Grandes hoteles de cine reseñados por nuestros expertos

Opiniones selectas sobre ocho alojamientos de cine que podrían hacerle la competencia a 'El gran hotel Budapest'. Por YAGO GARCÍA

18 de marzo de 2014

Tan exquisito y refinado como siempre, Wes Anderson estrena esta semana en España El gran hotel Budapest. Una película que cuenta con un reparto estelar (Ralph Fiennes, Harvey Keitel, Jude Law, Adrien Brody y, para no variar, Jason Schwartzman y Bill Murray) la cual no sólo promete convertirse en un hito dentro de la filmografía del texano, sino que también agrega un nombre a esas listas de hoteles de cine que tanto nos gustan. Ahora bien: aparte de por su valor mítico, estos establecimientos deberían ser valorados también por su calidad y servicio al huésped. Y, como los lugares de la vida real (el Beverly Wiltshire de Pretty Woman o el Bellaggio de Ocean’s Eleven, sin ir más lejos) ya tienen reseñas de sobra en webs especializadas, nosotros hemos buscado opiniones sobre esos hoteles que sólo aceptan reservas en forma de entrada o de alquiler de dvd. A continuación podéis leer estas reseñas, firmadas además por damas y caballeros que conocen dichos lugares a fondo.

Hotel Overlook (Colorado)

Lo visitamos en… El resplandor (Stanley Kubrick, 1980)

Puntuación: * * * * *

Situado en un marco incomparable, el Overlook es un lugar ideal para encontrarte a ti mismo y estrechar lazos con tu familia. Tal vez el acceso a sus instalaciones resulte un poco complicado en invierno, pero el esfuerzo merece la pena: durante mi estancia no sólo disfruté con el buen trato del personal y el buen ambiente entre los huéspedes, sino que también tuve ocasión de aprender cosas (el Overlook está edificado sobre un antiguo cementerio indio) y de practicar deportes rurales (no sé vosotros, pero yo siempre había querido aprender a manejar un hacha), amén de que la paz y el sosiego resultaron ideales para ejercer mi oficio de escritor. Una pena que no fuese en verano, porque dicen que sus bailes del cuatro de julio son la monda. El único “pero” fue su director, un tipo con barba que no paraba de pelearse (por teléfono) con un tal señor King. En todo caso, la estancia fue una pasada. Si lo visitas y tienes ganas de tomarte una copa, pregunta por Lloyd el barman y dile que vas de mi parte. Jack Torrance (Salem’s Lot, Maine)

Hotel Sedgewick (Nueva York)

Lo visitamos en… Cazafantasmas (Ivan Reitman, 1980)

Puntuación: * *

Dicen que el Sedgewick es uno de los hoteles más lujosos de la Gran Manzana, con un trato impecable al cliente y unas instalaciones de ensueño. ¡Ja! Háganme caso, amigos: yo sé cuatro cosas sobre hoteles de lujo, y les puedo asegurar que eso no hace que alojarse en un sitio así merezca la pena. Al menos no compensa si uno se dedica a las investigaciones paranormales. Cuando me planté en el lugar con mis colegas yo esperaba ver fenómenos interesantes: niñas gemelas que se materializan en los pasillos, señoritas con ropa insinuante levitando sobre las camas, perros y gatos viviendo juntos… Lo normal, vamos. ¿Y qué me encuentro en vez de todo eso? Pues a un bicho verde que se parece a John Belushi y que, en lugar de poseer a la gente o algo así, se hincha a comer de gorra. Para colmo, los minibares de las habitaciones no están a la altura: yo los abrí todos (y además los vacié, en nombre de la ciencia) sin que en ninguno de ellos apareciera una pirámide babilónica rodeada de bichos que gritan “¡Zuul!”. ¡Menudo muermo! Lo peor: la cara que te pone el gerente cuando arrasas su salón de baile con unas pocas descargas protónicas de nada. Pensándolo mejor, olviden que yo he escrito eso. Dr. Peter Venkman (Queens, NY)

 Tangiers Hotel & Casino (Las Vegas)

