de Drive o Shame entre los nominados de este año: filmes de factura clásica, que han despertado expectación y entusiasmo entre el público joven, pero de atractivo cuestionable entre individuos de edad tan avanzada. Los cuales, no lo olvidemos, provienen además de los cuadros directivos de la industria de Hollywood, tan poco afín a las sorpresas. Por otra parte, Peter Sciretta (capo de Slashfilm) señala con no poca sorna lo fácil que es entender ahora que, en los premios del año pasado, la Academia prefiriese premiar a El discurso del rey en lugar de a La red social y a su autor, David Fincher. Por mucho que la institución luche por modernizarse, comenta, a dichos votantes les debe sonar a chino lo de Facebook.

Sin ir más lejos, la académica Alfre Woodard (59 años, afroamericana), señala esta demografía como responsable del olvido de Shame: “La película es brillante”, señala, “pero con ese tema y esas imágenes, es poco esperable que un grupo de sexagenarios haga cola para verla”. El experto en relaciones públicas Terry Press comenta que la nominación de Tan fuerte, tan cerca (un filme que, inesperadamente, se ha aupado a las nominaciones de Mejor Película) se debe, por su parte, a que “es un filme que habla de padres recuperando el contacto con sus hijos, y eso es una angustia común en los hombres de mediana edad”.

Por otra parte, el reportaje de Los Angeles Times añade un dato que puede resultar irritante: la admisión en la Academia es vitalicia. ¿Qué se extrae de esto? Pues, según el informe, que la mayoría de los académicos llevan años sin trabajar en un rodaje, habiéndose movido con los años a trabajos administrativos dentro de la industria. Algo que podría explicar el gran peso de las campañas promocionales, orientadas a atraer a un público en cuyas vidas el cine (como trabajadores, como artistas y como espectadores) ocupa un lugar muy secundario: entre los votantes, señala, han encontrado a una monja, un librero jubilado y un militar en la reserva. Por otra parte, las normas de admisión de la Academia, que se volvieron más rígidas a partir de 2003, contribuyen a este estado de cosas. No olvidemos que, pese a excepciones bien recomendadas como la de Rooney Mara (quien recibió su invitación el año pasado, sin haber rodado todavía un papel protagonista), hacen falta “un mínimo de cinco años de carrera” para gozar de este privilegio.

¿Existe una posibilidad de que esta situación cambie? “Está claro que nuestro trabajo debe mejorar”, alega el director Phil Alden Robinson (Campo de sueños), uno de los directivos de la Academia. “Pero tenemos las manos atadas: si la industria no se esfuerza por expandir sus filas, nosotros no tenemos donde elegir”. Mucho más a la defensiva, el guionista Frank Pierson (Tarde de perros) ha declarado que “la Academia no tiene que representar al conjunto de la población: para eso están los People’s Choice Awards [Premios del Público]”.