¿De dónde han salido los elementales de ‘Frozen II’?

Las criaturas que Anna y Elsa encuentran en su nuevo viaje tienen mucha historia y mucha mitología detrás, de Grecia a Escandinavia.

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25 de noviembre de 2019

A la hora de llegar a los cines, Frozen II tenía por delante un desafío considerable. La película de Chris Buck Jennifer Lee no solo aspiraba a conquistar a una generación de niños que se aprendieron en Let It Go delante de la tele, sino también a aquella chavalada que fue a ver Frozen con 10 añitos y ahora va para los 16. A juzgar por sus cifras, la secuela lo ha logrado. Y, en buena parte, eso se debe a un guion que expande sus miras desde el cuento de hadas a la fantasía pura y dura.

No es que, de golpe y porrazo, Elsa y Anna se hayan convertido en una hechicera dungeonita y una paladín (alineamiento legal bueno, nivel 5). Pero algo de eso hay, y la cosmología de Frozen II lo deja muy claro. Para empezar, tanto si ya la has visto como si no, seguro que hay cuatro criaturas que han llamado tu atención.

Como ya sabrás, este precioso diseño de producción contiene a cuatro criaturas de gran importancia en Frozen II: se trata de los espíritus elementales, misteriosos entes con los que Elsa y Anna se encuentran durante su viaje a las fronteras de Arendelle. Los bichejos, correspondientes al fuego, el agua, la tierra y el aire, suponen el vínculo más directo de la película con ese tono chamánico, mistérico incluso, que la envuelve desde su principio hasta su final.

Y, como por aquí la mitología nos gusta más que a un monstruo gigante de hielo una diadema con brilli brilli, te explicamos las fuentes usadas por Buck y Lee para su creación.

Bruni (fuego)

Este reptil tan cuqui, seguramente la mejor apuesta de Frozen II a la hora de vender peluches, parece una lagartija, pero en realidad es una salamandra. Ahora bien: no le adjudiques parentesco con esas criaturas que trepan por tu pared en verano y a las que tu abuela sigue llamando “salamanquesas”.

La aparición de Bruni en la película se atiene a la tradición según la cual las salamandras son criaturas mágicas asociadas al fuego. Desde Aristóteles Paracelso, muchos sabios de la antiguedad realizaron esta conexión debido a factores que (entonces) resultaban inexplicables. Entre ellos, el hecho de que las salamandras de la vida real se mantuvieran siempre frías y húmedas al tacto. O, también, que surgieran ‘prodigiosamente’ de las hogueras: en realidad, los pobres bichos salían escopetados de los leños donde se habían ocultado para hibernar cuando estos ardían en la chimenea.

Gale (aire)

Inquieta y peligrosa, pero con buen fondo (atmosférico), la criatura más esquiva de Frozen II solo da indicios de su presencia cuando crea remolinos de hojas. Aun así, hemos podido identificarla como una sílfide, un espíritu alquímico asociado al aire.

Allá por el siglo XVI, Paracelso acuñó la palabra “silfo” para referirse a las encarnaciones del aire. Claro que Gale no se adecúa demasiado a las descripciones del médico y brujo, ya que según estas los silfos son criaturas humanoides. Con el tiempo, y tras precedentes como el Ariel de Shakespeare en La tempestad, la invención de Paracelso llegó al acerbo popular, que prefirió la forma femenina de estas criaturas adjudicándole el estándar “señorita de buen ver con alas de mariposa”.

Nokk (agua)

El origen de Nokk está bastante lejos de las fuentes que hemos manejado hasta ahora. Su parentesco con las ondinas de la alquimia y la mitología clásica es muy cuestionable, así que debemos irnos a otras latitudes. Latitudes norteñas, de hecho, porque su origen está en las mitologías germánica y celta.

El nombre de este proviene del de unas criaturas llamadas  “Nix” en Alemania y “Nøck” en Suecia. Se las asocia con el agua, tienen poderes metamórficos y conviene tener cuidado con ellas, puesto que usan su música para atraer a humanos incautos. En forma y temperamento, eso sí, Nokk se parece más a Enbarr Crin Flotante, el caballo de la deidad irlandesa Manannan mac Llir. Como corresponde a la montura de un dios del mar, Enbarr puede galopar a velocidad absurda tanto sobre el mar como sobre la tierra.

Los gigantes (tierra)

Es verdad que la mitología griega nos ofrece figuras como Anteo, el gigante que conservaba su superfuerza siempre que mantuviese los pies en el suelo. Pero para obtener la asociación más patente entre los señores de estatura monstruosa y el elemento tierra debemos acercarnos a la mitología nórdica.

Así, junto a Odín, Loki, Utgard-Loki, Heimdall y demás, los mitos escandinavos tienen un lugar para los “jötunn”, criaturas asociadas con lo subterráneo que moran en Jötunheimr (uno de los nueve mundos sostenidos por el fresno Ygdrassil) y se llevan a matar con los dioses asgardianos. Lo divertido del caso es que, si bien los jötunn no eran necesariamente gigantes, las interpretaciones de sus mitos posteriores a la cristianización de Escandinavia los han tomado como tales, algo que pasó a la obra de J. R. R. Tolkien (que menciona en El hobbit a los “gigantes de piedra”) y de ahí a todo el cosmos de la fantasía épica, Dungeons & Dragons y demás.

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