¡Hasta nunca, Bridget Jones!: por qué ya no soportamos las ‘películas para tías’

Te contamos 5 razones por las que hemos acabado hartos (y hartas) de las comedias románticas para el público femenino.

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10 de marzo de 2016

Hace tiempo que la chick lit murió ¿Y qué es la chick lit de marras, os preguntaréis? Pues la forma en la cual, a partir de el éxito de El diario de Bridget Jones, se empezó a denominar a esa ‘literatura para mujeres’ de temas sentimentales, tono ligero y extraordinaria buena fortuna en las listas de best sellers. Claro que, si de cine hablamos, este género tiene su propio equivalente: los chick flicks o, como decimos en castellano, ‘pelis para tías’.

Exacto: se trata de esos filmes (con o sin Jennifer Aniston o Meg Ryan en el reparto) a los cuales había que llevar a los hombres a rastras, y que sin embargo muchas espectadoras adoraban. Esas películas como El diablo viste de Prada, Love Actually o El hombre perfecto, con muchas mujeres en su reparto, argumentos de comedia romántica y muchos vestidos guays. Los cuales, tras inundar las carteleras durante los dosmiles, desaparecieron durante años siendo sustituidas por las inteligentes películas de Judd Apatow u obras tan originales y satisfactorias como Una cuestión de tiempo y tan desternillantes como La boda de mi mejor amiga. Ahora Bridegt Jones regresa en Bridget Jones’ Baby y la pregunta es: ¿Volverán a ponerse de moda? En CINEMANIA, sinceramente esperamos que no, ya que acabamos muy hartos del género… ¿Quieres saber por qué? Sigue leyendo…

En el fondo, son muy machistas

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Ya lo decíamos al hablar del test de Bechdel: una vez que el cine nos ha acostumbrado a ver mujeres socializando entre ellas en el cine, lo importante es fijarnos en qué hacen esas mujeres. Y si tomamos como ejemplo chick flicks de libro como ¿Qué les pasa a los hombres?, la respuesta es descorazonadora: según filmes como este, las féminas son adorables seres de cabecita (casi) hueca cuyas vidas giran, casi exclusivamente, en torno a las premisas de hallar pareja (masculina, por supuesto) y estar guapas para esa pareja. Da igual que sean exitosas profesionales, que vivan en lo más ideal de la muerte de Manhattan o que en sus vidas aparezcan conflictos de toda índole: lo que les importa, en último término, es tener contentos a los tíos. Y si nos fijamos en Crepúsculo, modelo ejemplar del chick flick adolescente, casi que paramos de contar: los valores reaccionarios de la saga de vampiros castos han sido más que comentados, y es poco probable que entre las ambiciones de Bella Swann se halle emanciparse y ser ella misma. Con estar lista para los mordiscos de su Edward, le basta y le sobra.

Con la crisis, ya no proceden

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¿Recuerdas una de las mayores críticas que se abatieron sobre Sexo en Nueva York 2? No, la de que era un filme pésimo (que lo era) no, la otra: que, hallándonos en una era de precariedad económica galopante, ver a ‘Sarajesi’ Parker y sus amigas derrochando glamour y ‘manolos’ daba bastante rabia, incluso a las chicas y chicos que fueron fans de la serie en su día. Sin llegar a los niveles de poderío exhibidos por Carrie, Samantha y compañía, o por Isla Fisher en Compradora compulsiva, lo cierto es que las protagonistas de las ‘pelis para tías’ suelen atenerse a niveles sociales tirando a altos. Incluso la Anne Hathaway de El diablo viste de Prada, con todo lo que se quejaba, era una profesional formada, con el caché suficiente como para trabajar en Vogue (¡perdón! queríamos decir en Runway) y vivir junto a su churri en plena Nueva York, una ciudad donde los alquileres bordean lo asesino. A estas alturas, no vamos a exigir grandes niveles de conciencia social a las comedias románticas de toda la vida, pero agradeceríamos ver en ellos a mujeres de clase media o baja, con trabajos sin glamour y enfrentadas a problemas más terrenales.

Dan falsas esperanzas

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Qué razón tenía el Hada Madrina de Shrek 2 cuando, en su lista de cuentos de hadas, mencionaba a Pretty Woman. La historia de Julia Roberts y Richard Gere (o, como decía otro personaje, “el cuento de ‘Putanieves’ y el príncipe”) rebosaba de un almíbarado idealismo que hacía que La Cenicienta pareciese una de Cronenberg en comparación. Al igual que ella, muchos otros chick flicks se basan en una secreta ambición de muchas, y de muchos: conseguir que ese tío malote con un cuerpo 10 y un corazón aparentemente inconmovible caiga redondo ante ellas. Sólo que, al menos, Pretty Woman tenía la honestidad de mostrarnos a su protagonista prosti pateándose las calles de Hollywood antes de ponerse guapa. Y da igual si, como Bridget Jones, estás sobrada de kilos y en el fondo quien te conviene es el buenazo de Colin Firth, porque (de una manera u otra) acabarás encontrando a tu Príncipe Azul y comerás perdices. Lectoras, respondednos con el corazón en la mano: ¿seríais capaces de aguantar, por ejemplo, al Matthew McConaughey de Cómo perder un chico en 10 días durante más de un fin de semana? Nosotros, la verdad, lo dudamos mucho.

Promueven los estereotipos

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En una comedia ‘femenina’ de reparto coral (como la ya citada ¿Qué les pasa a los hombres? o Uno para todas o The Women) encontrarás un reparto más o menos amplio de personajes femeninos… Que, al fin y a la postre, se resolverán siempre en la misma colección de clichés: la ejecutiva estresada, la chica tímida, la impetuosa que se abre camino a codazos, la adicta a las compras… No son todos los que podemos encontrar, desde luego, pero nos tememos que una lista completa tampoco abarcaría muchos más. Cualquier aficionado al cine sabe que la narrativa obliga a caracterizar, y por tanto a simplificar, pero es que en La boda de mi mejor amiga, por ejemplo, hemos comprobado que crear un elenco de heroínas identificables no requiere que estas sean un surtido de figuritas de cartulina.

Katherine Heigl

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Así de claro lo decimos: una de las peores consecuencias de la moda chick flick ha sido poner de moda a esta ex modelo, y pésima actriz. Vale, en Anatomía de Grey estaba graciosa y solvente, pero un vistazo a su filmografía en pantalla grande nos deja con… Bueno, vamos a decirlo: con 27 vestidos, La cruda realidad y Noche de fin de año. Películas todas ellas que hemos visto, a nuestro pesar, y que casi vienen a representar lo peorcito de esta tendencia en el cine. Parece que la actriz, que ya intentó variar de registro en Lío embarazoso (y que acabó echando pestes del filme), se olió la tostada y en La cazarrecompensas intentó dar un giro a su papel de siempre apostando por una deriva hacia el género policíaco. No funcionó y acabó volviendo a lo de siempre y sin mucho éxito.

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