‘Historia de un matrimonio’: La película de la que no querrás separarte nunca

Primeras impresiones sobre lo nuevo de Noah Baumbach. Avisamos. No pueden ser más entusiastas

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21 de noviembre de 2019

“Él siempre tiene calor; yo, siempre tengo frío. En verano, cuando hace realmente calor, no hace más que lamentarse del mucho calor que tiene. Se indigna si por las noches ve que me pongo un jersey. Él sabe hablar bien algunos idiomas; yo no hablo bien ninguno. Él logra hablar, a su modo, incluso los idiomas que no sabe. Él tiene un gran sentido de la orientación; yo, ninguno. En las ciudades extranjeras, al cabo de un día, él se mueve ligero como una mariposa. Yo me pierdo en mi propia ciudad; tengo que pedir indicaciones para volver a mi propia casa”.  

Una película que te permite comenzar un artículo citando a Natalia Ginzburg, ha de ser una gran película. Es el caso de Historia de un matrimonio, que, para quien escribe, no solo es grande, sino lo mejor de Noah Baumbach y, vamos allá, también del año.  

Historia de un matrimonio comienza evocando Él y yo, de Natalia Ginzburg. Nicole y Charlie leen en voz alta textos en los que enumeran lo que les gusta del otro. “Lo que me gusta de Nicole: es una gran bailarina; es una madre que juega de verdad; hace buenos regalos”, recita la voz en off de Adam Driver. “Lo que me gusta de Charlie: le encanta ser padre; llora fácilmente en el cine; nunca se da por vencido”, continúa la de Scarlett Johansson.  

La música de Randy Newman, una música de película navideña de antaño, inunda la sala. Mientras, Baumbach consigue emocionarnos con las pequeñas virtudes de este matrimonio que inicia los trámites de su separación. Pues es, precisamente, eso, un ejercicio que forma parte de la mediación de divorcio, lo que acabamos de escuchar.  

Historia de un matrimonio podría describirse como la crónica de una separación. Baumbach acompaña a sus personajes en las distintas fases del proceso: la incredulidad masculina, los apabullantes trámites judiciales, las consecuencias del divorcio en el hijo de la expareja. Pero la grandeza como narrador del director de Frances Ha se evidencia en que en ese presente, en la separación, va inscribiendo el pasado, la historia de un matrimonio (fallido) que da título a la película. 

Entre citaciones judiciales, mudanzas sombrías, canciones en directo que ponen los pelos de punta y batallas dialécticas en las que se va cerrando el plano, Baumbach va contándonos que Nicole se ha sentido aplastada en el matrimonio, tanto personal como creativamente (ella es actriz y él, dramaturgo), y que Charlie ha sido demasiado egocéntrico para darse cuenta de que eso podría acabar en divorcio. “Todos los problemas estaban ahí desde el principio”, le dice ella a su abogada.  

Mientras tanto, el director de Una historia de Brooklyn (lo que demuestra que una misma historia tiene mil posibles ángulos) va sembrando su narración de detalles sutiles y aparentemente insignificantes. Por ejemplo, esa puerta que se cierra con cada uno de los excónyuges de un lado. O los disfraces de Halloween nada más separarse: él va de El hombre invisible y ella de Bowie en Let´s Dance. 

Pero aunque el pasado se manifieste en el presente, Baumbach tampoco descuida el traumático proceso de divorcio, haciendo hincapié en un sistema pensado para que los excónyuges terminen odiándose. Y, aún así, consigue mantener esa capacidad de oscilar de tono de la que ya dio una lección magistral en Una historia de Brooklyn. 

Por si fuese poco, esa crónica minuciosa y rigurosa (tan verdadera que cuesta imaginar que alguien la idease sin haber pasado por el trago de un divorcio) implica un despliegue de talento interpretativo que justifica las altas costas judiciales, desde un machachón Ray Liotta ante el que palidecen los gangsters de Scorsese, hasta el tierno Alan Alda, pasando por supuesto por una soberbia Laura Dern en tacones de aguja, cuyo monólogo sobre la discriminación de género en el divorcio –”los padres pueden ser desastrosos, las madres tenemos que ser perfectas”– brilla como una estatuilla de Oscar, un relumbre al que por supuesto también Adam Driver y Scarlett Johansson deberían aspirar.   

Una historia de matrimonio se estrena el 22 de noviembre en cines y el 6 de diciembre en Netflix.

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