Lo visitamos en… Casino (Martin Scorsese, 1995)

Puntuación: * * * *

Querido diario: como tú sabes yo soy un tipo nervioso. Muy nervioso. Y, además, no me gusta Las Vegas. Es una de esas ciudades sobre las que debería caer una auténtica lluvia que barriese la escoria de las calles. Pero en mi trabajo me dijeron que eso de ir a todas partes con una Magnum del .44, o con varias, a lo mejor no era sano, y que me convendrían unas vacaciones, así que mi amigo Marty (un gran tipo, este Marty) me consiguió una reserva para el Tangiers. Y tengo que decir que me lo pasé muy bien, principalmente gracias al director: el señor Rothstein es un profesional intachable que cuida de su establecimiento como yo de mi taxi, y que comprueba personalmente que todos los muffins del bufet del desayuno lleven el mismo número de arándanos. Y no sólo eso, sino que además él y yo nos parecemos tanto que todos nos confundían. A veces unos señores vestidos de traje pensaban que yo era él y empezaban a hablarme de cosas de la famiglia, yo les respondía “¿Me estás hablando a mí?” y ellos ponían una cara un poco rara. Por otra parte, el Tangiers está lleno de chicas que rondan las mesas de juego: parecen un poco tristes y necesitadas de un amigo y buenos consejos. Creo que volveré en breve. Travis Bickle (Nueva York)

Fawlty Towers (Torremolinos)

Lo visitamos en… Hotel Fawlty (serie, 1975-1979)

Puntuación: * * *

¡Shalom, amigos! Tras un período particularmente turbulento en mi vida, que me dejó en condiciones físicas deplorables (intentad silbar clavados a una cruz y sabréis lo que os digo), decidí tomarme unas vacaciones junto al mar, con lo que unos conocidos de Londres me recomendaron el establecimiento regentado por el señor Basil Fawlty y su mujer en la Costa del Sol. No negaré que el sitio tiene sus virtudes: en una ciudad tan marcada por la masificación urbanística es un placer encontrarse con un alojamiento así, más parecido a un bed & breakfast británico que a un resort para turismo de masas. Aun así, tampoco está libre de defectos: a lo mejor es porque se parece mucho a un compañero del Frente Popular de Judea con el que nunca me llevé bien, pero el caso es que Mr. Fawlty parece un sujeto propenso a meter la pata con los clientes y que no habla ni papa de español pese a llevar muchos años en el país de los toros y el flamenco. Por otra parte, el camarero se llama Manuel y todo el mundo dice que es de Barcelona, pero yo juraría que más bien es de Cafarnaún, dado su acento. En todo caso, prefiero mirar el lado bueno de la vida: aquí, por lo menos, nadie me confundió con el Mesías, y sólo me persiguieron cuando llegó el momento de pagar la estancia. Brian Cohen (Jerusalén)

Motel Bates (Arizona)

Lo visitamos en… Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960)

Puntuación: * * * * *

¡No puedo creer que este sitio tenga tan pocas reseñas en internet! Acabo de llegar y, la verdad, estoy encantada. Para empezar, está situado en una mansión antigua con mucho encanto. Además, su situación es lo bastante retirada como para garantizarte unos momentos de relax si quieres que el mundo te pierda de vista después de robar un millón de dólares, por ejemplo. Bueno, no es que yo haya robado un millón de dólares, pero sabéis por dónde voy. Ahora bien, lo que más me ha gustado del Motel Bates es su recepcionista: Norman, que así se llama, puede parecer un poco raro al principio con su afición a disecar animales, pero es un chaval encantador que me recibió muy amablemente y que, además, no me soltó eso de que me parezco a Janet Leigh (no es broma, estoy harta de oírlo). En resumen, el sitio mola tanto que deberían convertirlo en una franquicia, y os lo recomiendo de corazón. En fin, voy a darme una ducha que estoy muy cansada… Marion Crane (paradero desconocido)

 Hotel Flealands (Metrópolis, Australia)

