Guía cinéfila para descubrir a Miles Davis

En 'Miles Ahead', Don Cheadle convierte al legendario trompetista en antihéroe 'gangsta'. Nosotros recordamos la relación entre Davis, su música y el cine

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29 de julio de 2016

“Si vas a contar una historia, cuéntala con actitud”: eso es lo primero que suelta Miles Davis (Don Cheadle) en Miles Aheaduna película donde el actor de The Wire Iron Man III no sólo acepta el riesgo de interpretar a una de las mayores leyendas de la historia del jazz, sino también de dirigir su historia detrás de la cámara. Seguramente por el hecho de que encerrar una figura tan poliédrica en un biopic de toda la vida resulta casi imposible, Cheadle se ha marcado un órdago convirtiendo a Miles en el protagonista de una buddy movie al estilo de los 70: a lo largo de una larga noche neoyorquina, un Davis muy hecho polvo y un periodista (Ewan McGregor) capaz de vender a su madre por un reportaje surcan los bajos fondos de Nueva York en busca de una misteriosa grabación robada.

¿Es la historia de Miles Ahead un sacrilegio? Algunos dirían que sí, pero es probable que a Davis le hubiese gustado. Tratándose de un tipo que sobrevivió a mil y una corrientes musicales (desde el be-bop de su juventud, cuando tocaba junto a Charlie Parker, a las mutaciones rockeras que él mismo ayudó a impulsar), y que gustaba de emplear la palabra “motherfucker” en todo momento y lugar, dudamos que le molestase verse retratado como el gangsta definitivo. Y menos aún en una pantalla de cine, porque, durante su larga carrera (y después de ella) el contacto de su música con el séptimo arte fue tan frecuente como fructífero. Repasar las películas en las que suena la música de Miles no sólo nos permite recordar algunos títulos muy interesantes, sino también ofrecer una guía de escucha con la que cualquiera puede iniciarse en la música de este titán.

Ascensor para el cadalso (Louis Malle, 1958)

La película: El maestro Louis Malle debuta en el cine de ficción con un policíaco muy estiloso y muy francés, con Jeanne Moreau Maurice Ronet como amantes adúlteros y asesinos. Por consejo de Jean-Paul Rappeneau, su ayudante de dirección, el cineasta acude a Davis para que grabe su banda sonora.

La música: Más chulo que un ocho, para variar, y aunque sus estudios de composición le hubiesen permitido escribir una BSO convencional, Davis abordó este trabajo desde una perspectiva totalmente novedosa: tras esbozar unas pocas melodías en su habitación de hotel, hizo que le proyectaran varias escenas de la película mientras su grupo (un quinteto reclutado para la ocasión, con el gran Kenny Clarke como baterista) improvisaba los temas. El experimento le sirvió al músico para ensayar algunas innovaciones que incorporaría en sus discos de los 60, así como para pasar una temporadita a gastos pagados en París, ciudad que siempre le gustó por su buena comida, sus chicas (en años anteriores, Davis había vivido una historia de amor con la cantante Juliette Gréco) y por su buen ambiente jazzístico. Según comenta en su autobiografía, “a los franceses les encanta el jazz, y eso está muy bien, pero a veces se pasan un poco”. 

Lenny (Bob Fosse, 1978)

La película: Con un Dustin Hoffman desatadísimo como protagonista, el autor de Cabaret nos cuenta la vida de Lenny Bruce, el comediante de stand up más polémico de la historia.

La música: Por tratarse de un filme ambientado, en buena medida, durante los 50 y los 60, Fosse usó piezas de un Davis recién coronado como rey del cool jazz. Sin ir más lejos, su versión del Tempus Fugit de Bud Powell permite oírle en comandita con Jay Jay Johnson, trombonista extraordinario, y marcándose unos solos laberínticos que evocan la verborrea de Bruce.

Los fantasmas atacan al jefe (Richard Donner, 1988)

La película: Lo cierto es que la breve carrera como actor de Miles Davis no fue ninguna maravilla. Asimismo, esta película está lejos de ser el mayor triunfo de Bill Murray. Pero, cameo de Davis mediante, Los fantasmas atacan al jefe es el único filme que nos permite ver a ambos genios en el mismo fotograma.

La música: Tras pasar un lustro hecho una ruina humana (ese, precisamente, es el período de su vida en el que se centra Miles Ahead), Davis volvió a agarrar su trompeta para lanzar varios álbumes que, si bien arriesgados, suenan hoy demasiado ochenteros para su propio bien. Esta etapa, eso sí, produjo momentos tan disfrutables como su versión de Time After Time (esa canción de Cyndi Lauper que ha sonado en tantos créditos finales) o esta interpretación callejera del villancico We Three Kings. 

