20 aniversario de ‘Gladiator’: el rodaje más trepidante de la historia del cine

Máximo (Russell Crowe) y Cómodo (Joaquin Phoenix) se enfrentaban en la arena del Coliseo hace dos décadas, ante la atenta mirada del realizador Ridley Scott.

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05 de mayo de 2020

‘HAY QUE SABER CUÁNDO SE ES CONQUISTADO’. En 2001, Gladiator se alzaba con cinco estatuillas doradas, incluida la de mejor película, ante la sorpresa del equipo de la producción. No es de extrañar puesto que el recordado título del célebre realizador Ridley Scott partía de un paupérrimo libreto conformado por tan solo 21 páginas, lo que convertiría el rodaje en uno de los más trepidantes de la historia del cine. Un demente Russell Crowe se montaba en la cuadriga del director, que se había consagrado con títulos como Blade Runner o Alien, el octavo pasajero.

El propio Crowe, una vez embarcado en esta aventura, participó en la creación de los diálogos de forma activa. “Teníamos 21 páginas cuando empezamos a rodar. Un guion normal tiene unas 110. Es la forma más tonta de hacer una película”. Y lo cierto es que esto les funcionó espléndidamente a juzgar por su éxito en los Oscar. “Vaya bala esquivamos”.

Sangre y muerte en el Imperio Romano

La tragedia comenzaba cuando las grabaciones se equipararon al tope de diálogos escritos, lo que hizo que se empezara a improvisar su escritura. Un suicidio para cualquier film.En cierto momento, Ridley tuvo que dar un día libre al equipo porque no sabíamos que íbamos a rodar al día siguiente”. Scott, Crowe y los guionistas tuvieron que ponerse las pilas en la escritura. “Volamos a Marruecos. Se eligieron unas localizaciones, se montaron los sets, estaba todo listo, pero nos quedamos sin páginas”.

Tres guionistas distintos repartidos por todo el mundo (John Logan, William Nicholson y David Franzoni), y un frankestein de guion que, sin embargo, nos regaló a uno de los grandes superhéroes de los últimos tiempos, con perdón de los Vengadores. Un libreto que recibiría la ayuda extra de Scott y Crowe para que Gladiator fuera posible tal cual la conocemos. No sería el único problema crucial al que se enfrentaría la producción. Oliver Reed, que interpretaba a Proximo, fallecía antes de terminar sus líneas. ¡Para una vez que tenían escrito lo que sucedería a continuación! Esto obligaba a que parte de su desenlace tuviera que ser añadido de forma digital (en esto también adelantó al MCU). Más curiosa aún fue la muerte del intérprete británico. Este era un conocido bebedor que cayó fulminado por un ataque de corazón tras una competición con unos marineros, todo mientras el rodaje se encontraba esos días en La Valeta (Malta).

No sabemos si esta muerte es la que inspiró a Scott para asesinar a sus personajes principales (Juego de tronos, chúpate esa), aunque el propio Crowe era desconocedor de que esto sucedería. “Recuerdo que Ridley [Scott] se me acercó y me dijo: ‘Mira, tal y como están desarrollándose las cosas, no veo cómo puedas salir vivo de esta. Este personaje se debe al acto de venganza por su mujer y su hijo; una vez que consigue eso, ¿qué puede quedar para él?”. Algo con lo que el actor estuvo conforme desde el principio: “Tienes razón, ¿qué puede hacer Máximo [después de vengarse]? ¿Monta una puta pizzería en el Coliseo?”.

El emotivo relato histórico se inmiscuía en las tramas familiares, presentando a los enternecedores personajes de Connie Nielsen (Wonder Woman), como Lucilla, y Spencer Treat Clark (Glass), como el joven Lucius. Seguían la senda reiterativa del vástago fallecido del gladiador, Giorgio Cantarini (sí, el niño de La vida es bella), y la exuberante Giannina Facio (El reino de los cielos), como esposa. Y es que nadie olvida la epicidad del discurso del guerrero ante el Coliseo de Roma. “Me llamo Máximo Décimo Meridio, Comandante de los Ejércitos del norte, General de las Legiones Fénix, leal servidor del verdadero emperador Marco Aurelio. Padre de un hijo asesinado, marido de una mujer asesinada y alcanzaré mi venganza en esta vida o la otra”. Una escena que precedería a una singular muerte bajo la lluvia floral, todo tras arrebatar su vida al pérfido y depravado emperador. Grabado a fuego en nuestras retinas.