Lo visitamos en… Babe, el cerdito en la ciudad (George Miller, 1998)

Puntuación: * * * *

No es por echarme flores, pero además de ser una fashionista de fama mundial, la pequeña moi es una gran amante de las criaturitas peludas. Cuanto más peludas mejor, de hecho. Por eso, puesta a abandonar mi amada Europa para una visita la tierra de los canguros, decidí alojarme en este encantador establecimiento. ¿Por qué razón, os preguntaréis? Pues muy sencillo: ¡está lleno de encantadores animalillos! Aparte del famoso cerdito (del que me disculparéis si no hablo mucho, pero es que ahora mismo no tengo hambre) hay gatos, perros como esa caniche rosa tan especial (fue verla y llenárseme la cabeza de ideas para mi colección primavera-verano) y, sobre todo, una fabulosa familia de chimpancés. En general, las instalaciones no son nada del otro mundo, pero el Flealands es un lugar que adorará cualquier persona de corazón sensible. Sin ir más lejos yo, en cuanto salí, sentí la necesidad de llamar urgentemente a mi peletero. Cruella De Vil (Londres)

Hotel Chevalier (París)

Lo visitamos en… Hotel Chevalier (Wes Anderson, 2007)

Puntuación: *

Las cosas claras: una es una chica muy ajetreada, y cuando las cosas del trabajo la llevan a París no tiene tiempo para paseos para el Sena y para el “Oh la la!”. Lo que le pide el cuerpo, más bien, es un sitio tranquilo donde poner a punto la artillería (no preguntéis o tendré que mataros) y consultar los últimos informes que le ha enviado el brasas de su jefe (será que le pica el parche del ojo) antes de pasar a la acción. Total, que en la oficina de SHIELD me reservan habitación en este sitio diciéndome que, además de céntrico, es un hotel muy exclusivo donde los otros huéspedes no te dan la murga. Pero de lo que no me avisaron fue de que en el cuarto de al lado se alojaba una pareja de pijos en crisis sentimental. ¡Como si no hubiese tenido suficiente con el petardo aquel de la armadura! Por culpa de esas paredes que parecían de papel, me tuve que tragar la selección de pop de los 60 que él ponía a todo volumen, y cuando llego la tía (que, para colmo, parecía una pánfila de mucho cuidado) comenzaron los gemiditos de rigor. Espero que el responsable de este marrón no se pase nunca por Budapest, porque esa es una ciudad que visito muy a menudo: como me lo cruce allí, lo de los Chitauri va a parecer un picnic en Central Park. Natasha Romanoff (Helitransporte, Atlántico Norte)

Hotel Mon Signor (Los Ángeles)




Lo visitamos en… Four Rooms (R. Rodriguez, Q. Tarantino, A. Rockwell, A. Anders, 1995)

Puntuación: * * * 

¿Eres un tío cosmopolita y con clase? Ojo, porque eso no está al alcance de todo el mundo y exige saber cómo pedir un cuarto de libra con queso en Amsterdam… Pues bien: yo lo soy. Y la noche que pasé en el Mon Signor me demostró que ir a un sitio lleno de celebrities no tiene por qué ser la garantía de una noche tranquila, sino que a veces te asegura más bien todo lo contrario. Sobre el servicio, nada que objetar: el botones que me atendió me dio mala espina al principio (parecía uno de esos tíos que se dedican a atracar cafeterías, tú sabes) pero el pobre se portó. Ahora bien, los demás huéspedes no paraban de armar bulla, en especial el tipo ese de la mandíbula enorme que montó un pollo a cuenta de no sé qué dedo cortado y un episodio de Alfred Hitchcock presenta. Y encima no paraba de hablar, el muy puñetero: director de cine tenía que ser. Para colmo, me encontré con una piba muy jamona que se se parecía a la cantante aquella de Like A Virgin. Yo me acerco a ella, le pongo mi mejor cara y ella me pregunta si soy virgen. ¡A mí! En fin, cuando se lo cuente a mi colega Julius no me va a creer. Vincent Vega (Los Ángeles)

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