[Toronto 2018] ‘High Life’: el viaje espacial y orgásmico de Robert Pattinson

La directora francesa Claire Denis polariza el Festival con su aventura de ciencia ficción sexual.

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13 de septiembre de 2018

La audiencia de Toronto es muy educada. Así son los canadienses. Cinéfilos y muy amables. En un festival como este, dirigido y pensado para el público, el público se vuelca, abarrota cada proyección, aplaude como un loco al final y raramente abandona la sala, menos aún si es la premier y el equipo está sentado a su lado en la platea.

Pero este Toronto 2018 ocurrió justo lo contrario en el pase oficial de High Life, la última película de la directora francesa Claire Denis, su incursión en la ciencia-ficción, en inglés y con actores de la talla de Robert Pattinson. A la media de hora de la película, los espectadores comenzaron a marcharse. Pocas veces he visto una huida así aquí. Cuando salieron los títulos de crédito, el habitual recibimiento cálido se transformó en un frío silencio de segundos eternos y unos aplausos dispersos, confusos e inseguros.

Confusión. Frialdad. Es normal que el público se sintiera así. Necesitaba un poco más de tiempo para digerir lo que acababa de ver: una aventura espacial, sexual, orgásmica, con agujeros negros, un Fuck Room (Cuarto de masturbación), una Juliette Binoche de pelo larguísimo, obsesionada con la reproducción, un Robert Pattinson como papá solitario y casto. ¿Qué había ocurrido? ¿Qué intentaba contar? ¿Es intencionadamente provocador y desagradable?

Empieza como cualquier otro viaje especial: astronauta (Pattinson) arreglando la nave en el exterior, hablando con alguien en el interior, solo que este alguien es una bebé que berrea sin compasión. Una vez dentro, la da de comer, arropa y habla con ella. “Nunca bebas tu propia orina, ni te comas tu mierda”, ahí están los límites, parece, y también el principio de este viaje surrealista y retrofuturista en una nave rectangular, de colores sepia, desgastada y sucia. Después, este protagonista, llamado Monte, abre de nuevo la puerta de la nave para ir tirando a sus antiguos compañeros de travesía. Uno a uno. Todos aparecen flotando en el espacio. Nunca llegaron a completar la misión encomendada: llegar a un agujero negro para probar una teoría energética y así redimirse. Todos los tripulantes de esta nave eran expresos o gente problemática. Y ni la esperanza de un futuro, les transformó.

El devorador sexual sigue siéndolo en el espacio, la doctora obsesionada con la reproducción de los tripulantes, con crear vida en el espacio, va recolectando semen e infiltrándoselo a las mujeres. La tensión y la violencia entre ellos va creciendo hasta límites insostenibles. La idea de una sociedad incurable, dividida continúa muy lejos de la Tierra. No hay reglas, ni en esta pequeña sociedad encerrada en paredes amarillentos (qué lejos de la tecnología espacial de First Man) ni en la entrada triunfal compleja, controvertida y confusa que ha hecho Claire Denis en el género. 

No se lo tendremos en cuenta al público de Toronto. Necesitaban más tiempo para digerirla.

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