Phoenix, el emperador más recordado

Gladiator consiguió doce candidaturas en los Oscar de 2001, alzándose con cinco de ellas a mejor actor protagonista (Rusell Crowe), el sonido, los mejores efectos especiales, el diseño de vestuario y la película del año. Heredera de los grandes títulos del pasado hollywoodiense acerca del Imperio Romano, Gladiator conseguiría rememorar la gloria de títulos como Ben Hur, Quo Vadis, Calígula o Espartaco, con una clara inspiración adquirida a través de La caída del Imperio Romano. Conseguía así sembrar una nueva senda de títulos basados en la Roma antigua, donde el heroismo mágico era protagonista, y que haría que títulos como la 300 de Zack Snyder (2007) continuaran este trayecto.

El neurótico y estrafalario emperador Cómodo coronaba a Joquin Phoenix como uno de los mejores actores de su generación, pese a la injusticia acometida por la Academia al entregar este premio al Benicio del Toro de Traffic. Un hecho que no pasaría desapercibido por el público, y que el propio Crowe citaría el pasado febrero con motivo (por fin) de la entrega del Oscar a Phoenix por Joker. “Han pasado casi 20 años desde que debiste ganar con ese sarpullido que fue tu interpretación de Cómodo. Tantos grandes personajes a lo largo de los años”. ¿Estamos a tiempo de recurrir ante el tribunal cinéfilo?

Venganza en la arena

Sica, gálea y parma preparados, y el público se alza en jauría contra los luchadores. Cabe destacar que Crowe se enfrentó de verdad a los animales del circo romano, ya que estos no estaban creados por efectos especiales como muchos creían. Los cuidadores de los leones y tigres tenían que estar presentes en todo momento para evitar que el asunto se descontrolara. Un reflejo de la lucha real de los gladiadores en la arena, donde algunos combatientes de forma voluntaria y otros condenados a muerte debían enfrentarse entre ellos a vida o muerte. No se puede decir que Crowe no lo diera todo, y es que hasta en una de las escenas a caballo este chocó contra un árbol, por lo que sus heridas en plena secuencia eran reales.

Sin embargo, muchos son los que a día de hoy siguen criticando el título por su inexactitud histórica. La readaptación de la vida de Marco Aurelio (Richard Harris), y su embellecimiento para mostrarle más humano y cercano a la población, levantaba ampollas entre los cinéfilos historiadores. Hay que recordar que en verdad el alto mando romano apoyaba los juegos en el Coliseo y postergó como todos sus antecesores la expresión panem et circenses, sin plantearse siquiera algo diferente. De igual forma, los anacronismos de Gladiator (con gazapo de un miembro del equipo en vaqueros en plano), las florituras en los hechos narrados, y la fuerte diferencia paternofilial en el poder, exasperaron a muchos. Aunque en este caso el film era mostrado con tanto tino y valentía que más valía acudir al principio de suspensión de la realidad, y es que realizadores como Hitchcock ya criticaron en su momento la necesidad descomedida de cierta parte del público y la crítica para buscar la verosimilitud constantemente.

Ecos de eternidad

Gran parte del imaginario mágico del título surgía de la banda sonora compuesta por el eterno Hans Zimmer. Con una melodía entonada por Czarina Russel, el compositor creó una obra maestra a través de canciones como The Wheat, The Battle, Elysium o Now We Are Free, que aún a día de hoy siguen siendo muy recordadas por todos los espectadores. Es difícil no recordar el reencuentro de Máximo junto a su familia tras la muerte, con el telón de fondo de la banda sonora.

Las décadas se suceden una tras otra, y lo que queda claro es que Gladiator (le pese a quien le pese) se ha convertido ya en un clásico del cine. Las desventuras del gladiador en la arena del circo romano han pasado a la posterioridad como influjo para las producciones venideras. Porque como bien decía el título, ‘lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad’. Y el título de Scott reverbera más fuerte que nunca entre las columnas del foro romano. Más vivo que nunca.

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