Galería arriba, galería abajo: cuando el cine te lleva de museos

Si 'Francofonia' sirve como guía del Louvre (con o sin nazis), estas películas nos llevaron de paseo por otros templos del arte.

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03 de junio de 2016

Decir que a Alexandr Sokurov le gustan los museos es un eufemismo como un piano: al director ruso, estos edificios consagrados al arte le gustan más que un plano secuencia (eso, creednos, es decir muchísimo), y siempre está dispuesto a retratarlos mediante películas que no son ni ficciones, ni documentales, sino todo lo contrario. Así, tras la tremenda El arca rusa (sobre el Hermitage de San Petersburgo), Sokurov se ha ido a París para rodar Francofonia (así, sin tilde), filme en el que narra la incómoda historia de cómo algunos militares nazis ayudaron a conservar los fondos del Louvre durante la II Guerra Mundial. Nosotros os ofrecemos otros ejemplos de películas que han ambientado sus historias en auténticos museos, mostrando su valioso contenido. Y, recordad: la salida está en la tienda de regalos.

Museo de arte de Philadelphia

Lo visitamos en… Vestida para matar (Brian De Palma, 1980)

Destaca por…  Fundado con ocasión del centenario de la independencia de EE UU (1876), este museo posee unos nutridos fondos que hay espacio tanto para la Europa clásica como para las vanguardias (hay obras de Picasso, Marcel Duchamp Brâncusi, entre otros), albergando además la colección Von Kienbusch de armaduras. Según nos enseñó De Palma, además, viene muy bien para el ligoteo subrepticio, siempre que el o la visitante tenga una percha comparable a la de Angie Dickinson y pocos escrúpulos a la hora de rematar la faena en un taxi.

Art Institute of Chicago

Lo visitamos en… Todo en un día (John Hughes, 1986)

Destaca por… Con su colección de arte impresionista (una de las más importantes del mundo), este edificio situado junto al Grand Park de la ciudad de Illinois era el refugio de un joven John Hughes, que iba a recorrer sus galerías buscando inspiración en las obras de Monet, Renoir, Cézanne y, especialmente, ese Georges Seurat cuya Tarde de domingo en la isla de la Grand Jette nos hace escuchar a The Smiths cada vez que lo observamos detenidamente. Por otra parte, el Art Institute es el hogar de otro filme con gran valor cinéfilo: Nighthawks, de Edward Hopper, así como de obras de Kandinski. 

Museo Legion of Honor

Lo visitamos en… Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958)

Destaca por… Uno de los lugares más emblemáticos de San Francisco, posee una colección tirando a discreta, pero interesante, en la que hay hueco para los consabidos pintores impresionistas, varias reproducciones de esculturas de Auguste Rodin y una colección de arte contemporáneo en la que se incluyen obras de un autor tan poco museístico como Robert Crumb. Eso sí: por más que hemos insistido, sus responsables no han sabido indicarnos en cuál de sus galerías se halla el retrato de Carlota Valdés. Habrá que ser James Stewart para averigüarlo.

Berkeley Museum

Lo visitamos en… Sueños de un seductor (Herbert Ross, 1969)

Destaca por… En esta película, basada en su propia obra de teatro, Woody Allen cambió a su amada Nueva York por San Francisco. Y, dado lo mucho que el de Manhattan detesta California, este lugar debió de ser como un oasis para él: el edificio no sólo alberga una gran colección de arte contemporáneo, sino también la filmoteca de la Universidad de California – Berkeley, por aquel entonces un foco de intelectualidad subversiva y psicodélica. En suma, un lugar ideal para pegar la hebra con una chica mientras se admiran los cuadros de Mark Rothko, Juan Gris o ese Jackson Pollock que tan alegres pensamientos le inspiraba al presunto ligue de Woody. Recuerda: si ella planea suicidarse el sábado, pídele salir el viernes por la noche.

Kunsthistorisches Museum

Lo visitamos en… Museum Hours (Jem Cohen, 2012)

Destaca por… ¿Cansados de museos estadounidenses y de sus colecciones reunidas a golpe de talonario? Pues aquí tenemos el remedio perfecto: sito en Viena, e inaugurado por el emperador Francisco José I en 1891, el Kunsthistorisches atesora muchas joyas artísticas de la corte de los Habsburgo, incluyendo piezas de Rafael, Caravaggio, Velázquez Pieter Brueghel el Viejo. Por otra parte, sus instalaciones han sido el escenario de varios robos de arte bastante sonados, y también pueden ser el lugar perfecto para que una turista (Mary Margaret O’Hara) y un enigmático vigilante (Bobby Sommer) vivan uno de esos idilios de cine con las horas contadas.

La Piscine

Lo visitamos en… Tres recuerdos de mi juventud (Arnaud Desplechin, 2015)

Destaca por… Su nombre oficial es Museo de Arte e Industria André-Diligent, pero nadie se molesta en  utilizarlo: este centro de exposiciones, situado en la ciudad de Roubaix (en el norte de Francia), está alojado en una antigua piscina, la cual sirve como espinazo de su galería principal. Aunque su colección no es para tirar cohetes, el esplendor de su arquitectura modernista y sus interesantes fondos de artes decorativas compensan esto sobradamente. Y, como descubre el espabilado de Paul Dédalus (álter ego del director) también se presta mucho al requiebro de mozas.

Museo del Louvre

Lo visitamos en… Banda aparte (Jean-Luc Godard, 1964)

Destaca por… A Godard, iconoclasta como siempre, se le daba un ardite que el Louvre ocupe un palacio que fue residencia real durante cuatro siglos, hasta que Luis XIV decidió mudarse a Versalles. Tampoco le importaba mucho que sus mastodónticos fondos abarquen desde las antigüedades egipcias, griegas y romanas (con piezas como la Venus de Milo o el Escriba sentado) hasta los clásicos de la pintura renacentista (la Gioconda de Leonardo DaVinci, siempre parapetada tras una barrera infranqueable de turistas) e innumerables maestros franceses. A él, lo que le importaba era hacer que su trío protagonista (Anna Karina, Claude Brasseur, Sami Frey) batiese el récord mundial de velocidad al cruzar los salones del museo. Y lo logró: 9 minutos y 43 segundos, exactamente.

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