Tacones lejanos (Pedro Almodóvar, 1991)

La película: ¿Cuál es el melodrama más desaforado de Almodóvar? Decirlo resulta difícil, cuando no imposible, pero esta historia de la madre cantante (Marisa Paredes), la hija periodista acusada de asesinato (Victoria Abril) y el juez travesti (Miguel Bosé, luciendo pelucón y taconazo) podría contar como uno de sus mayores logros en el género. Y, aunque la BSO corrió a cargo de un genio como Ryuichi Sakamoto, el manchego no se privó de recurrir a Miles para su banda sonora.

La música: Algunos le amarán por ello, otros le odiarán y unos cuantos dirán que todo es relativo, pero lo que es, es lo que hay: el primer músico de jazz en interesarse por el flamenco y en incorporar elementos jondos en su música fue Miles Davis. Allá por 1960, con la colaboración del arreglista Gil Evans (uno de sus secuaces de cabecera), el trompetista publicó Sketches of Spain, un álbum que incluía versiones de piezas de Joaquín Rodrigo Manuel de Falla, y que se atrevía incluso a abordar palos flamencos como la Saeta o esta Soleá cuyo dramatismo calentorro la resulta de lo más almodovariano. No en vano el cineasta volvería a emplearla en La flor de mi secreto (1995).

En la línea de fuego (Wolfgang Petersen, 1993)

La película: Que el director de El submarino La historia interminable firmó esta película es un hecho incontestable. Pero ¿hubiera recurrido Petersen a la música de Miles Davis si un jazzero de corazón como Clint Eastwood no hubiese protagonizado la película? Dudas aparte, lo cierto es que esta pieza expresa estupendamente el cansancio de un agente secreto a punto de jubilarse, muy harto de todo y con el asesino John Malkovich como archienemigo.

La música: Tal vez no sea el disco más vendido de la historia del jazz (aunque, en 2008, llegó al cuádruple platino) ni el primer álbum en el que apareció el concepto de improvisación modal. Pero Kind of Blue (1959) sí ha sido uno de los mayores triunfos comerciales de la historia del género, y sus estructuras concebidas por Davis y el pianista Bill Evans crearon una revolución al dejarse de complejidades para que los músicos pudiesen improvisar a gusto. Y como dichos músicos eran Davis, Evans, John Coltrane (saxo tenor: un titán), Cannonball Adderley (saxo alto: otro titán), Paul Chambers (bajo) y Wynton Kelly (batería), pues pasó lo que tenía que pasar: que aquello acabó sonando como los ángeles. No en vano Kind of Blue sigue siendo el elepé más popular de Davis, una puerta de entrada inmejorable a los placeres del jazz… y uno de los discos más usados para darle un toque sofisticado a escenas de cine: multitud de películas (Sneakers, Pleasantville) y series (Dexter, The Wire, Mad Men) han recurrido a sus temas.

Collateral (Michael Mann, 2004)

La película: Taxista sin suerte (Jamie Foxx) conoce a asesino a sueldo (Tom Cruise) en la noche de Los Ángeles. El resultado es un recorrido nocturno y urbano durante el cual el taxímetro no para de correr y los cadáveres se apilan en el maletero. Melómano de pro, Michael Mann había recurrido a Miles Davis para un cameo en Corrupción en Miami, y le rindió aquí un bonito homenaje con pregunta trampa incluida. Si quieres vivir, recuerda: Miles nunca llegó a terminar el conservatorio.

La música: Explicar la conmoción que un disco como Bitches Brew (1970) causó en el mundo del jazz, y en el del rock por añadidura, resulta casi imposible en este espacio. Baste decir que el trompetista estaba harto de lo que él percibía como una fosilización del género (“¡Eso lo enseñan ya hasta en las escuelas de música!”, peroraba), con lo que buscó inspiración en James Brown, Sly Stone y ese Jimi Hendrix con quien mantuvo una bonita amistad que se fue al traste por un asunto de cuernos. Así pues, Miles juntó una banda mastodóntica (en la que figuraban talentos como Wayne Shorter, Chick Corea y el guitarrista John McLaughlin, además de dos bajistas y dos baterías) y la puso a improvisar jams salvajes con ritmos soul y funk. Unas cuantas semanas cortando y pegando fragmentos en la mesa de mezclas, y piezas como esta Spanish Key estaban listas para asombrar, o espantar, al público.

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