40 años de ‘Holocausto caníbal’: actores desaparecidos, sensacionalismo antropófago y un director sádico

Esta es la historia real dentro y fuera de los tribunales de una de las películas más desagradables de la historia del terror, cuyas imágenes se dieron por ciertas.

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03 de junio de 2020

Después de ver Holocausto caníbal (1980), Sergio Leone escribió una carta a Ruggero Deodato, el responsable de aquella controvertida película. “La segunda parte es una obra maestra de realismo cinematográfico, pero todo parece tan real que creo que te meterás en varios problemas”, le puso. Y lo cierto es que el maestro del espagueti western dio totalmente en el clavo.

Con un estilo de falso documental, la perturbadora Holocausto caníbal narra la historia de cuatro jóvenes cineastas que se adentran en la selva amazónica para realizar un reportaje sobre las tribus que habitan en esa región, de las que se dice que aún practican el canibalismo.

La desaparición de los reporteros llevaba a que, dos meses después, un grupo de rescate fuese enviado al lugar para averiguar qué les había ocurrido. Para su sorpresa, los rescatadores encontraban una cinta con el material que los jóvenes filmaron y que incluía imágenes de sus propias muertes.

“Su narrativa propone un juego, a modo de extraña maniobra de metalenguaje, en el que se coloca al espectador en el mismo lugar que las propias personas que encontraron esas cintas; las vemos al mismo tiempo que ellos. Deodato, diferenciando tonalidades, hace que los fragmentos de las cintas gocen de un aspecto sucio y realista en imagen, espeluznante y denigrante en contenido”, señala a CINEMANÍA el escritor Daniel Rodríguez Sánchez a.k.a Reverendo Wilson, experto en cine bizarro.

 

Escándalo y prohibición

Pocos días después de que Holocausto caníbal se estrenase en Italia, la justicia la paró y la requisó al creer que parte de la película no era ficción y que incluía un documental auténtico donde se narraban hechos reales. El director del filme fue entonces llevado a los tribunales, acusado de haber matado a varios animales y a los propios actores protagonistas.

Lo primero era cierto: Deodato y su equipo habían matado a un mono, un ratón, una tortuga y un cochinillo durante el rodaje. Lo que sí que no hizo el cineasta fue matar a ningún miembro del elenco. Eso sí, antes de empezar a filmar la película Deodato había hecho firmar un contrato a los actores, según el cual no podían conceder entrevistas ni trabajar en otra película durante un año, para poder jugar con la idea de que lo mostrado en el filme era real.

El director logró demostrar que los actores estaban vivos, pero igualmente acabó condenado a cuatro meses de prisión condicional y una multa.

Todo aquel escándalo ayudó a promocionar la cinta en varios países. En Italia, sin embargo, Holocausto caníbal continuó prohibida durante bastante tiempo y no lograría despertar de su letargo hasta que, casi dos décadas después, vio la luz la exitosa El proyecto de la bruja de Blair, donde también se hacía uso de falso found footage (metraje encontrado) en una ficción de terror.

“La ambigüedad con la que convergen ficción y supuesta realidad colocan a la película en una posición única y diferenciadora en la historia del cine de explotación. Lo interesante es que Holocausto caníbal salió a la luz bajo el manto de las leyendas urbanas, donde el boca-oreja funcionaba sin la gran masa de soporte mediático que hoy tenemos. Eso ha creado que el legado de la película siga con ese aura de ‘malditismo’ a su alrededor, algo que la hace inigualable”, explica Sánchez.

 

Medios devorando el bulo

Durante años, muchos medios (pre-Internet) contribuyeron a fomentar la leyenda de que Holocausto caníbal era una snuff movie. Sin ir más lejos, el periodista español Vicente Gracia llegó a dar credibilidad al asunto, publicando en la desaparecida revista Interviú, en noviembre de 1980, un reportaje sensacionalista repleto de imágenes (supuestamente reales) de los pobres tipos asesinados por los caníbales.

En el texto, el redactor aseguraba que aquellos cuatro reporteros norteamericanos habían sido “devorados por antropófagos brasileños”, después de que los provocaran “violando y empalando a una salvaje que encuentran” o exterminando “a toda una pequeña tribu de shamataris incendiando sus chozas” con el único fin de “conseguir el documental del siglo”.

Para dar aún más verosimilitud a su narración, Gracia aseguraba también que la cinta con imágenes de la barbarie encontrada por la expedición de rescate se había salvado por los pelos, “porque los directivos de la N.B.C. que habían contratado inicialmente el material, tras proyectarse el mismo ordenaron su destrucción al operador. Pero el operador lo vendió por 250 mil dólares a otra compañía que es la que, finalmente, ha producido este Holocausto caníbal”.

No deja de llamar la atención que tantos medios dieran cancha al asunto. El propio Deodato ha comentado en más de una ocasión que la principal intención de su película era, precisamente, denunciar el sensacionalismo periodístico que asolaba Italia y acusar a todos esos periodistas que solo buscaban el morbo.

“La conclusión del filme arroja una fácil lectura: ¿quiénes son, en realidad, los caníbales? ¿Las propias sociedades primitivas, o aquellos que con la superioridad del urbanita llegan a un terreno desconocido a ejercer su supuesta supremacía como sector civilizado?”, reflexiona Rodríguez Sánchez, que recuerda que Holocausto caníbal, rodada el verano de 1979 en la ciudad colombiana de Leticia, se filmó (prácticamente) sin guion, improvisando la mayoría de las escenas.

“El rodaje en las Amazonas estuvo rodeado de un ambiente completamente hostil, debido a las adversas condiciones climatológicas, lo incómodo del terreno para establecer ahí un pequeño set de rodaje y las muchas discusiones con los actores. Ya no sólo por el carácter del propio Deodato, sino por la animadversión de los intérpretes a las escenas de tortura animal, ya demostradas hoy como auténticas. Algunos actores se negaron a rodarlas, y otros se vinieron abajo llorando por estar presentas en ellas. Robert Kerman, quien interpreta al Profesor Monroe en la película, tildó siempre al director como un sádico con todo el mundo en el rodaje”, apostilla el escritor gijonés.

Deodato, que comenzó su carrera cinematográfica como quinto asistente de dirección de Roberto Rossellini, siempre ha dicho que el realismo de sus películas es herencia del trabajo de su maestro. Quizás por eso, el cineasta nunca se ha rasgado las vestiduras ante las críticas vertidas por aquellos que ponen a parir a sus filmes por la extrema violencia y crueldad mostrada en muchos de ellos.

A fin de cuentas, el italiano no tiene un pelo de tonto y sabe que la polémica en torno a su Holocausto caníbal le ha servido también para ganar adeptos y, sobre todo, convertirse en un referente del género de terror europeo y mundial. Ya lo dijo Oscar Wilde: hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti.